World Tour Finals 2013: Djokovic se come a Nadal

El serbio, triple campeón de la Copa de Maestros, gobierna con margen a un Rafael contraído

Es el último puñetazo antes de acudir a la cueva. La oportunidad de gozar el descanso en dinámica de dominio. Cuando Djokovic clava la mirada en Nadal, cuando ve al balear saltando mientras vuela la moneda, tiene la misión en el rostro. Antes de inclinar al balear bajo el O2 Arena de Londres (6-3 6-4) repasa los réditos a obtener al resguardo del techo. Es la opción de convertir en tendencia el asalto iniciado en Pekín. De inclinar la aguja hacia su nombre en una rivalidad descarnada. Tras entregar el número 1, Djokovic camina como rey desterrado. Pero sus ojos todavía ven el trono. Pekín, Shanghái, París y Londres bajo el brazo. Novak reclama su sitio.

Desde el principio juega Djokovic salpicando incomodidad. Sabiendo que Nadal avanza en un entorno poco habitual: pelear por algo inédito. Es una rendija mental muy escasa en un jugador histórico, y no duda Novak al hundir el bisturí en la grieta. Sorprendiendo de inicio con un juego a dos ritmos. Se viene a la red. Conecta algún servicio-volea. Entra en mitad de pista. Quiere acortar los puntos y enfriar a Rafael con intermitencia. En ninguna fase del partido lo intenta con más astucia que en los tres primeros juegos. Y el balear pestañea ante lo inesperado.

Rafael juega corto, pegando tarde a la esfera, ofreciendo poco para abrir el intercambio. Como carente de decisión para dar un paso adelante e ir por el partido. Otorgar bolas de escaso recorrido es un veneno que Novak le hace ingerir a tragos. El serbio, un portento de la defensa, no piensa retroceder ante un Nadal sin mordiente ofensiva. En apenas 20 minutos llega a gozar de bola para 4-0. Es un tormento sin arrecio.

Entonces llega el único momento de duda del serbio. Cualquier bajón mental permite a Nadal morder la contienda. Es su poder, una flaqueza en el rival es un vaso comunicante a su sistema. Equilibra el marcador, pero permanece en versión roma. Sabe sufrir y resiste el temporal pero permanece inerte en versión ofensiva. Apenas una derecha ganadora en ocho juegos desvela las carencias del balear en el pulso. El buque insignia convertido en un barquito de papel. Sin recibir fuego Djokovic aguantaría dos días.

Un milagro que Rafael mantenga la cara con un planteamiento inocente. Sin chispa metido atrás, siendo incapaz de acelerar sin incurrir en imprecisiones. Dobles faltas a pares. Poca contundencia en el primer impacto. Eso es veneno ante un restador del calibre del de Belgrado. Un primer set de vaivenes, con grupos de tres juegos alternos queda en la mochila del serbio.

Es un Djokovic que va creciendo. Cuando Nadal llega al partido se encuentra un tenista inspirado. Irrefrenable. Que apunta al planteamiento directo como no lo hacía en todo el torneo (si su revés opta por patrón paralelo en el 39% antes de este encuentro, la necesidad de atacar y la invitación de Rafa lo disparan hasta un 59%). Es un león rugiendo ante los maullidos de un gatito.

Djokovic corta ambas mangas por la raíz, quebrando siempre en los primeros juegos. Introduce en Nadal una sensación de remolque permanente. Y se plasma en el juego. Rafael, un hombre metódico al extremo, aparece sin rumbo. Comete más errores que un tenista más orientado al riesgo, deshaciéndose en imprecisiones poco habituales. Carece de timing para soltar la mano. Ni perfora al rival ni mantiene el ritmo. Se multiplican los errores y desaparecen los ganadores. Una ecuación terminal.

Su derecha, sobre todo su derecha, asiste en término inaudito: es más una excepción que un patrón diferencial. Mediado el segundo set, apenas ha clavado un ganador con su tiro decisivo. El habitual cañón convertido en arma de fogueo. Imposible sacar de punto a Djokovic sin encender siquiera la cerilla. Cuando Nadal lanza derechas liftadas no encuentra un hombre en retroceso. Djokovic golpea la bola en fase de ascenso. Con los pies en la línea. Es inmune a ese argumento. Y Nadal no encuentra espacio.

Djokovic juega a placer, acomodado por un servicio certero. Su derecha cruzada, un golpe devastador, acorrala a Nadal en el revés generando un sinfín de bolas de corto recorrido. El serbio, que poco a poco va incorporando la acción en mitad de pista como argumento (una veintena de aproximaciones le contemplan), hace sombra en toda la pista.

Ya al final, con el agua llegando por la frente surge Nadal. El Rafa sufriente emerge. Como si necesitase el drama para armar el juego. Entonces lanza derechas como bombas. Se activan las piernas. Cierra el puño y grita para conectar a la grada. En un juego ataca más que en todo el encuentro. El balear llega al partido cuando Djokovic sirve para cerrarlo. Como el que pide una copa cuando el camarero echa el pestillo. Demasiado tarde y mañana no abrimos. Rafa dudó, dejó crecer a Novak y reaccionó a destiempo. El número 2, como su posición indica, no tiembla. Los grandes hacen pagar titubeos.

Y la factura a pagar por Nadal es cuantiosa. Al menos, a nivel psicológico el encuentro era importante. No solamente por el título jamás logrado que se escapa. Djokovic acudirá al nuevo año con dos precedentes recientes gobernados. Cuando florezca 2014 y un sinfín de cemento, él tendrá memorias dulces donde Rafael encontrará desencuentros.

Tras el US Open entregado, tras el número 1 cedido, Novak firma la racha más larga del año. Un total de 22 triunfos seguidos, tumbando a top10 en ocho pulsos consecutivos. Mostrando un dominio ausente desde su 2011 eterno. Aquel año se produjo tras coronar Novak la Copa Davis, que desde ya pasa a ser el centro de su pensamiento. Si Djokovic está reescribiendo un ciclo, la amenaza ha comenzado.

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