Milos Raonic

El jugador canadiense Milos Raonic ha alcanzado con 22 años su mejor posición en el ranking en el 2013 a pesar de su irregularidad

El espigado jugador canadiense ha alcanzado con 22 años su mejor posición en el escalafón. Comenzaba la temporada en el puesto número 13 y la concluye en el número 11, rozando el top 10, que sí logro pisar efímeramente en el mes de agosto.

La irregularidad ha presidido su caminar por el circuito en este 2013 que está a punto de concluir. Tras un comienzo de año un tanto pobre, alcanzó su mejor momento de juego en su superficie favorita: cemento bajo techo. A una impecable actuación en Copa Davis, con victorias en los cuatro partidos que disputó ante España e Italia, se unió su tercer entorchado consecutivo en San José, su torneo fetiche.

En plena temporada de tierra, su talón de Aquiles, anunció la ruptura de su exitosa relación con Galo Blanco y el inicio de una nueva etapa bajo la dirección del croata Ivan Ljubicic. El cambio vino acompañado de unos desastrosos resultados sobre hierba, impropios de un cañonero como él, propiciados quizá por cierta falta de acoplamiento.

Poco a poco, fue mejorando sus prestaciones y encaró la segunda mitad de temporada con mucha más confianza a raíz de una gran actuación en Montreal, que supuso su primera final de Master 1000. Desde ese día, en que se inclinó ante un pletórico Rafael Nadal, sólo encajó derrotas ante jugadores top 10, con la única excepción de Benoit Paire.

El título en Bangkok, de nuevo bajo cubierta y la final en Tokyo siguieron a una muy buena actuación en el US Open, donde Gasquet le derrotó en 5 intensos sets en cuarta ronda.

En líneas generales, la temporada de Raonic ha sido bastante buena, aunque quizá no ha dado todo lo que se esperaba de él, le ha faltado alguna victoria ante los “buenos buenos”. Su demoledor servicio le coloca con ventaja en pista rápida, pero sigue faltándole paciencia a la hora de encarar los largos peloteos que depara la arcilla.

Además de la tierra batida, su otra gran asignatura pendiente es la hierba. Tiene mucho trabajo Ljubicic ahí: su pupilo se mueve muy mal sobre el césped y, a pesar de su envergadura, su volea deja bastante que desear. Que jugadores como Sijsling, Petzschner, Becker o Muller le ganen con cierta solvencia lo dice todo.

Por Fernando Arribas

LA APUESTA del día

Comentarios recientes