Tita Torró: "Me siento más cómoda en pista dura"

La de Villena, quien firmó en Tashkent en su primera semifinal WTA, asegura ir encontrando acomodo en la superficie preponderante

Tita Torró alcanzó en sobre el cemento del International de Tashkent (Uzbekistán) sus primeras semifinales WTA. En un torneo donde se ha plantado en el penúltimo peldaño sin haber cedido parciales, inclinando a la vigente campeona (61 75 a Begu - algo inédito en su trayectoria WTA), sometiendo con autoridad a la tercera cabeza de serie (63 60 a Meusburger), antes de ceder ante la principal favorita (26 26 ante Jovanovski) en la penúltima ronda del torneo. Jamás avanzó tanto en un evento WTA. Y lo hizo en una superficie no del todo acunada. Es, en definitiva, una semana para sacar lecturas por parte de la de Villena.

"Viniendo de España, básicamente soy una jugadora de tierra batida y me siento muy cómoda en esa superficie. No había tenido resultados muy positivos en pista dura la pasada temporada, pero ahora estoy comenzando a sentirme mejor sobre cemento. El año pasado ya vine aquí. No me sentía gusto con el estilo de juego". Acostumbrarse a los viajes largos como requisito de madurez. "Es el segundo año para mí en el continente asiático, me voy encontrando más cómoda y me voy acostumbrando al estilo de impacto plano y más rápido de las chicas" concedió sobre el avance notado. Es un discurso escueto pero certero. Porque marca algunas de las principales horquillas de crecimiento de la joven española, muy consciente de sus márgenes de mejora.

Es una superficie a gobernar por Tita el cemento. Una pista donde factura más derrotas que victorias (16-18) hasta la fecha en su carrera y donde debe ir dando ese paso al frente para asentarse en el circuito profesional. En su primera temporada WTA a tiempo completo, la incidencia del cemento va creciendo, a la par que lo hace la entidad de las rivales. Es un curso de búsqueda de sensaciones nuevas, de calibración personal ante una trayectoria deportiva que florece. Sin prisa pero sin pausa, tratando de aprovechar cada torneo para empaparse el alma de experiencia. Y en esa experiencia, el rodaje en pista dura es vital para su futuro.

Torró Flor prepara una derecha en el WTA International de Tashkent

Un año donde ha podido estrenarse en los enclaves más prestigiosos de la superficie. Visitando plazas como Indian Wells o Miami, pudiendo acudir por vez primera al Abierto de Australia y completar una gira preliminar por tierras oceánicas, acudir al cuadro final de Nueva York con un rodaje previo en sitios como Cincinnati o New Haven, antes de abordar su segunda gira asiática, fase del curso donde una gra primavera-verano 2012 le permitió ir metiendo la cabeza el pasado otoño en dinámica de circuito WTA.

Como indicador de progrresivo acoplamiento, ha logrado sellar triunfos sobre la superficie en tres de sus últimos cuatro torneos sobre cemento, algo inédito, cerrando triunfos ante perfiles más rodados como Tsvetana Pironkova (antigua octavofinalista en US Open), Marina Erakovic (campeona en Memphis y múltiple finalista en WTA de cemento) o Irina-Camelia Begu (defensora del título en Tashkent) o Yvonne Meusburger (treintañera con experiencia en finales WTA).

Una mujer que ha pasado de acumular títulos ITF a bregar en los cuadros del Grand Slam, se encuentra con la realidad de la competición. En 2012, tuvo una previa de major como roce con la élite más destacado. En 2013, ya inserta entre las cien primeras raquetas, debut en los cuadros finales de todos los grandes. Y, en mitad de ese cúmulo de estrenos, sus primeras victorias. Roland Garros, Wimbledon y US Open le vieron no amilanarse hasta salir de sus recintos con victorias bajo el ala. Incluyendo el evento neoyorquino, donde selló su primer triunfo en Slam sobre cemento. También, una incursión en la pista más grande del mundo. El Arthur Ashe, su primer incursión en una pista central de un major, quizá el escenario de mayor resonancia del mundo. Allí, también sobre pista dura, un bautismo de fuego. Son latigazos propinados y recibidos en la superficie. Un poso que debe de ir asentando.

En las últimas cuatro temporadas, prácticamente tres cuartas partes de su actividad (110 de sus 162 encuentros) han tenido lugar sobre polvo de ladrillo. Es una proporción que imposible de mantener en la cumbre de la disciplina. Siquiera sostener la mitad de ese porcentaje se antoja complicado. Inmersa en plena competición de circuito WTA, donde el cemento copa la mayor parte de las citas, el gobierno de este suelo es una de las asignaturas pendientes de la villenense en su establecimiento como competidora a tiempo completo en el escalón noble de la disciplina.

Es una transición seria. Adquisición de madurez por puro impacto. Competición bajo la piel a base de experiencia no siempre agradable. Eso es crecer. No es más fuerte quien da el mayor golpe, sino el que es capaz de encajar un mayor número sin inclinarse. Ahora Tita no va a encontrar salvaguardas en forma de entornos amistosos. Las giras en tierra batida se van a recudir a un par de meses por año. Se acabaron los refugios en polvo de ladrillo. Las rachas como la lograda en 2011, invicta entre mayo y agosto hilando más de una treintena de triunfos sobre arcilla pasan a ser, por motivos puramente logísticos, una cosa del pasado. Ese refugio entre polvaredas desaparece del mapa. En ese sentido, soltarse deportivamente en la pista de cemento es vital para su desarrollo profesional.

Tita compite en el cemento de Hobart, donde logró en modalidad de dobles su primer WTA

Es, también, un reto táctico. Su estilo de juego presenta grietas suturables en polvo de ladrillo. Torró ha crecido en un entorno que le permitía atenuar sus puntos débiles ante las acometidas de las rivales una vez detectados los agujeros. Ahora se sumerge en un entorno con varios filones abiertos: unas superficies menos condescendientes para con sus defectos y un enfrentamiento periódico ante rivales más experimentadas. Y, por tanto, más sensibles en la detección de debilidades.

¿A qué desafíos le sitúa el cemento? La mayor rapidez de la pista no le permite cubrir con la derecha como en el polvo de ladrillo, de manera que la necesidad de mejora en el revés se acentúa. No va a tener tanto tiempo de reacción para desplazar la carrocería, de modo que una mejorable movilidad va a verse expuesta en mayor medida. Su servicio, lejos de ser imponente, precisa de un mayor porcentaje que en arcilla para marcar diferencias. Allí, sobre el suelo pastoso, la superficie agarra unos efectos que ayudan a generar autoridad. Sobre pista dura, no es el caso. Esa pista prima la potencia y no la rotación imprimida en la esfera. Tita va a tener que aprender por necesidad.

Los problemas no se solucionan huyendo de ellos sino asumiéndolos y encarándolos de frente. Tomando el mando de la situación en lugar de salir por peteneras. Eso es lo que va a encontrar Torró en cemento. Un exposición permanente a situaciones incómodas. Un trasiego frecuente fuera de su zona de confort. Una experiencia ácida que le debe curtir el carácter y agudizar su capacidad de resolución de problemas. Eso es sinónimo de madurar. Y en un deporte donde el componente estratégico-táctico como el tenis debe generar unos esfuerzos destinados a consecuencia de crecimiento. Debe ayudar a forjar una competidora más completa.

Una mujer alta cuya vertical se estira por encima de los 170 centímetros, con argumentos de potencia marcados principalmente en el flanco de derecha, de alguna manera se adecúa al arquetipo de jugadora moderna. Puede poco a poco trasvasar su juego a la pista dura dentro de ese patrón de tenis a tres golpes en ciertas fases del partido. No va a ser su propuesta principal, pero es una alternativa que entra dentro de sus posibilidades.

Tashkent, donde la de Villena firma su primera semifinal WTA, analizado de manera objetiva no representa el nivel real del circuito sobre pista dura. Después del US Open, con la resaca de un Grand Slam y ocho meses de competición en las piernas de las principales raquetas, el evento uzbeko ofrece uno de los cuadros más modestos de todo el curso. Ni siquiera presenta una cuota destacable de primera línea de retaguardia. Es un cuadro yermo de top50, donde la primera cabeza de serie ocupa el 58º peldaño del escalafón femenino. Pero para Torró, ávida de aprendizaje, puede ser una llave de confianza a la hora de sumar experiencia en pista, tomando el pulso a la temperatura de pelota que exigen este tipo de superficies.

También, como ella misma reconocía, el mundo se hace más grande. Los requerimientos de un calendario a tiempo completo supone romper costuras geográficas. Toca romper el cascarón del Viejo Continente y abrirse a una hoja de ruta que abarca todo el globo. De California a Nueva Zelanda pasando por Roma. Ya no habrá racimos de torneos que desbrozar en el corazón de Europa, recorriendo apenas unos centenares de kilómetros para acumular terreno en las zapatillas. Eso, hasta cierto punto, tiene un componente de comodidad. Ahora toca lidiar con los cambios horarios, una nueva variante a tener bajo brida. Con la visita a lugares nunca antes explorados. A las experiencias nuevas. En definitiva, ampliar nuevos horizontes y saber manejar todo lo que ello conlleva.

Es una año de transición para Tita. De perder poco y aprender todo. De cara a un 2014 que debería ser de consolidación en el circuito. Este tipo de torneos no deben suponer sino un acicate necesario para tolerar las exigencias del próximo curso. Ir ordenando el esquema mental para aceptar los retos de una dieta de cemento. El asentamiento fuera del hábitat natural. Bajo la tutela de su mentor César Fábregas, el hombre encargado de ordenar las ideas, Tita Torró avanza en pista de cemento. Mejoran las sensaciones.

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