US Open 2013: Nadal, el competidor definitivo

Rafael Nadal derrota a Novak Djokovic en el US Open en cuatro mangas en una final de enorme nivel.

Se le va larga a Novak Djokovic. Al otro lado el tiempo se detiene y Nadal cierra el partido y su decimotercer Grand Slam sobre un cemento erosionado. 6-2 3-6 6-4 6-1. Con Rod Laver en la grada del Arthur Ashe Stadium y casi 25.000 personas de pie para despedir un lunes nocturno vestido de locura, una rivalidad que cuenta 37 episodios de muchos finales y toda condición se precipita a un lugar nuevo que nos parece común. Dos tenistas imborrables que marcan renovados límites psicológicos haciéndolo posible otra vez.

Qué decir. De nuevo Djokovic y Nadal paran el mundo para que puedan subirse todos a una epopeya de costumbres, cosas esperables y tiros no conocidos. Comienza la final del US Open. Sirve Novak Djokovic. El primer set parece corresponder a los pronósticos y su continuo debate. Nadal viene de hacer un mejor torneo, está invicto sobre la superficie y su modelo de juego está anclado a cada músculo. Nole sobrevive al revés de Wawrinka y llega a rebufo, con sensaciones por calibrar, con las apuestas en su contra. Escenario y contexto que le hacen muy peligroso. Nadal salta a la pista de una pieza, con un tren inferior trabajado específicamente para generar mayor potencia en sus golpes, desde el golpe de cadera. Djokovic pretende responder a todo. Dos héroes.

Novak está a la expectativa. Pega descompensado, muy pendiente del viento que dibuja la arquitectura de una pista construida en vertical. Cuando juega a la izquierda del juez de silla, Jay Gardner, se le va la mano y no controla la esfera. Tiene el viento entrándole por todos sitios. Y él no entra en el partido. A un pegador plano le cuesta dominar la variable viento, y Rafa, un maestro del arco y la comba, ordena efectos que no encuentran dificultad para salvar la red contra las ráfagas de aire. Rafa no concede absolutamente nada. Con 14 errores no forzados para el de Belgrado, Nadal se va a cuatro, con siete golpes ganadores y la mirada cerrada en su saque. Lo prepara a conciencia y en connivencia con su tío Toni. “Búscale siempre la derecha, y con segundo, el cuerpo; y de vez en cuando varía”: Nos podemos imaginar un consejo parecido. Es Nole el mejor restador o uno de los mejores. Puede que aún así no le valga al balear, pero es su plan. 6-2 con un Nadal más que notable en la primera manga.

Seguimos imaginando cosas esperables. Les conocemos. Novak va a subir el nivel y va a tomar riesgos. Nadal termina el partido declarando que “Novak es el tenista que lleva mi tenis al límite”. Más que eso. Djokovic lleva al límite a la física, la lógica y la propia disciplina. Ajusta su drive en el lado de pista que le estaba afectando y literalmente manda a Nadal a defender sobre el muro. Rafa lo devuelve todo, exigiendo cuatro o cinco golpes ganadores por punto a un Novak que rompe el servicio con un punto para el baúl. Rafa le había pedido la excelencia o el fin. Y Djokovic, que es un tenista colosal, firma el excelente con bombas a las esquinas. Pega con el alma porque con menos se va para casa. Rafa hace el contrabreak para que el balcánico vuelva a romper y saque para igualar el partido. Lo iguala. 3-6.

La intensidad del duelo sigue en máximos. Posicionalmente Novak gana el centro y las líneas para seguir con el motor embragado en sexta. Rompe y se va al 3-1 en una exhibición que sólo el número 1 puede hacer sostenible en un contexto de adversidad. Esto es muy largo. Dar sentados veredictos en choques tan prolongados y tan cerebrales no procede. Por eso Nole remonta, en su superficie. Y Nadal vuelve a citarse con la ciencia y la fe. Nos lo creemos porque lo hemos visto muchas veces pero pasa algo en la Arthur Ashe. Cada punto importante, cada juego interminable, de alternativas y puntos extenuantes, se los lleva Rafa, que por momentos es un grado desconocido de infalibilidad. Es Jordan encestando tiros sobre la bocina. Terreno de la mente. Del 1-3 pasamos al 4-3 y un 6-4 que deja el partido botando a la espera de que Novak Djokovic tenga algo que decir, como hizo en Roland Garros este año. Como en Australia 2012.

En los próximos 10-12 puntos nos dice la retórica que esa remontada en pleno huracán serbio había derribado cualquier atisbo de resistencia en Djokovic. Era un punto de inflexión; una rampa en bajada con Rafa a punto de bajar hasta el final. Esto no se le escapa a un competidor que eleva el listón de tal circunstancia a otra cima: competir es sinónimo de Nadal. Cierra el partido con un 6-1 desdibujado. Ha vuelto a levantar un partido que parecía destinado a un 2-1 con un Djokovic sobresaliente. Alcanza su título de Grand Slam número 13, a uno de Pete Sampras, a cuatro de Federer. Y se echa a llorar como si fuera Roland Garros 2005. Sólo un deportista que arranca con 18 años y en la cima se mantiene diez temporadas arriba sin comenzar su declive. Las múltiples lesiones han reseteado mental y físicamente su existencia. En su cabeza, una llama natural, producto de una pasión que probablemente no tenga semejante hasta el día de hoy. Ya lo dijo el propio Novak: “es el competidor definitivo”.

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