US Open 2013: final femenina - Azarenka vs Serena

Número 1 y 2 del mundo, reeditando la final de 2012, se disputan en Nueva York el último Grand Slam del año

Serena Williams y Victoria Azarenka cruzarán en la final de US Open. Será la reedición del partido decisivo de 2012, alzado por la norteamericana de manera dramática después de que la bielorrusa sirviera para coronar Flushing Meadows. Williams, tetracampeona en Nueva York, jamás ha defendido un cetro en La Gran Manzana. Victoria nunca ha tumbado a Williams en un Grand Slam. Será un reto inaudito para ambas. Las dos mejores raquetas del mundo frente a frente.

Antes de abrir batalla en Nueva York, Victoria apunta sus objetivos en La Gran Manzana. “Mi única meta en el US Open es el título. Todo lo que no sea salir campeona no me hará feliz. No voy a parar hasta conseguirlo. Soy una ganadora y voy a salir ahí fuera a lograrlo”. Ahora tiene a apenas dos sets de distancia lograr ese sueño.

El aspecto que sitúa a Victoria por encima del resto de jugadoras reside en la creencia en el triunfo sobre Serena y en su voluntad en no aflojar en ningún momento ante Williams. Dos virtudes que rara vez se observan en otras competidores tienen una presente constante en los pulsos que plantea la bielorrusa. Mentalmente es una mujer renovada. Atrás queda aquella muchacha que confesaba sufrir en pulsos que se estiraban por encima de la segunda hora, que sacaba la lengua para mostrar su desesperación o gritaba sin cesar solicitando explicaciones a su banquillo. Ha endurecido la corteza siendo capaz de encajar multitud de golpes durante los encuentros. Es una transformación clave para su rendimiento.

El escenario de Grand Slam, pese a no haber registrado victoria alguna en ellos ante Williams hasta la fecha, es un horizonte donde Victoria históricamente ha competido con garantías ante Serena. Tradicionalmente nunca ha padecido el miedo escénico al cruzar miradas con la estadounidense. Pero en las mayores plazas de la disciplina, esa tendencia se acentúa. Incluso antes de su eclosión en jugadora de élite, Azarenka ha apretado las tuercas con fuerza. Así fue en Australia 2009, obligada a retirarse tras haber gobernado la primera manga. O en Australia 2010, forzó a Serena a desplegar la mayor remontada en Grand Slam (4-6 0-4) de su vida, o en la semifinal de Wimbledon 2012, jardín de Williams, donde apenas un punto les separó de un set decisivo. O el pasado año en el US Open, donde Victoria llegó a servir para ganar el torneo. No hay precedentes cómodos para Williams en Grand Slam. Y los majors, que copan dos de sus cuatro derrotas en el curso, están siendo sus escenarios de mayor vulnerabilidad.

No obstante, en Nueva York no se está viendo a la Serena displicente de Cincinnati. No hay rastro de esa mujer que parece no querer estar en pista. Todo lo contrario. Williams ha sido un tren en marcha camino de la final. Mostrando esa voluntad generada en el semana a semana bajo la égida de Mouratoglou. Esa filosofía donde cada partido cuenta sin importar el calibre del evento o la altura del rival. No ha cedido un set, y ocho de las doce mangas disputadas se resolvieron con 6-0 ó 6-1. Incluyendo auténticas palizas ante Carla Suárez y Na Li en las últimas dos rondas. Es una Serena incandescente. Si llegar activa ante Azarenka era necesidad, llega con sobredosis de virtuosismo al pulso.

Habiendo sufrido durante la semana, la bielorrusa encara el encuentro en dinámica ascendente. Tras victorias muy trabajadas ante Cornet e Ivanovic, con problemas notables al servicio pero sacando esa solidez mental para llevar a su terreno las fases calientes de los encuentros, Azarenka encontró el nivel necesario en los cuartos de final (Hantuchova) y semifinal (Pennetta). Siendo capaz de dictar desde el primer tiro, restando con la autoridad tradicional, calentando poco a poco un vulnerable servicio, rápida de piernas en la reacción,… armas necesarias para poder hacer frente a Serena.

Azarenka, que disputa su cuarta final consecutiva sobre suelo duro, sigue haciendo del cemento un escenario fetiche donde mantener una palabra a tener en cuenta en las conversaciones. Dos veces campeona de Australia, llegó a servir ante Williams para ganar la última edición del US Open. Siempre rindió en los pulsos decisivos sin dejarse llevar por la grandeza del entorno. Al trotar sobre la Arthur Ashe, muchas certezas recorrerán su mente. El escenario no será nuevo. Ni la rival. Ni la posibilidad de cerrar la final en caso de que se presente. Todo eso, afortunadamente para la europea, ya es experiencia vivida bajo sus zapatillas. Trotará sobre terreno quemado cuando busca su tercera corona de Grand Slam bajo los focos de Nueva York. Puede ser bueno, conoce lo necesario para abordarlo. O puede ser malo, si le vienen a la cabeza reminiscencias fantasmagóricas en los momentos de la verdad. Necesitará estar fría de mente en todo momento.

Ser la misma Azarenka que tumba a Serena en Doha sabiendo que el expreso estadounidense le ha arrebatado virtualmente la primera posición del ranking, poniendo fin a su reinado. La misma Azarenka que en Cincinnati, pese a restar ante la mejor sacadora del circuito, es capaz de voltear la situación para asestar un golpe psicológico ante de desembarcar en Nueva York. En definitiva, la misma Azarenka que aprieta los dientes en cada colisión frontal con la mujer referencia. Ser una Azarenka tenaz, y esperar. Siempre esperar.


Tácticamente Azarenka presenta los argumentos necesarios para mantener un pulso incómodo ante Serena. Sin llegar a partir la esfera, es capaz de penetrar con profundidad la pista, situando las esferas cerca del fondo con consistencia para evitar que Williams pueda dictar con frecuencia bien metida en pista. Es capaz de tolerar un ritmo de pelota infernal, gracias a una movilidad excelsa y un armado compacto y rápido de golpe, clave ante la mujer más potente del circuito, de manera que puede girar a Williams, poniéndole a la carrera y evitar que impacte en estático de manera frecuente. Y es una de las mejores restadoras de la disciplina, quizá la que mejor responda en entregas abiertas, vital para hacer frente a los ángulos de servicio que tiene a abrir la estadounidense. Viene mostrando una tendencia creciente para ejecutar acciones en mitad de pista, interesante la voluntad de una número dos del mundo por reconocer áreas de mejora y seguir introduciendo variantes. En su débil servicio, si Serena sigue tan activada, puede tener una brecha preocupante.

No hay que engañarse. Si Serena Williams muestra un nivel de exigencia alto, ni siquiera la número 2 del mundo puede detener su avance. No obstante, el historial de encuentros entre Serena y Victoria están plagados de pulsos cerrados. Y no solamente de tentativas no consumadas como en el caso de la amenazante Na Li. Si no de triunfos crecientes en la bolsa de Azarenka. Esta temporada, la bielorrusa logró sus dos primeros triunfos ante la menor de las Williams. Llega invicta en cemento (2-0) al pulso. Y ahí reside su grandeza. Quizá sean triunfos amarrados aprovechando actitudes displicentes de Serena, pero es la voluntad por mantener apretado el partido, esa capacidad de mantener el marcador igualado la que le dio esas victorias. Parece algo baladí, mínimamente exigible para una deportista de élite, pero es algo que muy pocas tenistas parecen dispuestas/capaces de hacer ante Serena.

Para Victoria, ganar el partido supondría batir por primera vez a Williams en gran escenario. Abrir el curso con un balance abrumador ante la americana (1-11) y cerrarlo con cierta contundencia a su favor (3-1). Sería sacarse una espina del alma y mandar un mensaje sobre cemento (estaría ganando sus tres pulsos recientes en la superficie). Decirse a sí misma que su creencia ante Williams tiene fundamento.

Para Serena el partido tiene un calado histórico. No se trata únicamente de la defensa de una corona. Es mucho más que proteger el título logrado ante la pista más grande del mundo doce meses atrás. La menor de las Williams se encuentra ante la opción de cercar el terreno en el escalafón de mayores devoradoras históricas. Una victoria situaría a Serena con 17 títulos de Grand Slam. Apenas a un cetro de Navratilova y Evert en la historia del deporte, quedando a cinco de la líder en tales suertes: Steffi Graf. Una opción de seguir sumando y escalando en esa lista eterna. Suficiente estímulo para afilar las uñas.

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