Los últimos servicios del cañonero

Ivo Karlovic sigue siendo competitivo bajo techo a pesar de estar dando sus últimos coletazos como profesional

Puño cerrado, señal de victoria. El partido muere cuando Ivo Karlovic se aproxima a la media pista y el golpe de su oponente apenas lame la red. El croata se ha llevado el partido en el tie-break del tercer set tras salvar un punto de partido instantes antes. Se podría decir que es un día más en la oficina para él, pero a su edad y dadas las circunstancias, cada victoria cuenta. Batir a un tenista como Denis Istomin, demuestra que el gigante de Zagreb aún sigue siendo competitivo bajo techo. Son los últimos coletazos del cañonero croata. Sus últimos servicios.

Nacido en la extinta Yugoslavia en el último año de la década de los setenta, Ivo Karlovic siempre ha sido una rara avis en el circuito. Solitario y tímido ante sus compañeros de profesión, ingenioso y locuaz en alguna que otra red social, y un auténtico quebradero de cabeza para sus oponentes en la cancha. Un auténtico martillo con su servicio que no da ningún tipo de ritmo. Un asesino silencioso que agujerea a saques directos las defensas de su rival. Limitado desde el fondo de pista, en poco se parece el croata a ese que se dio a conocer aquella tarde de junio de 2003.

En el partido inaugural de The Championships, el mejor torneo del mundo, un gigante de 24 años se convertía en el primer jugador de la historia de la Era Open en eliminar al vigente campeón de Wimbledon en la primera ronda de la siguiente edición. El australiano Lleyton Hewitt, que levantó la copa dorada en 2002 tras batir a David Nalbandián, se inclinaba ante un desconocido Ivo Karlovic, un jugador especializado en superficies rápidas pero que se limitaba a jugar en torneos menores. Su salto a la fama le impulsó hacia el top100 del ranking ATP pocos meses después y desembocó en una sólida carrera en la que llegó a alcanzar el top15.

Las mejoras en su juego desde su aparición en el circuito fueron notables. Un tenista que a pesar de poseer el que quizá sea el saque más mortífero de toda la historia de este deporte supo que con eso que no valía y se dedicó a mejorar otras facetas del juego. En primer lugar, su segundo saque dejó de ser débil. A mediados de la pasada década, Karlovic solía acabar partidos largos con más de diez dobles faltas. En 2007 y 2008, sus dos mejores temporadas como profesional, era capaz de supera las tres decenas de aces sin apenas cometer errores con el servicio.

Una faceta del juego en la que Karlovic destaca es sin duda en el juego en media pista. La volea, un tiro que muy pocos tenistas de esta época dominan, es su segundo mejor golpe tras el saque. En ocasiones infravalorada y eclipsada por su monstruoso servicio, el repertorio de Ivo cuando se acerca a la red es lo suficientemente grande para cerrar la gran mayoría de puntos en el segundo tiro. Ya sea cruzada de derecha, de revés, o incluso amortiguada, el abanico de voleas del croata es realmente amplio. Sin ser tan elegante como otros especialistas puros del saque-red como Stepanek o Llodra, el balcánico tiene en la volea uno de sus mejores aliados.

Las lesiones y los diferentes problemas físicos aparecidos en los últimos años, precipitaron que Karlovic decidiese retirarse del equipo croata de Copa Davis -con el que ganó el campeonato en 2005- y que redujese su calendario a una serie limitada de torneos por año. La meningitis que el pasado mes de marzo le mantuvo hospitalizado cerca de su lugar de residencia en Miami durante tres semanas parecía sepultar definitivamente la carrera del gigante de Zagreb. Por momentos llegó a olvidar hasta su nombre. Sin embargo y a pesar de todas las dificultades el veterano y peculiar cañonero quiso volver a jugar al tenis.

Solicitó una invitación para jugar Wimbledon diez años después de protagonizar una de las grandes sorpresas de la historia del torneo. A pesar de haber sido cuartofinalista en 2009, la organización de The Championships no le otorgó una invitación. Volvió jugando un torneo sobre césped, otro clásico evento ATP como es el de Newport. Ganó un par de partidos y cedió dignamente en cuartos de final ante John Isner. Durante ese encuentro, se tuvo que sentar durante unos minutos en mitad del encuentro ya que no se encontraba bien. Parecían encenderse las alarmas pero afortunadamente no ocurrió nada.

Su siguiente evento, el de Bogotá, sirvió para demostrar que el tenis de Karlovic aún seguía muy vivo. Arropado por la altura de la capital colombiana, el croata se aprovechó de un cuadro favorable para sumar su quinto título ATP. No perdió ni un solo servicio en toda la semana. Dio todo un clínic de tenis de ataque. Tras un final de verano algo irregular, en la Copa Kremlin que se celebra esta semana en Moscú, Ivo vuelve a sentirse competitivo. Bajo bóveda el cañón que tiene en el brazo es letal, y por tanto está más amparado en la red, pudiendo cerrar los puntos con relativa facilidad en la media pista. Hoy, ante Istomin, amarró el partido yéndose hacia delante. Puño cerrado, señal de victoria. Son los últimos servicios del cañonero. Y los está disfrutando.

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