Monfils: "Yo soy Monfils, no el tenis francés"

El francés, castigado por las lesiones, sincera sus sentimientos mientras trata de recuperar el tiempo perdido

Gael Monfils (París, Francia; 1986) camina con lentitud portando una percha que raramente pasa desapercibida. En conjunto deportivo, llamativas zapatillas con guiños anaranjados, el galo aparece con su última virguería: una desordenada cresta coronando un amasijo de fibrados músculos que bordea el segundo metro. Con una calma hipnótica en las palabras, su discurso no puede generar un contraste mayor con su estilo de juego. Uno de los mayores portentos físicos del tenis masculino, un generador de cabriolas, apologeta del desempeño desde el escorzo, con querencia por dibujar el golpe imposible, es una balsa de aceite en el trato cercano. Minutos antes ha sido cercado por David Ferrer (3-6 2-6) al abrigo de Ágora. Sin embargo, parece que vuelve de unas vacaciones en el paraíso. Sonrisa en la cara y temple cautivador, es un Gael transformado lejos de flashes y pelotazos.

En pista ruge. Fuera de ella, siquiera parece atreverse a maullar. Forzando al interlocutor a acentuar el oído para captar toda la esencia de su mensaje. Un hilo de voz, casi un susurro, para expresar unos sentimientos que le vienen de dentro. Es la nobleza en la derrota. En medio de esa vorágine donde el derrotado se escabulle en el teléfono renunciando a entrevistas, buscando en la soledad la digestión del mal trago, hay un tipo que marca sus propias reglas. Siendo quien más motivos tiene para 'huir'del recinto. No solamente ha perdido, ha entregado el partido estando lesionado. Arrastrando problemas físicos evidentes que lo diluyen al término de la refriega. El tipo cede, sufre y tiene tiempo no sólo para cruzar palabras con la prensa (vía telefónica y cara a cara) sino también para charlar tranquilamente con el personal de ATP a ojos de todos. Un tipo que vive a otra velocidad.

Monfils es un jugador muy atlético. Foto:news.com.au

A pasos acelerados ejecuta su trabajo. Un tipo acostumbrado a someter las articulaciones a una tensión extrema tiene en las junturas de su cuerpo el quebradero de cabeza. Es el talón de Aquiles concentrado en las rodillas de Gael, un asunto que le ha tenido coqueteando con el quirófano en múltiples ocasiones. ¿Será capaz de rodar al nivel que lo mandó al séptimo peldaño masculino sin forzar la maquinaria? Monfils no está dispuesto a sacrificar su esencia. Hablando de un competidor intenso las medias tintas equivalen a un bolígrafo que no pinta. "No se trata sobre mi juego. Voy a seguir compitiendo de la manera en que lo he hecho hasta ahora" asevera con confianza el galo.

Monfils compite entre relojes en retroceso. Su propio tiempo, un junior de oro que ya gasta piernas de 26 años. El de sus articulaciones, castigadas como lo harían las de un hombre entrado en arrugas. Y el de Francia, una nación cuya hambre de gran gloria ya camina sobre las tres décadas. Nadie desde que Yannick Noah mordiera Roland Garros en 1983 ha logrado escuchar la marsellesa en un major. Puede Gael, que dominó como junior tres de estos recintos soportar el estandarte con firmeza? ¿Supone esto un peso adicional en sus hombros? Gael, como ausente de cuanto le rodea, resta hierro al asunto.

"No, personalmente yo no siento una presión extra sobre mí. Es algo que espero poder conseguir en el futuro, pero el hecho de que ningún compatriota lo haya logrado en tiempo no debe ser motivo de inquietud para mí. Yo soy Gael Monfils, no el tenis francés. Siempre es duro tratar de ganar un Grand Slam y sé que estoy trabajando para conseguir cosas como ésta" asevera con sosiego.

Mirando a 2014, sus ojos brillan. Siquiera pensar en planificar debe de sentirse como ráfaga de aire fresco para quien ha estado largo tiempo anudado por lesión. Así, se traza una receta clara de objetivos. "Primero de todo, necesito jugar bastantes partidos. Ser capaz de competir de manera regular. Por unas razones u otras esto es algo que no he podido hacer últimamente" comenta un hombre cuyo 2012 se redujo a 29 partidos. Ningún top50 jugó menos.

"Por otra parte, necesito ser sólido en grandes torneos. Esto tampoco lo he podido hacer" reconoce un tipo que llegó a jugar las semifinales de Roland Garros pero que lleva tres años sin superar la tercera ronda y acumula hasta cuatro ausencias en los siete majors más recientes.

Monfils espera recuperarse por completo.

"El año pasado fue muy duro a nivel personal para mí. Apenas pude jugar y eso, como deportista, te afecta anímicamente. Este año por fortuna he podido competir y ahora estoy tratando de recuperar mi ranking de antaño. Mi objetivo ahora mismo es seguir trabajando con miras al próximo curso y estar listo para los retos que se presenten. Debo seguir trabajando para volver a ocupar un lugar entre los 15 primeros, y una vez logrado eso ya podemos ponernos objetivos de verdad" concede con convicción.

Tiene el francés un discurso práctico. No barrunta tema alguno sobre el cual carezca de control su voluntad. Cuestionado por temas que le gustarían cambiar en el circuito, tira balones fuera. "La verdad es que nunca he pensado en estos temas. Es una pregunta que no me había planteado. Es una buena pregunta. No lo sé. Insisto en que no empleo tiempo pensando en este tipo de cosas".

Atrapado en su propio cuerpo su estilo de preparación sigue siendo el mismo. Nada de ajustes de mención. Suficiente gasolina supone el apetito atrasado. "La verdad es que no he cambiado demasiado. Venía con bastante hambre de competición después de estar tanto tiempo parado. Ahora soy el 31 pero he estado bastante más abajo. Atravieso un proceso. Estoy en la mitad del camino" reflexiona mirando al frente, como buscando un horizonte cercano.

La receta para recuperar la grandeza un día insinuada, bien estructurada en pasos. Definiendo con nitidez sus necesidades inmediatas. "Mi objetivo debe ser cargar el calendario, jugar un montón de torneos. Esto es lo que principalmente me está lastrando desde hace algún tiempo. No poder jugar semana tras semana con regularidad. Debo cuidar mi cuerpo, evitar lesiones y ser más consistente en grandes torneos".

En un entorno de pistas ralentizadas y jugadores cada vez más resistentes, el deporte torna en algo mecánico. ¿Es esto aburrido a ojos de un tenista estrambótico? Vuelta al pragmatismo. "Yo no me hago ese tipo de preguntas".

Para Monfils la guinda al pastel, sin embargo, sí es una pregunta formulada en su cabeza. Y repetidamente respondida entre pensamientos. El motivo de todos los sudores derramados en entrenamientos. Un destino último. "Ganar Roland Garros". ¿Lo ve posible? Esto sí depende de él y, por tanto, entra en su juego pragmático. "Juego a tenis para ello".

Terminó 2013 para Gael Monfils. Sus ojos, sin embargo, hace tiempo que miran a 2014.

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