Magnus Norman: el hombre que 'paró' a Nadal

Considerado uno de los mejores entrenadores del mundo, con Soderling y Wawrinka consiguió derrotar a Rafa en dos eventos del Grand Slam

Magnus Norman está siendo uno de los protagonistas de los últimos años. Mencionado en toda web especializada en este deporte, su nombre despierta admiración ante el enorme trabajo que está llevando a cabo. Pero Magnus Norman hace casi diez años que dejó la práctica del tenis profesional, cuando un 20 de noviembre de 2004, y en el puesto 500 de la ATP, decidió abandonar su día a día como tenista y terminar una carrera profesional que emparentándola con su periplo como preparador, es realmente curiosa por su semejanza. Muchísimo.

Desde que Larry Stefanki, extraordinario preparador que llevó a Marcelo Ríos, Yevgeny Kafelnikov, Fernando González o Andy Roddick a una final de Grand Slam bajo su mando, es el técnico sueco quien toma el relevo para lograr algo realmente sobresaliente: lograr, con dos tenistas diferentes, alcanzar una final de major y el mejor rendimiento deportivo de sus púpilos. Tanto Robin Soderling como Stanislas Wawrinka han sufrido una transformación vital, física y deportiva de la mano del exnúmero 2 del mundo (junio de 2000). El hecho más relevante, que toma altura específica como puntos de inflexión, es que ambos jugadores, entrenados por Norman, consiguieron derrotar a Rafael Nadal en Grand Slam –octavos de final de Roland Garros 2009 y final del Australian Open 2014-.

Ante todo hay que repasar al Norman jugador para comprender el éxito, su relevancia y ciertos paralelismos que seguramente no sean casuales en su posterior etapa como entrenador. Nos detenemos en comparar su carrera como profesional y la de su primer pupilo en el más alto nivel, el sueco y compatriota Robin Soderling.

Destacó siempre en Magnus Norman un característico entramado táctico como jugador. Sin un golpe definitivo que articulara su sistema de juego, su tenis cerebral y rítmico, y su adaptación extraordinaria a la tierra batida, le hacían un notable jugador en los intercambios largos, con una marcada cultura táctica y constructiva. Curiosamente, Norman, a lo largo de su carrera siempre se paseó por el top-30 -rondando el top-20- del circuito ATP. Un jugador regular pero sin las capacidades diferenciales suficientes para asaltar las cumbres más altas. Hasta llegar a 1999.

Algún año antes de cumplirse diez años desde aquella época, rondando los años 2007 y 2008, Robin Soderling se codeaba con el mismo estatus que su compatriota. El gigante sueco se mostraba como un jugador de potencial acotado, de carácter frío y disperso, con lagunas de concentración y caracterizado por jugar ‘a tiros’, apoyándose en el servicio, con cierta carencia de aristas en su juego y de personalidad influyente en el aficionado. Un juego en tierra de nadie.

En 1999, Norman entra en una escalada fulgurante, que le lleva a traspasar el top-20 e ir ganando altura competitiva, pasando del 22 al puesto 15, para terminar en el 11 a finales de 1999. Para el año 2000 estrena condición de top ten, que no abandonaría hasta ya bien entrado el 2001. En ese período continua su progresión en confianza y posición, llegando a ser 5, 4 y finalmente número 2 del mundo, tras alcanzar la final de Roland Garros en el año 2000, derrotado por la supernova del ladrillo, el brasileño Gustavo ´Guga´Kuerten.

Por su parte, Robin Soderling pareció repetir, casi hasta el extremo, la carrera del cerebro escandinavo, heredero de esa manera de interpretar el tenis de los Borg o Wilander: percutores, dinámicos e incesantes. Y fríos emocionalmente. Soderling, decíamos, realiza una escalada muy pareja, llegando al top-5 del ranking en base a un juego más potente, fiable y ordenado, mejorado en movilidad, en hábitos –famoso se hizo el bikram, una practica del yoga a altísimas temperaturas- y en confianza y seguridad en sus posibilidades. Durante dos años, 2009 y 2010, Soderling alcanza la final de Roland Garros, con su swing larguísimo y su ritmo de pelota descomunal. Norman se veía a sí mismo en Robin.

De igual modo, si trazamos un paralelismo entre las decisivas derrotas de Nadal ante sus pupilos y el rendimiento de Norman ante tenistas españoles, también encontramos cierta casualidad. Por sus características y las de la escuela española, la arcilla es parte fundamental en la comprensión de aquella época –especialistas- y las posibles rivalidades entre sueco y españoles. Así, extrayendo una muestra de ‘cara a cara’ con coetáneos de Magnus encontramos los siguiente:

Norman 3-1 Carlos Costa

Norman 2-2 Corretja

Norman 2-3 Moyá (2-2 en arcilla)

Norman 3-0 Bruguera

Norman 1-0 Berasategui

Norman 0-4 Albert Costa (0-1 en arcilla)

Un ‘cara a cara’ siempre ha de contextualizarse, teniendo en cuenta generaciones, estados de forma, habilidades de cada jugador. Pero ello da una idea sobre las características de Magnus como jugador y de cómo ha sabido extrapolar su espíritu en sus jugadores.

Hasta que llegamos a Stanislas Wawrinka, con el que está repitiendo ascenso y sensaciones; haciendo del jugador suizo un tenista firme, estable e increíblemente táctico, aspecto en el que radica la marca de agua del proceder y manual estratégico de Norman.

Wawrinka, al igual que Soderling, pecaba de cierto aire derrotista y nostálgico, con un carácter proclive a imbuirse en el pesar de la derrota, vagando por la pista sin un objetivo real de creer en llegar a la élite del top-ten. Con Stan, Norman ha acometido un trabajo del todo menos periférico, yendo al núcleo vital del jugador, desarrollando una nueva mentalidad, disposición y preparación física, derivando todo ello en un jugador con múltiples soluciones. Más potente, con mejor drive, con progresiva mejora en toma de decisiones y arrojo en momentos importantes, el 'primer final' –de andadura aún abierta- de Norman y Stan llega en Australia 2014, donde aborda a un Nadal que si bien termina lesionado, maneja con inteligencia y valentía en la primera manga.

Norman, que es parte de la Academia Good to Great, en compañía de Mikael Tillstrom y Niklas Kulti, es el triunfo de un tipo que tiene la psicología perfecta para hacer mejores a los jugadores. Ttan sencillo como comprobar las trayectorias previas y posteriores sus dos entrenados.

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