El adiós de la luchadora Elena Baltacha

La tenista británica de origen ucraniano, un ejemplo de superación en el circuito, cuelga la raqueta a sus 30 años

Elena Baltacha, tras ser incapaz de controlar una serie de problemas físicos que le hicieron descender hasta el 216 WTA, ha anunciado su retirada del tenis profesional. La tenista británica, de origen ucraniano, deja tras de sí una historia de superación memorable, combatiendo una extraña enfermedad que afecta a órganos vitales durante toda su trayectoria. Pese a ello, no paró de pelear hasta entrar con 27 años entre las 50 mejores tenistas del mundo, ganar once títulos ITF y ser durante largo tiempo la cara visible del tenis británico en categoría femenina.

De origen ucraniano, Elena tuvo que mudarse a Ipswich cuando era apenas una niña de 5 años. Dejar atrás su tierra natal para seguir los sueños de su padre futbolista. Nacida en el seno de una familia deportiva, el cabeza de familia -internacional con la Unión Soviética- comenzó a jugar en el equipo de la ciudad, el Ipswich Town.

Ha disfrutado de una larga carrera, pero lejos de recorrer un sendero de rosas su trayectoria estuvo marcada por la enfermedad. La colangitis esclerosante primaria (PSC), una enfermedad que afecta al sistema inmunológico, generando problemas en los conductos que transportan la bilis del hígado a los intestinos, se interpuso en su camino. Durante años la jugadora ha venido luchando contra esta afección, un factor de riesgo para desarrollar un cáncer y trastornos intestinales. Una circunstancia que introduce dentro de lo probable la necesidad de un transplante en el futuro.

Sufrió un gran susto con 18 años, momento en que se le detectó la enfermedad. "Tuve varicela, gripe y luego un ataque de amigdalitis... Fue horrible. Estaba cansada todo el tiempo y luché para salir de la cama por la mañana para el entrenamiento.

"Aquellos problemas no pudieron llegar en un peor momento" contaba al Daily Mail en 2011. "Estaba comenzando a hacerme un nombre en el tenis profesional, algo por lo que había luchado prácticamente toda mi vida. Logré superar la primera ronda de Wimbledon en aquel verano de 2002, pero me batieron en el segundo partido. No me podían consolar. Fue después de que mi médico ordenara hacerme una serie completa de pruebas de sangre".

"El doctor me dijo que parara inmediatamente de entrenar. Aquello me asustó profundamente. En el hospital me hicieron todo tipo de preguntas sobre cuánto alcohol había consumido. Me dijeron que los resultados eran similares el del perfil de un alcohólico. Me encontré en estado de shock, e indignada. Soy prácticamente abstemia debido a mis regímenes de entrenamiento. De hecho, creo que nunca me he emborrachado".

"Me dijeron que el hígado de George Best parecería sano al lado del mío", recordaba Elena estupefacta ante la afirmación de los médicos, en referencia al mítico futbolista norirlandés que recibió un transplante de este órgano debido a sus graves problemas de alcoholismo.

Se sentía herida y ultrajada ante todo aquellas aquellas sugerencias que afirmaban que era una alcohólica en secreto. Mientras, pasaba el tiempo con la cabeza más alejada de las pistas que enfocada en competición, temiendo que la enfermedad cortase de raíz los sueños de toda una vida.

Wimbledon 2003 se acercaba mientras manejaba nuevas consultas a especialistas para determinar su dolencia. Siendo una cita ineludible en el tenis británico, decidió participar y aplazar las pruebas hasta después del certamen. "Fui eliminada en primera ronda por Jelena Dokic, una top10, per estuve cerca de ganarle pese a sentirme indispuesta. Me sentía realmente mal. En aquel momento empecé a barajar la idea de tener que dejar el tenis".

"Los doctores me diagnosticaron PSC. Esperaba que me dijeran que dejase el tenis. Pero simplemente me recomendaron reposo prologando. Podía seguir mi carrera. Una vez comencé a tomar la medicación sentí que la fatiga desaparecía y volvía a ser la de antes".

Una carga personal que no le ha abandonado durante toda su vida. Han seguido los chequeos con carácter anual, las pruebas de sangre, los escáneres para comprobar el buen estado de sus órganos vitales. Es una mujer que tiene que tomar ocho comprimidos dos veces al día para mantener su cuerpo libre de síntomas propios de la enfermedad. Una circunstancia que puede manternse, según expertos, durante 20 o 30 años. En el momentoa actual, debido al saludable estilo de vida de la deportista, los médicos consideraban de baja probabilidad las complicaciones. Pero no descartan que en un futuro pueda necesitar un transplante.

Es una circunstancia que le ha llevado a actuar con cautela durante su carrera. En 2011, por ejemplo, se abstuvo de acudir a los Juegos de la Commonwealth celebrados en Delhi debido a las escasas garantías sanitarias del lugar. Con cuestionables equipos para tratar enfermedades exóticas. Una mujer vulnerable dentro de un aspecto robusto, tras unos prominentes hombros, melena rubia e intensa mirada azul.

"Un comentarista deportivo dijo una vez que le parecía milagroso que yo pudiera mantenerme de pie en una pista de tenis. No digamos ya ser la número 1 británica. No me miro a mí misma como un milagro, pero gracias a la medicina una enfermedad que tiempo atrás me hubiera matado ahora puede estar bajo control. Y eso me parece increíble".

Finalmente, después de más de 15 temporadas como profesional, ha llegado la hora de echar pie a tierra. La segunda mujer que más veces ha defendido los colores británicos en Copa Federación dice adiós al circuito. "Siento que es el momento adecuado para dar el paso. Mi cuerpo ha experimentado un gran desgaste durante los últimos 16 años y esto finalmente pasa factura. He tenido experiencias increíbles jugando al tenis, momentos realmente positivos y otros muy malos. No cambiaría ninguno de ellos pero en estos momentos mi mente y mi cuerpo me dicen que es tiempo de comenzar una nueva etapa de mi vida".

"Sigo amando el tenis, y quiero volcar esa pasión y enfocarla en tratar de convertirme en la mejor entrenadora posible. De esa manera podré utilizar todas las experiencias que tengo como jugadora para ayudar al desarrollo de la siguiente generación del tenis británico. Estoy realmente comprometida con mi Elena Baltacha Academy of Tennis (EBAT), la cual inicié con mi entrenador Nino Severino" comenta Elena sobre su academia, una institución caritativa donde todos los ingresos y ganancias de patrocinio se reinvierten y donde se ayuda a las familias con dificultades económicas a introducir a sus hijos en el deporte. "Creemos que no importan los orígenes de cada uno. Todos los niños, ricos o pobres, deberían de tener una oportunidad de jugar al tenis. Ojalá podamos producir un campeón algún día".

Crear la gloria en el tenis femenino británico. Un país que se lleva las manos por ganar el primer título WTA en 24 años. Que saliva al ver dos tenistas en el top50 por primera vez en el último cuarto de siglo. Que se ilusiona al ver al cuadro nacional en Grupo Mundial II de Copa Federación. Hacer posible lo que no parece víable. El modo de vida de Elena Baltacha.

Un modo de vida llevado hasta su último paso profesional. Romper ese muro que se antoja infranqueable. "Jamás pedí una consideración especial. Espero servir de ejemplo de que uno puede superar una enfermedad grave y llevar una vida normal. No estoy curada, pero no voy a dejar que eso se interponga en mi camino".

Judy Murray, capitana del equipo británico de Copa Federación, rindió los últimos honores. "La embajadora más increíble que ha tenido el tenis femenino británico en los últimos 12 años. Su ética de trabajo y espíritu competitivo no queda detrás de nadie. Si pudiéramos conservar sus cualidades, tendríamos muchísimas más jugadoras de élite. Es el ejemplo perfecto para nuestras juniors. La Copa Federación no será lo mismo sin ella".

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