Finales en Pekín y Tokio

Nadal frente a Djokovic y Del Potro frente a Raonic. China y Japón y sus respectivas finales

No hubo sorpresas. En las tierras del sol naciente, los pronósticos se cumplieron y las finales de cada evento tendrán un emparejamiento de máximo interés y talento inividual. Si en Pekín un lesión de espalda hacía abandonar a Tomas Berdych mientras era dominado por Rafa Nadal, 4-2, y Richard Gasquet no pudo con Novak Djokovic, en Tokio, Del Potro y Raonic, vencedores frente a Almagro y Dodig, disputarán una final de vértigo sobre suelo nipón. No se puede pedir más.

Con el pertinente interés de observar si hoy sábado 5 de octubre de 2013 sería el día en que Nadal recuperaría el número 1 (no lo será hasta el lunes día 7), saltan el tenista mallorquín y Tomas Berdych a pista para dirimir un choque de estilos y maneras de interpretar la pista, la raqueta y la pelota. Con 4-2 el checo solicita la entrada del fisio para tratar su espalda pero tras cuatro puntos y un 15-40, decide abandonar al no encontrar mejoría. Nadal vuelve a pisar una final en 2013, la decimotercera en 14 torneos, en el mejor año de su vida deportiva. Se recuerdan aquellas palabras de Djokovic en las que más o menos decía que "en la era de Federer y Nadal, tienes que ganar casi 50 partidos consecutivos para ser número 1". Parece que Rafa ha recogido el guante para exclamar figuradamente que "en la época de un grandioso jugador como Novak Djokovic, hay que dibujar un récord de 65-3, con 13 finales, para ser número 1 del mundo".

El serbio, desde el lunes numero 2 del ranking, vence cómodamente a Gasquet en dos mangas y vuelve a citarse con Rafa, en el enfrentamiento número 38 entre ambos. Una rivalidad que puede pasar del medio centenar sin sorprender apenas y que volverá a demostrar que atesora el tenis más competitivo que hay en el mundo. Nole, que no levanta un trofeo desde Montecarlo, precisamente, y vencedor, ante el balear, no maneja la inercia y el dominio psicológico ante el español. Pero no anda lejos. Nadie juega con cartas marcadas y sólo el contexto puntual del partido, estando Rafa inmerso en una racha impresionante, será el juez que dicte el resultado. Si bien Nadal no compite la segunda mitad de 2012, el serbio no vence a l español sobre pista rápida desde la final del Open de Australia. Sin los cinco sets en los que habitualmente ambos jugadores se citan en los bordes de la lógica y lo desconocido, a tres sets seguramente veamos otro notable encuentro, vease el ejemplo reciente en Montreal, uno de los mejores partidos del año.

En Tokio el interés no le va muy a la zaga. Uno de los muchos avatares de esta época actual, a diferencia de tiempos no tan pasados, es la cantidad de perfiles de enorme envergadura y físicos potentes. Del Potro, que representa mejor lo primero y se vence en ocasiones un tanto en cuanto a lo segundo, a cuenta de un físico muy particular y delicado, sigue mostrándose enormemente competitivo en cualquier circunstancia. Es un talento de los de verdad. Un ganador que siempre deja la puerta abierta al debate de tener los mimbres para ser un aspirante a todo. Posee esa grandeza que en día importante da un paso al frente aún sin estar en su plenitud física y/o tenística. Un enorme competidor que apea a Almagro en dos tie breaks para jugar su final número 22. Un competidor que de sus 21 finales gana 15; un notabílisimo porcentaje.

Enfrente la única realidad entre las nuevas generaciones, que mejora cada año, que repunta desde un cierto estancamiento durante 2013, de la mano de un Ivan Ljubicic que despierta en Milos Raonic un cierto nervio competitivo que viene observándose en el joven norteamericano. Amparado en la velocidad de toda pista dura que puebla el circuito, que es mucha y variada, su talento para golpear en parado y ponerse de drive siempre que puede, queda cerca de garantizar un desempate que muchos firmarían.

Será una final a priori cerrada, pues Raonic ha mejorado su bagaje en partidos de máxima exigencia y tal aprendizaje templará mejor los nervios en una final ATP. No son ambos jugadores talentos repletos de variantes, con lo que pegar con acierto o poner bolas extra en puntos más abiertos, parecen dos claves tan obvias como determinantes. La más importante: las bolas de rotura. Un break es como el 1-0 en fútbol o 10 puntos de ventaja en baloncesto. Una brecha valiosísima.

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