Joao Sousa, campeón en Kuala Lumpur

El luso, que entrena en Barcelona, inaugura su palmarés ATP World Tour con 24 años

Joao Sousa se proclamó campeón del torneo de Kuala Lumpur al derrotar al francés Julien Benneteau (2-6 7-5 6-4), inaugurando de esta manera su palmarés en ATP World Tour. El de Guimaraes, de 24 años y base de entrenamientos en Barcelona, logra así el primer título ATP en la historia del tenis portugués. Del mismo modo, proyectado en las inmediaciones del top50 tras comenzar el año fuera de las 100 primeras raquetas, Joao será el jugador mejor clasificado que jamás haya visto el tenis luso.

El pulso llegó a estar en el filo de la navaja para los intereses de Joao, quien fue a remolque en el primer tramo del encuentro llegando incluso a tener que levantar una pelota de partido (2-6 4-5). No obstante, en la que era su primera final ATP, el luso supo dar la vuelta al marcador hasta terminar coronado en territorio malayo.

El portugués, de juego sólido y temperamento anudado, sigue completando una segunda mitad de temporada notable. Signo de la maduración que está experimentando un hombre mentalmente más estable que antaño, sus resultados desde el mes de julio arrojan signos de evidente crecimiento profesional, fundamentalmente en lo que se refiere al dominio del cemento. Lejos de esa arcilla donde ha mamado las raíces de la disciplina.

Así, en sobre el asfalto de la ciudad que le vio nacer, logró el primer torneo Challenger de su carrera sobre superficie dura. En Winston Salem superó una fase previa en un evento ATP World Tour sobre cemento (cosa con un solo precedente en su trayectoria). Su mejor resultado en un Grand Slam llegó en el US Open (donde sólo Djokovic le privó de alcanzar la segunda semana) y la pasada semana, en escenario cubierto, selló en San Petersburgo su primera semifinal ATP.

El pulso librado en Malasia también sirve para ahondar en las heridas de Julien Benneteau, quien cuenta por derrotas cada una de las nueve finales individuales de ATP World Tour disputadas hasta la fecha. En esta ocasión, con el veneno acumulado de ocho oportunidades perdidas, tuvo la opción de morder metal apenas a una pelota de distancia. La esencia de tenis, que impide especular y obliga a seguir ganando hasta el último punto, terminó dictando sentencia en su contra.

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