¿Sería Nadal el mejor tenista de la historia, de no ser por las lesiones?

Pese a cantidad de lastres físicos sufridos, el balear cuenta con uno de los currículos más potentes de todos los tiempos del universo.

Una inoportuna lesión de espalda impidió a Rafael Nadal pelear de tú a tú con Stanislas Wawrinka por el que pudiera haber sido su décimo cuarto título de Grand Slam, igualando así al mítico Pete Sampras, presente en la final y que entregó la copa al campeón. No es la primera vez que los problemas físicos se ceban con el español y, por eso, nos planteamos una pregunta… ¿le han impedido, hasta ahora, convertirse en el mejor jugador de la historia?

Su forma de jugar le ha llevado a exigir al límite a su cuerpo. Esta vez fue la espalda pero, principalmente, han sido sus rodillas las que han sufrido la extraordinaria intensidad de su desempeño sobre la cancha. Por desgracia, durante demasiado tiempo, Nadal fue noticia por el maltrecho estado de sus tendones rotulianos y no por sus éxitos deportivos.

¿Qué han significado las lesiones en la carrera del número uno? Veamos, a grandes rasgos:

En 2006, una inflamación en el pie izquierdo le impide jugar el Open de Australia.

En 2009, la tendinitis en ambas rodillas condiciona su rendimiento en Roland Garros y le imposibilita para jugar Wimbledon.

En 2010, de nuevo las rodillas le obligan a retirarse ante Andy Murray en los cuartos de final de Melbourne.

La maldición australiana continúa en 2011. Una rotura fibrilar en los isquiotibiales le merma considerablemente y acaba cediendo ante David Ferrer en octavos de final.

En 2012, tras caer ante Rosol en Wimbledon, decide parar durante siete meses para tratarse el denominado Síndrome de Hoffa, una inflamación del tejido graso situado bajo el tendón rotuliano.

Estos han sido los principales problemas, pero no los únicos. El dolor forma parte de la vida deportiva de Rafa desde el comienzo de su carrera, como él mismo ha manifestado en multitud de ocasiones. Aprendió a soportarlo y a sobrellevarlo.

A pesar de todas estas dificultades, el mallorquín atesora un palmarés envidiable: 13 títulos de Grand Slam, 26 Masters 1000, 14 ATP 500, 7 ATP 250, una medalla de oro olímpica y 4 Copas Davis; 117 semanas al frente del ranking ATP y 233 como número dos mundial. Se dice pronto.

Es imposible saberlo, nos adentramos en el terreno de la hipótesis, pero si las lesiones le hubieran respetado un poquito más, probablemente esos números se quedarían muy cortos y podríamos estar hablando, siempre en términos estadísticos, del mejor de la historia. O no, porque decidir quién merece esa condición no está exento de dificultades.

Seguramente, ninguno de nosotros vio jugar jamás a Don Budge, el primer tenista de la historia en completar el Grand Slam, es decir, en ganar los cuatro grandes en el mismo año. La mayoría, tampoco habrá disfrutado el juego de Rod Laver, el único que lo consiguió en dos ocasiones, la última de ellas ya en la Era Open. Ni tampoco del de Ken Rosewall, que estuvo durante 20 años ganando torneos grandes.

Comparar a estos jugadores con los Federer, Nadal y compañía, se antoja prácticamente imposible. Los cambios en las condiciones de juego, en los materiales, en las superficies, en el físico de los propios jugadores, son tan abismales que hacerlo sería una osadía.

Si nos ceñimos solo a los números, parece que Roger Federer sería digno merecedor de la condición de mejor de la historia: 17 títulos de Grand Slam, dos medallas olímpicas (oro en dobles, plata en individual) y 302 semanas comandando la clasificación de la ATP. Sampras, otro de los más grandes, estuvo 286 semanas en lo más alto y dominó en 14 Slams.

Hasta qué punto es difícil decidir sobre esta cuestión que, hace tres años, el investigador de la Northwestern University, Filippo Radicchi, ideó un algoritmo similar al utilizado por Google para indexar páginas web, que tenía en cuenta hasta 200 parámetros distintos para establecer quién era el mejor tenista de la historia. Según su análisis, el mejor sería Jimmy Connors, seguido de Lendl, McEnroe, Vilas y Agassi. Federer estaría en la séptima posición y Nadal en la vigésimo primera (no olvidemos que hablamos del año 2011, no de la actualidad).

Podemos rizar el rizo aún más. Andre Agassi, voz autorizada en esto del tenis, se manifestaba sobre el tema hace unos meses, y lo hacía de forma elocuente:

" Si Nadal se sienta en una mesa con Federer, y Federer dice 'yo soy el mejor de siempre', mi pregunta (desde la posición de Nadal) sería: ¿y cómo es que no me batiste? Te he derrotado el doble de las veces que tú lo has hecho conmigo y, por cierto, lo he ganado todo. Incluyendo el oro olímpico y la Copa Davis"

Y es que Rafa domina el h2h a todos sus rivales directos y puede decir que ha ganado torneos sobre todas las superficies. Su talón de Aquiles sigue siendo la pista dura bajo techo y se le resiste el Torneo de Maestros que pone fin a cada temporada, aunque ha logrado alcanzar la final en dos ocasiones. Sin embargo, es el mejor de largo sobre la tierra batida que se le atragantó sobremanera a Sampras y Connors, que jamás lograron triunfar en Roland Garros, o al propio Federer, que lo consiguió en 2009, beneficiándose de la derrota del español ante Soderling en los octavos de final. Aquel año, además de las rodillas, los problemas familiares mantuvieron al mallorquín alejado de su mejor nivel durante buena parte de la temporada.

¿Qué opináis vosotros? ¿Podría haber igualado ya Nadal los números de Sampras o Federer a estas alturas, si las lesiones le hubieran dejado? ¿Lo conseguirá algún día? ¿Los superará? ¿Completará el Grand Slam en un mismo año? El debate está abierto.

Por Fernando Arribas

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