El adiós de Carla Suárez en Melbourne

La canaria, lesionada en su pierna derecha, se despide en tercera ronda del primer Grand Slam de la temporada

Es la evidencia de una mujer impedida. Cuando Carla Suárez cae eliminada del Australian Open a manos de la eslovaca Cibulkova, lo hace adherida a un abanico de remiendos. El abultado resultado (1-6 0-6) ante Dominika vuelve a subrayar, como sucedió ante Kanepi en Brisbane y más tarde ante Kerber en Sidney, la distancia que separa el estado actual de la canaria del nivel deportivo de élite.

A la cirugía de codo que lastró su preparación para el arranque de curso, se unió una lesión en el psoas de su pierna derecha. Una circunstancia que le forzó a recibir asistencia médica el miércoles, darse de baja en el cuadro de dobles el jueves, y competir bajo mínimos el viernes. Quirófano hace un mes, maratón en la piernas hace horas y fuego al otro lado de la red, conformaron un cóctel venenoso. Orgullo y pundonor pueden ser suficientes ante rivales de tercera línea. Perfiles del calibre de Cibulkova, toda una top25 y múltiple cuartofinalista de Grand Slam, precisan un tono físico óptimo para ejercer réplica. Y eso, a día de hoy, la canaria no puede garantizarlo.

Las tres horas de partido a pleno sol ante Voskoboeva cayeron a plomo desde el primer impacto, floreciendo una versión nula de Suárez, con aparente aceptación de incapacidad de solución en el partido. Una muesca de actitud, pequeño impás, en un terreno mejorado: mentalidad. Un tren inferior tocado y una rival con desmedida agresividad ofrecían una ecuación cristalina: Carla por detrás del ritmo de bola que requería el encuentro. Sobre el revés, recurso de variedad, apenas margen para devolver bolas cortadas. Sobre la derecha, principal fuente de ángulos, múltiples miradas al tendido viendo tomar tierra una y otra esfera.

Enfrentada a la tenista de menor envergadura del top100 Suárez, un primor en apertura de pista, fue capaz de colocar apenas dos golpes ganadores en todo el encuentro. Su capacidad para cambiar el ritmo de los rallies, impensable tener buena posición con intercambio en marcha, pasaba por obtener contundencia en el primer tiro. Con el codo afectado, un plomo en el servicio, cualquier opción de obtenerlo quedaba anulada. Erosionada en ambos trenes, optar así al encuentro era casi una utopía.

Cibulkova vio la herida y se encargó de abrir la brecha. Una veintena de tiros ganadores brotaron de su raqueta. Hábil en la lectura física del encuentro, movió de pasillo a pasillo y trajo en numerosas ocasiones a la red a la canaria. Llegando tarde y con escasa sombra a cernir sobre la cinta, un caramelo para perforar con passing shots. Lejos del ritmo que exige la élite, se diluyó la canaria en imprecisiones, disparando hasta diez errores por cada acierto.

Cierra Carla su primera gira del año con luces y sombras. Se observa una mujer con renovada capacidad de sufrimiento, aceptando el dolor como parte del camino. Con todos los lastres mencionados, cuartos de final en Sidney y segunda semana de Melbourne a un paso, el balance no puede ser negativo. Viendo la altura de los objetivos, evidentemente el botín queda corto. Se intuye un físico muy necesitado de remiendo. Y el circuito, brutal seleccionador natural, apenas otorga respiro.

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