Cibulkova sigue en su cuento de hadas

La eslovaca frenó con absoluta contundencia a Agnieszka Radwanska y jugará su primer final de Grand Slam

Dominika Cibulkova saca de la pista a Agnieszka Radwanska (6-1, 6-2) y se clasifica para su primera final en un grande. La jugadora eslovaca dio un recital que la polaca no supo frenar.

Con 24 años, Dominika Cibulkova y Agnieszka Radwanska ya han probado la dureza de la élite mundial, la extrema dificultad de ser la mejor de las mejores. Son conscientes de que muy pocos trenes llevan a la gloria eterna que supone ganar uno de los cuatro grandes.

Ninguna de ellas aparecía en Melbourne en el escaparate de favoritas al título. Radwanska, número 5 mundial, nunca había superado los cuartos de final en un grande sobre pista dura. Cibulkova, la número 24 del mundo, no había ido más allá de la tercera ronda de un major en el último año y medio. Sin embargo, Agnieszka y Dominika cruzan sus miradas en una semifinal. Han derrotado a dos gigantes del tenis femenino (Victoria Azarenka y Maria Sharapova) para ser ellas las grandes en Australia. Los precedentes favorecen a la jugadora polaca (5-1), pero la trayectoria de la eslovaca en el torneo invita a menospreciar la estadística.

Radwanska, con un juego pausado capaz de desquiciar a Azarenka hace 24 horas, no afina el cordaje de su violín en los primeros intercambios. Cibulkova le da un baño de intensidad y su agresividad al resto supera a la polaca.

El servicio de la menuda jugadora eslovaca (1.61 m.) permite a Radwanska programar cada punto, pero Agnieszka no manda con el resto. Cibulkova combina los ángulos con la potencia, moviendo a su rival de un lado a otro de la pista. Apenas comete errores, sus golpes tienen profundidad y la rapidez de sus movimientos laterales anula cualquier intento de Radwanska de dominar desde el fondo. El ritmo de su juego supera a la polaca, incapaz de mostrar su repertorio tenístico.

La eslovaca da el primer golpe (2-0), pero una serie de errores amenazan con frenar su buen arranque. Sin embargo, Cibulkova escapa de cinco puntos de break con una determinación nadalesca. Su raqueta decide el devenir del partido. Nada cambia con el paso de los minutos. Esta vez, Radwanska no tiene respuesta. A pesar del 75 por ciento de acierto con su primer saque, Cibulkova la devora y crece sin parar en el Rod Laver Arena. La velocidad endiablada de sus piernas es la misma que lleva con su raqueta. Así rubrica un set de ensueño (6-1).

El descanso en la silla y la perspectiva de empezar otra manga desde cero no alteran el guión. La jugadora eslovaca gana ocho puntos consecutivamente. La seda de la muñeca de Radwanska es inútil porque Cibulkova la corta con feroces raquetazos y el dinamismo de sus piernas. La jugadora eslovaca exhibe un tren inferior de alta velocidad.

Agnieszka entiende que su conservadurismo es una condena a la derrota ante una jugadora inspirada. Dos restos agresivos le conceden un 0-40 al resto, pero Cibulkova se levanta. La polaca es incapaz de convertir alguna de sus ocho oportunidades de break. Con la misma convicción, la eslovaca domina tanto de derecha como de revés. Además, su resto fulmina el débil segundo saque de Radwanska, con una velocidad media de 111 kilómetros por hora. Con 4-0 a su favor, Dominika llama a las puertas de la final.

En ese momento, muestra su versión más errática y cede su servicio por primera vez. Parece sentir miedo a lo desconocido, a la final de un grande, a un lugar que siempre ha visto desde la distancia. Radwanska amenaza con entrar en el partido, pero no tiene continuidad. Cibulkova se recupera, golpea su pecho para espantar sus miedos, para creer que va a superar esa barrera imaginaria. Su tenis hace el resto y finiquita a su contrincante (6-1, 6-2). Dominika tira la raqueta al aire, se deja caer al suelo, llora de emoción como hacen las nóveles. Sigue en su cuento de hadas. Que tenga un final feliz dependerá de ella y de Na Li.

Por Juan Manuel Muñoz

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