Arruabarrena: "Estoy recuperada en todos los aspectos"

La tolosarra, semifinalista en Seúl, describe a Punto de Break cómo ha recobrado sensaciones tras un año complicado

Son dos pupilas que apuntan al espejo en busca de respuestas. Un ejercicio de reencuentro con el antiguo yo. Cuando Lara Arruabarrena (Tolosa, Guipúzcoa; 1992) trota hasta convertirse en semifinalista de Seúl vuelve a sentir cómo las piezas del puzzle empiezan a encajar como antaño. Entre marzo y junio, sometida a reposo debido a una mononucleosis, la vasca apenas puede disputar un encuentro. Eso son tres meses de dudas y, sobre todo, pérdida de sensaciones. Bajo el intenso calor de la capital surcoreana, sin embargo, la tolosarra encuentra el refresco en el sudor que le empapa el rostro. Con la llegada del otoño vuelve a hilar victorias, algo inédito desde la primavera. De vuelta en el top100 y tras firmar el mejor resultado de su vida sobre cemento Lara, en declaraciones a Punto de Break, afirma estar completamente recuperada.

Superado un trastorno que reduce los límites de fatiga, aunque ella jamás reconoció sentirse especialmente cansada, Arruabarrena cierra el puño en partidos que superan las dos horas. Si es capaz de transpirar, es capaz de llevar su cuerpo al límite. Pero, sobre todo, es capaz de competir durante largos períodos de tiempo anudada a automatismos hasta hace poco desactivados. Cuestión nada baladí al ver que su tortura veraniega está plagada de encuentros cedidos en dos mangas y ausencia frecuente de tacto.

Bajo un sol de justicia, un entorno que castiga los cuerpos con una humedad tremenda, Arruabarrena responde en Seúl. Lara, que sólo se entrega ante la número 4 del mundo, la polaca Agnieszka Radwanska, sale de territorio surcoreano sabiendo que el nivel vuelve a estar bajo las muñequeras. Lara cierra una semana de reconquista personal. Con victorias sobre Elina Svitolina, actual #40 del mundo y uno de los valores jóvenes punteros, o Alexandra Dulgheru, antigua top30, el tenis va recuperando a uno de sus valores emergentes.

Ocho derrotas en diez partidos. Eastbourne, Wimbledon, Budapest, Bastad, Toronto, Cincinnati, New Haven, US Open,... un vía crucis que apenas deja cinco cinco sets ganados en cinco meses de competición. Eso es lo que presenta Arruabarrena al anudarse las zapatillas en Seúl. Un caminar en el desierto capaz de drenar el ánimo del más optimista. Una circunstacia que golpea de lleno un espíritu picapedrero. "Lleva una vida de monja, completamente dedicada al deporte" definiría en su día su antiguo entrenador Antonio Capella. Ella, uno de los rostros elegidos por la candidatura olímpica de Madrid 2020 para mostrar al mundo el potencial de la juventud deportiva española, ve cómo los frutos de su compromiso, de repente, se le escapan de las manos.

En plena primavera, conforme el circuito se encamina al corazón de la temporada, Lara recibe un mazazo en forma de mala noticia. Una palabra maldita en el circuito atormenta sus pensamientos: "Tengo mononucleosis". Lo arrastra desde Australia, en enero, pero no le es diagnosticado hasta el mes de abril. "No me he sentido especialmente fatigada" reconocerá entonces. De hecho, la semana previa a su parón gana un torneo de dobles en la localidad polaca de Katowice.

Eso rompe su gira de arcilla. Renuncia a Marrakech, Madrid, Roma, Roland Garros,... Los eventos punteros de la que hasta hoy es, pese al convencimiento de su entrenador Albert Torrás en que el principal brillo vendrá en cemento, la superficie más fructífera de su incipiente trayectoria.

Sin embargo, es un parón que duele por lo inesperado y por el momento en que sucede. Un alto en el camino que rompe su ascenso en la disciplina. Ella, la única tenista española capaz de levantar competiciones WTA individuales en las últimas dos temporadas (Bogotá 2012, Cali 2013) se ve obligada a pisar el freno. Detiene la que debe ser su primera campaña WTA a tiempo completo. Después de brillar en la arcilla colombiana, días después de lograr la victoria de su vida ante Vinci (primer triunfo top16), de pelear con Sharapova por los cuartos de final en Indian Wells, de que Conchita le brinde la opción de debutar en Copa Federación con España nada menos que para devolver al país al Grupo Mundial,... Días antes de alcanzar el mejor ranking de su vida (#70).

Todo eso queda en borrosas notas del cuaderno. La intensidad de California va perdiéndose en el recuerdo, la opción de defender los colores nacionales queda en una renuncia forzada y la clasificación va cubriendo de arena el nombre de la tolosarra, hasta hacerle entregar más de 40 peldaños.

En lo negativo, no obstante, siempre hay espacio para la lectura optimista. Y Lara toma esta experiencia como una fuente de inspiración personal. "El parón me ha servido para darme cuenta de que muchas veces no he sido consciente de mi buen estado de forma. Y, por lo tanto, no lo he valorado lo suficiente. Más que durante el parón, lo he sentido después, al entrar en pista otra vez a competir, cuando me he sentido físicamente mal y sin ningún tipo de sensaciones en los golpes. Ahora lo he vuelto a recuperar todo", confiesa consciente del paso dado en Seúl.

Ir más deprisa no implica necesariamente llegar antes. Tener presente esta premisa es realmente importante. Particularmente en un alma joven como el de Lara, estandarte a sus 21 años del relevo generacional español, que lleva meses sin sentirse la jugadora que puede ser. Imaginen el ímpetu que recorrerá el interior de una deportista que suma dos victorias desde marzo y, de repente, lucha por jugar una final ante la cuarta raqueta del mundo. Especialmente en una disciplina individual donde el competidor, a diferencia de modalidad en equipo con calendarios prestablecidos, tiene la potestad planificar su hoja de ruta.

La confección de un calendario inteligente, atendiendo a las circunstancias del momento, es una variable a gobernar con cabeza. Y el momento de Lara, pese al gran papel en territorio coreano, le pide tomar temperatura de competición. Saber dibujar un escenario largoplacista sin dejarse llevar por un resultado puntual que desborde el entusiamo del horizonte cercano. Mantener fría la cabeza conforme el calor va llegando al brazo. Un ejercicio de equilibrismo emocional. La vida es una sucesión de decisiones, y los extremos nunca fueron buenos.

Así, tras alcanzar en Seúl uno de los resultados más importantes de su vida en pista dura, Arruabarrena decide que su gira asiática ha terminado. Aún teniendo por delante algunos de los eventos más prestigiosos del año en la superficie. No podía trotar en el Premier 5 Tokio, donde debía poner los pies en la fase de clasificación el viernes. Tomó la decisión de borrar su nombre de Pekín, coloso de la máxima categoría WTA, donde la presencia de las raquetas más bravas podía acortar su camino.

"En este torneo ya me he vuelto a sentir con nivel. Cosa que hasta ahora no había conseguido, así que debo hacer lo que esté en mi mano para seguir mejorando" se confiesa con pragmatismo la competidora vasca desde el otro lado del globo.

Es momento de recoger los bártulos y poner rumbo a los siguientes torneos. Asimilar lo conseguido pero, por brillante que sea la última huella, poner de inmediato la mente en el siguiente paso. Cuando su labor en terreno asiático ha terminado, conforme cae la tarde en Corea del Sur, la tolosarra desgrana su estrategia. "He renunciado a estos torneos para jugar eventos de menor categoría y coger ritmo de competición" apunta desde Seúl la tolosarra en declaraciones a Punto de Break. "Así que mañana (por el domingo) vuelvo a España, donde voy a jugar los torneos de Val de Uxó (30 septiembre - 6 octubre) y San Cugat (7-13 octubre) -ambos ITF de 25.000$-".

Arruabarrena se refugia en territorio conocido para terminar de relanzar su regreso. Recuperada su plaza en el top100, no se le caen los anillos por bajar de nuevo al barro de los torneos ITF si así lo requiere la circunstancia. Es un movimiento de humildad y criterio estratégico. Dos torneos en casa, con la tranquilidad de competir en un entorno favorable. Primero en Castellón y después en una Cataluña donde se entrena desde lo 16 años, culminando el curso muy cerca del Centro de Alto Rendimiento de San Cugat donde trabaja desde hace más de un lustro. Momento de afianzar una posición que le asegure cuadro final en el Abierto de Australia y abordar 2014 desde una situación similar al momento del parón inesperado. Lara y su reencuentro.

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