Jerzy y las expectativas

Tras su lesión de codo, Jerzy Janowicz reaparece en el torneo de Estocolmo que se está disputando esta semana

Seguramente, el espectador, ávido e impaciente, lleve tiempo preguntándose cuál será el momento en que la juventud y potencial tenístico de una serie de jugadores comience a ser una realidad. Buscamos el éxito inmediato, que colme las expectativas que cada talento desprende o las que uno mismo demanda en un deportista que por diversos motivos aún no las cumplió. Nos gusta que las rondas finales sean copadas por el mismo grupo de tenistas porque ello crea rivalidades que devienen en ídolos, literatura y expectación. Pero a la vez esperamos que haya caras nuevas, que la competencia fuese mucho mayor y que los grandes botines fueran objetivo de más de 3-4 jugadores.

En esta idea, debate o circunstancia vienen estando una serie de jugadores que pueden quedarse si la próxima generación que viene empujando se muestra más firme. El caso es que el tenis es uno de los deportes que más precocidad atesora entre sus leyendas y ello ha creado cultura. La idea es que si con 22 años un jugador no se ha asomado a la sala de juegos de los supertalentos del circuito, es que el destino le ha deparado un frenazo como negación a su carrera.

Quizás habría que preguntarse si la época actual ha modificado los tiempos de madurez y acceso a la gloria, teniendo como base la preparación física y la mejor recuperación de las lesiones. Resulta todo esto un tema más reflexivo que expositivo, muy probablemente. El caso es que muchos estamos pensando en unos 7-8 jugadores que si bien en la mitad de sus integrantes se aprecia cierta estabilidad, en otros sigue habiendo dudas. También es para tener en cuenta que el talento tenístico muchas veces queda lejos del talento competitivo, pero como lo primero que se aprecia, y de manera más fácil, es la capacidad para crear tiros y demostrar habilidades, alzamos la mirada buscando esa transición definitiva.

Uno de estos ejemplos es el de Jerzy Janowicz, un caso ciertamente particular. Las corrientes de opinión, más o menos mediáticas, que hemos podido encontrar de 2/3 años a esta parte, no contenían al tenista polaco como pronóstico emergente a militar entre las grandes figuras del ranking. Siempre fueron antes los Tomic, Dimitrov, Harrison o Raonic. Surgieron también los Nishikori, Dolgopolov o Paire. Incluso se llegó a hablar antes de Andrey Kuznetsov o Ricardas Berankis como interesantes talentos alternativos.

Seguramente, su procedencia y su hibernante hasta ese momento catalogo de golpes, han permitido a Jerzy Janowicz brotar desde la ausencia de expectativas. Un punto aprovechado para construirse en silencio y darse a conocer de manera súbita. Tras una lesión de codo que le impidió rendir bien en el US Open y le ha tenido de baja hasta estas fechas, hoy debuta en el ATP de Estocolmo, en la gira indoor que cierra la temporada.

Si bien hoy es número 15 del mundo, su historia sigue entrecomillada. Y es que Jerzy ganó 14 partidos ATP en 2012, siete de ellos, juntando fase de clasificación y cuadro final, en el Masters de París, próximo a disputarse, dejando por el camino a Kohlschreiber, Cilic, Murray, Tipsarevic o Simon. Tras la estabilidad que han conseguido Raonic -ascendente- y Nishikori -oscilante-, el talento más emergente que ha demostrado visos de llegar al próximo campamento base en su aprendizaje en la élite, es Janowicz, nacido en Lodz hace casi 23 años.

Quedaba la duda de comprobar si su juego fue fruto de una semana bajo la bóveda que todo lo acelera, sabiendo que su biotipo resultaba propicio para abrasar la pista a base de cañonazos o si fuera de tal abrigo, su particular manera de golpear -increíblemente plano- tendría cobijo para rendir con garantías. Las semifinales en Wimbledon le otorgaron tal confianza. Sin olvidar que si el polaco no logra defender gran parte de esos puntos caerá ostensiblemente en la lista de entradas, sí parece que Janowicz conforma un talento interesante desde el punto de vista competitivo. Aterrizando en la capital francesa con un arsenal de saques imposibles y continuas dejadas desde el fondo de la pista, el europeo causó una sensación inmediata, desbordando un carisma en su juego como no se veía en los últimos años.

Es la historia curiosa de estos tiempos. Esperar impacientes en el tiempo por los que creemos que deben llegar para que a nuestras espaldas irrumpa de manera inequívoca un jugador que rompió cualquier esquema. En la capital escandinava está compitiendo él, pero también Raonic, Paire o Dimitrov. El tiempo pondrá a cada uno donde coresponda. La espera a veces nos descoloca.

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