US Open 2013: el mejor Nadal

El balear, invicto en cemento, llega a la final en Nueva York para medirse a Djokovic por el último grande del año

Esto no es un hombre, es un demonio. Sucede a la velocidad de la luz. Rafael Nadal derrota a Richard Gasquet (6-4, 7-6, 6-2), accede a la final del Abierto de los Estados Unidos, su decimoctavo partido por el título en Grand Slam, se convierte en el jugador español con más victorias de la historia (642, por lo que supera a Manuel Orantes), y pide cita con Novak Djokovic para discutir el próximo lunes el título de campeón en Flushing Meadows. Será un pulso apasionante. Una guerra que medirá a los dos mejores tenistas del planeta con el último grande de la temporada en juego. El mallorquín, invicto en cemento durante 2013, llega bendecido tras mostrar en su sexto partido en la gran manzana un síntoma repetido desde principios de agosto: este Nadal, que concatena las coronas de Indian Wells, Montreal y Cincinnati, está jugando el mejor tenis de su vida sobre pista rápida, el terreno que históricamente más le ha costado dominar.

El partido arranca con el cemento aún caliente, marcado por las huellas de la batalla que Djokovic y Wawrinka han dejado tras más de cuatro horas de semifinal. Eso es un calvario para los que aguardan el momento de saltar a pista. La espera en el vestuario se hace eterna. Nadal y Gasquet, concentrados desde antes del primer partido de la jornada y preparados para competir desde que Wawrinka hace suyo el tercer set, contemplan como el duelo entre suizo y serbio se enreda para decidirse en el quinto set. Eso dispara una catarata de preguntas. ¿Afectará la demora? ¿Cuánto pesarán los nervios contenidos antes de salir a pelear por una plaza en la final del último Grand Slam de la temporada? ¿Quién habrá gestionado mejor ese tiempo muerto?

Pronto queda claro. Nadal no entiende de medianías. Aparece avasallando. Consigue romper de entrada en la primera manga, por lo que condiciona el desarrollo de la misma desde el principio, y gobierna en ella a lomos de su servicio, invulnerable durante todo el torneo. Pega, pega y pega sin pararse a dudar. Eso le lleva a sumar 13 golpes ganadores, buscando siempre las líneas, tratando de ser el primero de los dos en elevar la voz, inhabilitando cualquier atisbo de reacción de Gasquet. Este Nadal, que dispara y luego pregunta, ha aprendido a aceptar las leyes del cemento para dominar igual que en tierra batida. Así conquista el primer set, quebrando al francés desde el inicio.

Igual sucede en la segunda, donde el número dos mundial comienza robando el saque a Gasquet. Allí, sin embargo, emerge la mejor versión del francés, ayudado del viento que forma remolinos sobre la pista más grande del mundo. Escudado en las condiciones climatológicas y en un estado de gracia pasajero, Gasquet logra lo que nadie: romper el servicio a Nadal tras 73 juegos consecutivos ganados desde que empezó el torneo, 88 desde Cincinnati. Ese le sirve para hacer dudar a Nadal, que muestra su cara más humana, y llevarle a un desempate donde se decide el segundo finalista del torneo neoyorquino.

Allí, en la muerte súbita, se impone Nadal. Allí utiliza bolas altas y pesadas que caen sobre el revés de Gasquet como la noche sobre el día. Pese a la renovada fiabilidad del francés con el golpe a una mano, Nadal busca empujarle hacia el fondo, sacarle de su posición natural, para rematar el punto con una derecha hacia la otra cruceta. Es la táctica que repite una y mil veces. La que le lleva a desarbolar a su rival y hacer suyo el partido en un tercer parcial plácido y sin más historia que la doble falta con la que Gasquet entrega el encuentro al balear y el pase a la última ronda del torneo.

Nadal, que no podrá ser número uno del mundo gane o pierda la final porque la victoria de Djokovic en semifinales así se lo impide, llega a su tercer partido por el título en Nueva York tras caminar sobre una alfombra. Por primera vez, y ante el serbio, su bestia negra durante unos meses que le costaron tener hoy un currículo mucho más amplio, el español es favorito en un partido disputado sobre cemento. Eso son palabras mayores que reflejan el estado del balear. En Nueva York, en la final del US Open, Nadal contra Djokovic. El partido más repetido en toda la historia (37 ocasiones), por el último título grande del curso.

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