Cuestión de altitud

La cantidad de metros sobre el nivel del mar, en un deporte muy ligado a sensaciones, tiene una incidencia directa en el juego

La altitud con respecto al nivel del mar es un factor determinante en muchos aspectos del universo. El clima, la vegetación, la fauna y el cuerpo humano sufren los efectos que produce la vida en situación de altitud. El tenis no se escapa de esta situación, produciendo importantes efectos en el desarrollo del mismo, al verse afectado uno de los elemento fundamental para su desarrollo, la pelota.

Hay dos factores que afectan al comportamiento de una pelota de tenis, la densidad y la presión del aire. A medida que aumenta la altitud con respecto al nivel del mar, la densidad del aire es menor, lo cual provocará una menor resistencia al aire que favorece que se desplace más rápido la pelota. La presión atmosférica es otro factor clave. Según se va ascendiendo metros con respecto el nivel del mar, va disminuyendo la columna de aire que tiene que soportar cualquier cuerpo, así a mayor altura, los cuerpos soportan menor presión atmosférica. Esta presión va disminuyendo de manera no proporcional, durante las primeros metros se produce un importante descenso de la presión, mientras que a alturas considerables, la presión disminuye de forma más moderada. La presión es lo que produce que a mayor altitud más alto sea el bote de la pelota.

Madrid se disputa a 655 metros sobre el nivel del mar.

La pelota de tenis tiene más velocidad en altura, es un hecho físico. Un estudio realizado en España en un saque con las mismas condiciones de velocidad, altura de la pelota y ángulo arroja los siguientes resultados en el momento del impacto de la bola sobre el suelo.


Este incremento de velocidad hace que los torneos que se disputan a una gran altura alteren otros elementos del juego para contrarrestar los efectos de la altitud.

Un método que utilizan algunos torneos es ralentizar la superficie de juego. Las pistas de tierra batida están formadas por un conjunto de capas previas compactadas, que hacen de base y una capa superficial de polvo de ladrillo, tierra vegetal y ceniza. Se puede modificar el bote de la pelota, alterando el prensado de los componentes de la capa base. A menos prensado la bola botará menos, frenando el impacto de la bola sobre el suelo. En algunas ocasiones, lo que se hace es variar el prensado en función de la zona de la pista, colocando en la zona de saque, una base menos prensada. De igual modo, cuando se diputa un torneo en altitud sobre pista rápida, se puede reducir la velocidad de la bola simplemente introduciendo una capa de resina entre las capas que conforman la pista dura.

El otro elemento que se puede modificar en función de la altitud es la elección del tipo de pelota de juego.

La Federación Internacional de Tenis estipula en las reglas del tenis, los cuatro tipos de pelotas que se pueden utilizar. Cada una de las pelotas tiene unas características en cuanto a peso, tamaño, rebote, deformación hacia adelante y deformación de retroceso, estableciéndose pelotas de Tipo 1 (velocidad rápida), Tipo 2 (velocidad media), Tipo 3 (velocidad lenta) más una pelota adicional denominada Altitud.

Estos cuatro tipos de pelotas tienen en la normativa ITF unas especificaciones sobre altitud de manera que los torneos eligen un tipo u otro en función de la altitud de la cancha y lo rápido que deseen que sea el juego.

La pelota de Tipo 2 puede ser con presión o despresurizada. La pelota despresurizada tendrá una presión interna de no más de 1 psi (7 kPa) y deberá ser utilizada para jugar en altitud de más de 4000 pies (1219 m.) por encima del nivel del mar debiendo haber sido aclimatada durante 60 días o más a la altitud del torneo específico.

La pelota de tipo 3 se recomienda para jugar en cualquier tipo de superficie por encima de 4000 pies (1219m.) por encima del nivel del mar.

La pelota de altitud es presurizada y es una pelota específica adicional para jugar únicamente en altitud por encima de 4000 pies. Este tipo de bola sólo fue utilizada esta temporada fuera de la Copa Davis en el torneo ATP 250 de Bogotá (2.625m.)

Por lo tanto, podemos ver que los torneos que se juegan en altitud pueden elegir entre la pelota de tipo 2 despresurizada, la tipo 3 o la adicional de altitud en función del resto de características anteriormente mencionadas de la bola y cuanto quieran ralentizar su velocidad y reducir su bote.

Una vez analizados los elementos que se escapan del poder de decisión de los jugadores, podemos ver como afrontan ellos mismos las condiciones de altitud.

Uno de los factores que tiene que decidir el tenista junto con su staff técnico es el cordaje. Teniendo en cuenta el hecho que a mayor altitud la bola bota más, es frecuente que el jugador decida subir la tensión del cordaje para ganar control en el golpeo cuando se juega a mucha altitud con respecto al nivel del mar. En cambio cuando se juega a nivel del mar se baja la tensión del cordaje para que la raqueta despida la bola con más fuerza y ayude a romper la resistencia de la pesada columna de aire.

Los hábitos de los tenistas también suelen ser modificadas en casos de extrema altitud previo acuerdo con todo su grupo de entrenamiento. Las rutinas de comidas, entrenamientos y descanso necesitan ser alteradas para compensar el mayor esfuerzo que supone jugar en altura debido a la menor cantidad de oxigeno en la atmósfera y las bajas presiones que provocan la aceleración del ritmo cardiaco y los problemas respiratorios. Necesitan complementos como sales y minerales además de tener comidas más ligeras.

Los torneos del circuito europeo ATP que se disputan a mayor altitud son Gstaad a 1050 metros, en pleno alpes suizos y Kitzbuhel, a los pies de una estación invernal de Austria a 762 metros con respecto el nivel del mar. A estos dos colosos le seguiría en la lista el Master1000 de Madrid, donde la Caja Mágica se encuentra situada a 655 metros de altitud. En dichos torneos ya se manifiestan los efectos de la altitud, aunque donde es más patente es cuando nos vamos al continente sudamericano.

Esta temporada, tras doce años de ausencia en el calendario ATP, el circuito vuelve a hacer parada en Colombia, con el Open Claro de Bogotá, donde el centro de alto rendimiento del Parque Metropolitano se encuentra a 2625 metros de altitud. Aprovechando el cambio de superficie a pista rápida y el efecto de la altitud, este año el gigante croata Ivo Karlovic se adjudicó el torneo tras cinco años sin saborear las mieles del triunfo, haciéndose palpable como favorece la altura a la velocidad de la bola.

Entre 1993 y el año 2000, antes de su traslado a Acapulco, el abierto mejicano se disputó en su capital, Méjico D.F. a 2240 metros, donde los jugadores sufrían los problemas físicos de jugar en esas altitudes.

Los casos más extremos de altitud los encontramos en la Copa Davis en la zona suramericana. Bolivia, este año encuadrada en el Grupo III de la Copa Davis, disputó todas sus elimininatorias como local en el Club de Tenis La Paz, situado a 3650 metros de altitud, donde los jugadores tiene que ir una semana antes para aclimatar su organismo a esas condiciones y los mareos y problemas respiratorias son comunes. Ecuador como local dispone de varias sedes, en ocasiones optan por jugar a nivel del mar en Manta o Guayaquil, pero se guardan para algunas eliminatorias importantes la baza del Club Buenavista de Quito a 2800 metros de altitud.

En definitiva, la altitud es un factor importante a la hora de desarrollarse un partido de tenis, hasta el punto de llegar a alterar partes del juego y ser un valor a tener en cuenta en muchas elecciones de sede de la Copa Davis.

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