Nadal: un ascenso en catorce etapas

Repasamos el caminar del competidor balear en 2013, a través de catorce eventos, hasta coronar la cumbre del tenis 

El ascenso de Rafael Nadal al número 1 ha sido un viaje dividido en trece etapas de competición. Comenzando por Viña del Mar hasta terminar en Pekín, pasando por Sao Paulo, Acapulco, Indian Wells, Montecarlo, Barcelona, Madrid, Roma, Roland Garros, Wimbledon, Montreal, Cincinnati y Nueva York. Ocho meses de tremenda competición saldados con un balance atronador: 65 victorias en 68 partidos.

El balear, en un retorno deportivo que queda para la historia, ha vuelto a recuperar el puesto de referencia en el tenis masculino. En Punto de Break, repasamos las paradas de un viaje para recordar.

Aterrizaje en los Andes | Viña del Mar

La sensación de atarse las zapatillas después de 221 de cautiverio. La adrenalina recorriendo los recovecos de 185 centímetros a puro nervio. Volver a sentirse tenista. Reencontrar la felicidad en el fluir del ácido láctico por las piernas. Un hambriento deportista alimentándose de competición. Un antídoto para el espíritu. Viña del Mar no es entregarse ante Horacio Zeballos. Verse remontado por primera vez en una final de arcilla. Es terminar una semana sintiéndose capaz de corretear entre los límites de una cancha. Volver a valorar poder mantener la vertical y lanzar el cuerpo con cierto vigor. El renacimiento deportivo. En esa fatídida cordillera de infausto recuerdo deportivo, es volver a encontrar la vida. Viña del Mar es convertir la incertidumbre en meras dudas. Viña del Mar es la base de la pirámide. Viña del Mar es volver a sentirse jugador.

Metal entre los dientes | Sao Paulo

Sao Paulo es tomarse el proceso con calma. No entrar en desesperaciones. Ser consciente de las limitaciones y el surgimiento de rugosidades donde habitualmente habría un firme pulido. Aceptar entregar mangas ante perfiles de retaguardia en superficie predilecta (pulsos a tres sets ante el 78 y el 111 sobre tierra batida). Brasil es controlar las prisas y domar el hambre que se esconde entre los pensamientos. Sao Paulo es respirar profundo y asumir que la tarea se haga esperar. Sao Paulo es el primer título al regreso. Volver, ocho meses después, a colocar las fauces en un cetro. Sao Paulo es reactivar el gen ganador.


La primera gran sacudida | Acapulco

Con la inercia del primer título, el mallorquín vuela en México. El aviso del vendaval por desatar. El incremento de nivel y situar las piernas ante un reto de mayores dimensiones. Acapulco es catar alguna esfera noble para empezar a medirse en perspectiva. Llega el primer partido ante un top4. Y, con él, las dudas sobre si el pulso llega demasiado pronto. Apenas en el tercer torneo a su regreso Nadal deja en dos juegos a Ferrer en una final para el recuerdo. Es una demolición deportiva con todas las letras. Acapulco es el primer gran rugido de un gigante dormido.


Bautizo de cemento | Indian Wells

Poner la yema en el suelo y notar hervir la piel. Cuando Nadal pone la zapatillas en el Valle Coachella pisa cemento en dinámica 346 días más tarde. Es el reencuentro con un viejo conocido. Es, también, la culminación de una primera etapa. Un regreso medido sin asumir más riesgos de los necesarios. En California, el balear sella la primera parte de una reinserción estudiada. Torneos cada vez más exigentes sobre arcilla culminan en el cambio de superficie. Indian Wells es sentirse con la confianza suficiente para ejecutar la transición al cemento. Indian Wells es no competir en cemento durante 11 meses y ganar un Masters 1000 tirando por la borda a tres top10 de forma consecutiva. Es sobrevivir a un Del Potro que, tras inclinar sucesivamente a Murray y Djokovic, atiza en modo 2009. Pero Nadal levanta la mano. Indian Wells es el aviso de que esto puede no terminar en la arcilla.

Las pupilas de Belgrado | Montecarlo

Es el torneo marcado. Aquí se quiere llegar en plena condición física. Es, también, el duelo al alba. El reencuentro con la némesis. Y clavar la rótula. La primera vez que Rafael cruza la mirada con el número 1, apenas en el segundo mes de gestación, Nadal pestañea. Y lo hace pisando su superficie predilecta, sobre un territorio sagrado. Novak, ávido por levantar los fantasmas de 2011, se convierte en el primer tenista de la década capaz de derrotar a Rafael sobre la arcilla de Montecarlo. El balear, en plena reinserción, tiene motivos para relativizar la derrota. Pero no deja de ser una cesión ante la némesis con Roland Garros en el horizonte. Montecarlo es tener opciones de ganar el segundo set y dejar pasar el tren cediendo en dos mangas. Una potencial bomba de confianza entre dos hombres con un solo destino en la capital francesa. Montecarlo es calibre del camino por recorrer.

El apósito del hogar | Barcelona

La respuesta a una herida abierta. Cuando Rafael respira en la Ciudad Condal, cuando lanza el cuerpo en su club, lo hace horas después de dar su brazo a torcer con Djokovic en la reserva monegasca. Eso es, un territorio vedado, lo que defiende en Cataluña. Barcelona es evitar que Montecarlo se convirte en una bola de nieve. Controlar las emociones y aceptar los pasos en falsos como parte de un proceso. Rafael responde ganando el torneo sin entregar un parcial. Encontrando en atmósfera acogedora un entorno perfecto para no desviar el rumbo de la nave. Barcelona es atenuar la transición hacia el corazón de la temporada. Barcelona es apretarse las muñequeras para bajar al barro.

Motor de verano | Madrid

Cuando Rafael toca el cielo en la capital de España, deja caer el cuerpo contra la alfombra de arcilla. Cae a plomo, desbordado por la emoción. Se revuelca hasta dejar caladas las prendas de pellas. Es un gesto poco habitual en el mallorquín, habitualmente reservado al Grand Slam. Y no en todas sus conquistas grandes. Indian Wells es importante, pero Madrid es capital en la temporada. California, con renuncia a Miami, es horquilla entre giras. Madrid es corazón de curso. Motor subiendo de revoluciones sin lugar al respiro. Rendir en Madrid es lanzarse al núcleo de la tierra batida montado en un torrente de confianza. Volver a sentirse poderoso en el tramo caliente. Madrid es vencer a Ferrer tras rozar dos bolas de partido en contra. Triunfar tras contemplar de cerca el desfiladero. Resistir hasta vencer. Madrid es Nadal es estado puro.


Tez imperial | Roma

Ya no hay vuelta a atrás. El año está lanzando. Los torneos, encadenados como eslabones, conforman una cordillera para escaladores elegidos. Un coloso tras otro. Y la necesidad de respuestas se incrementa. Roma es alcanzar incandescencia en el momento justo. Es el último torneo antes de Roland Garros y ya no valen medias tintas. La última impresión antes de abordar París. Y Rafael responde abriendo las fauces. Quizá sea el cuadro más irrespirable de toda la temporada. Tres top6 (Ferrer, Berdych, Federer), junto a Gulbis y Fognini. Nadal traga todo el barro encontrado, hasta cerrar el torneo con una contundente victoria sobre el suizo. Al margen de ello, es una constatación. Tras la daga clavada por Djokovic en Montecarlo, responde con un pleno de triunfos (15-0) ante de llegar a París. Ya como número 1 del año. Roma es rasgarse la camisa y apuntar a París con el torso descubierto.



Rugido al número 1 | Roland Garros

El gran objetivo de Djokovic volando por los aires. Roland Garros es convertirse en el primer tenista de la Era Abierta capaz de ganar ocho ediciones de un mismo grande. Acumular más majors en su vitrina que el resto de españoles juntos en la historia. Pero, sobre todo, destrozar la gran ambición de un número 1 del mundo. Verse cómo Djokovic extiende por primera vez un pulso en arcilla al quinto parcial, ir a remolque en el acto decisivo y apretar los dientes hasta revertir la situación en un quinto set de 16 juegos. Con el recuerdo de Montecarlo en la cabeza, habiendo servido para ganar en el cuarto parcial y habiendo fracasado en el intento, la insistencia de Nadal rompe los esquemas del hombre referencia. Es sacar el oxígeno de los pulmones de Novak y desatar el demonio interior del serbio. Bramar en su rostro. Roland Garros es romper el corazón de Novak Djokovic.


La última reválida | Wimbledon

Si hay un torneo que termina de dejar claro que Rafael Nadal recuperará el número 1 del mundo es el Grand Slam británico. No por el momento en sí, sino por su reacción posterior. Es el regreso al último escenario previo a la lesión. Y el resultado es idéntico. El balear inclinado de manera prematura por un hombre de retaguardia. En una superficie que exige jugar más flexionado de lo habitual, con la consiguiente tensión extra para el tren inferior, el mallorquín ha naufragado en tres de sus últimos cuatro pulsos. Renuncia a competir en Halle. Tras una tortuosa gira de arcilla donde juega todo lo posible, no llega preparado. El torneo soñado desde niño le escupe de la competición. Wimbledon es una prueba de fuerza para Nadal. El definitivo test de voluntad. Por primera vez en su carrera Nadal cede en la ronda inaugural de un Grand Slam. Está invicto desde entonces. Un nuevo golpe asumido. Wimbledon es el Rubicón.

El asalto de la guarida | Montreal

Bajo el cielo de Canadá se asiste a un episodio premonitorio. Quizá la última prueba para certificar que Rafael Nadal llega de verdad para recuperar la posición de privilegio en la disciplina. La pista dura norteamericana le sirve en bandeja un cruce de semifinales con Novak Djokovic. Montreal es llevar tres años sin batir al de Belgrado en cemento y salir a morir en la pista. Una colisión portentosa de igual a igual. Montreal es cobrarse las cuentas pendientes de 2011 y culminar la insinuación de la final del Abierto de Australia 2012. Navegar en un partido de ida y vuelta. Ganar el primer set, ceder el segundo y contemplar como el tercero desemboca en un tiebreak. Como en Miami 2011 donde Djokovic, tras sentar a Nadal en Indian Wells, convierte su dominio en tendencia. Montreal es apretar los dientes hasta el último punto viendo cómo Novak, en circunstancia repetida esta temporada, se desinfla en el momento decisivo. Montreal es someter a Djokovic en pista dura. Montreal es asaltar la guarida del número 1.



Doblete histórico | Cincinnati

Dentro de una temporada con múltiples prismas de estudio, Ohio alberga una narrativa incierta para Rafael. Se le ha visto capaz de competir de tú a tú con los hombres referencia en cemento (dos cornas de Masters 1000, incluyendo triunfos sobre Berdych, Del Potro, Federer y Djokovic). Ahora debe demostrar que es capaz de rendir contra sí mismo. Y eso para por mostrarse habilitado para competir durante semanas consecutivas en cemento. Habiendo renunciado a Miami tras ganar Indian Wells, sin jugar en segunda mitad de 2012 y retirado en Miam durante 2012, es algo que no hacía desde 2011. Rendimiento sostenido en pista dura como garantía de articulaciones resistentes. No sólo lo consigue, sino que termina ganando el torneo atravesando un averno (Dimitrov, Federer, Berdych, Isner). Ganar Canadá y Cincinnati es algo que ningún tenista en activo había logrado. Son cinco los Masters 1000 en su poder, récord histórico. Meses antes se dudaba si volvería a ser competitivo. Cincinnati es colocarse como número 1 de facto.



El último parapeto | US Open

Djokovic ha mostrado estrías en cada superficie durante 2013. En arcilla fue incapaz de domar el gran objetivo del año: ganar Roland Garros. Sobre hierba, recibió un holgado correctivo: cayendo en 3 sets ante Murray en la final de Wimbledon, por primera vez sale de una final de Slam sin ganar un parcial. Sobre cemento, un hecho difícil de creer a principios de año: ninguna final jugada en los primeros cinco Masters del año. Campeón de Australia y presente en las últimas seis finales de Grand Slam en la superficie, tiene en el formato a cinco mangas sobre cemento su último refugio. Pero Nadal completa la amenaza. Si en la final de 2011 Rafael juega un tercer set a futuro, soltando la mano para mostrar que tiene soluciones a medio plazo, en la final de Australia 2012 sólo el pulso decisivo más largo de la historia permite a Djokovic respirar. Completamente desatado, incluyendo un primer colosal -un auténtico zarandeo al número 1- Rafael inclina al serbio en cuatro mangas. Nueva York es coger el báculo de mando en el tenis masculino. Destacarse con más de 3.000 unidades como líder del año y sellar una nueva etapa de mando. Rivalidad virada. Nueva York es la coronación del nuevo rey.



La daga en la mantequilla | Pekín

En la ciudad China, la misma que contempló al balear subir al pináculo del deporte cinco años atrás, se produce la recogida de los frutos. "Uno no persigue el número 1. Eso no es un objetivo. Uno siente que lo es o no lo siente" concedía el mallorquín haciendo caso omiso del ordenador. Más allá de que el sistema indicara que unas centenas de unidades marquen el escalafón, el orden estaba establecido. Llegando a la final de Pekín, matemáticamente el paso estaría dado. Allí se ha plantado Nadal, sobreviviendo a un cuadro con interesantes espinas, tras cabalgar en el desfiladero ante Fognini. La retirada de Berdych en semifinales ponía en sus manos la llave del primer peldaño. Ocho meses después de su regreso a competición, el circuito da a luz a su nuevo número 1. Un trabajo extenuante. Pekín es la plasmación del sudor derramado.

La cita | "Vencerse a sí mismo es tan grande hazaña, que sólo el que es grande puede atreverse a ejecutarla"~ Calderón de la Barca.

También te puede interesar:

¿El mejor regreso tras lesión de la historia?

Comentarios recientes