US Open 2013: detalles de las semifinales masculinas

Repasamos algunas de las narrativas que rodean la penúltima ronda del Grand Slam estadounidense

Novak Djokovic, Rafael Nadal, Stanislas Wawrinka y Richard Gasquet completan las semifinales del US Open 2013, buscando en Nueva York el billete al séptimo partido del último Grand Slam de la temporada. Bajo los focos de Flushing Meadows, las cinco mangas sobre cemento van dictando sentencia y marcando de manera terminal a todo aquel con trazas de fatiga. Cuatro hombres para dos puestos y una pelea a desatar.

En Punto de Break, junto con los análisis de ambas semifinales (Rafael Nadal v Richard Gasquet / Novak Djokovic v Stanislas Wawrinka) repasamos algunas narrativas que rodearán la actividad de ambos duelos. El US Open alcanza sus rondas decisivas. Solamente los más fuertes mantienen la vertical.

El récord de Djokovic | En caso de que el balcánico logre inclinar a Wawrinka habrá colocado su nombre en lo alto de la leyenda del cemento. La historia le señalará como el único hombre de la disciplina capaz de haber firmado siete finales consecutivas de Grand Slam sobre pista dura, alternando viajes al último peldaño entre Melbourne y Nueva York. Entre el US Open 2010 y el US Open 2013 no habría faltado en primera persona a la ceremonia de clausura de ningún major en la superficie. Eso son cuatro temporadas manteniendo un nivel de élite. Haciéndolo además, por añadir más valor a la gesta, en tramos delicados del curso: apenas en la tercera semana de competición, con el motor aún frío tras la pretemporada; y caminando en modo septiembre, con ocho meses de actividad cargando las piernas. Un auténtico devorador defendiendo su coto privado de caza. Su registro rompería la marca establecida por Ivan Lendl entre 1982 y 1987 en Flushing Meadows (Australia se jugaba sobre hierba hasta 1987), y con quien ahora comparte honores históricos en este sentido. Sería un espaldarazo mental para un hombre que ha visto amenazado su reinado. Porque es ahí, en el formato a cinco mangas sobre canchas de asfalto, donde encuentra el de Belgrado el último parapeto deportivo en la temporada.

Vuelta a 2012 | Una final Nadal v Djokovic devolvería al circuito a una época anterior. Tampoco se habla de un retroceso a pintura rupestre, pero desde luego sí precedente a esa emergencia del duopolio Londres-Belgrado que con cierta premura, descartando al factor Manacor en baja deportiva, se ha podido llegar a describir. Si Novak y Rafael solventasen sus semifinales ante Stanislas y Richard, respectivamente, los número 1 y 2 del mundo volverían a cruzar sus cornamentas en una final de Grand Slam sobre pista dura. Es decir, los dos hombres más dominantes de la disciplina retomarían sus pulsos en las definiciones de los torneos más importantes sobre la superficie prevalente. Esto, que tuvo lugar en el US Open 2011 –consolidación definitiva de Novak- y en el Australian Open 2012 –reacción no consumada de Rafael-, era lo que sucedía antes de que Murray eclosionara en múltiple campeón de grandes coincidiendo con la baja del mallorquín –stop del escocés en tres semifinales grandes durante 2011-. De nuevo comandando ambos las listas, podrían comenzar a copar otra vez las grandes finales de cemento. Ya lo hicieron en Montreal, uno de los colosos en superficie de la gira preliminar a Flushing Meadows. Cruzar miradas en Nueva York, sobre la pista más grande del mundo, supondría convertir el factor en tendencia.

¿100 servicios sin roturas? | El mallorquín llega a las semifinales de Nueva York sin haber cedido ninguno de sus 67 juegos al servicio, estirando su marca de impenetrabilidad al saque hasta los 82 games si tenemos en cuenta el torneo de Cincinnati como inicio de tal registro. ¿Puede dar continuidad a esa solidez al servicio y llegar al centenar de consolidaciones consecutivas? Desde luego, su pulso de semifinales ofrece un terreno abonado para dilatar la marca. Gasquet ha sido incapaz de quebrar el servicio de Nadal en cinco de sus últimos seis encuentros más recientes, y eso incluye el pulso disputado en la ronda inaugural del US Open 2009. El mallorquín que apenas ha necesitado lidiar con seis pelotas de rotura en todo el torneo (promediando una cada doce juegos de servicio –es decir, menos de una cada dos mangas) ya tiene el récord en la Era Abierta conquistando el grande estadounidense con menor cantidad de roturas (cinco quiebres en 2010; registro compartido con Andy Roddick). Un Rafael de planteamiento directo, con menores niveles de velocidad que el de tres años atrás pero igualmente imponente con las entregas, camina inescrutable en Flushing Meadows. El primer tiro de fondo, siempre agresivo ahora desde el impacto de apertura, termina de hacer definitivo su control al servicio. Para un hombre alabado por sus destrezas de devolución, la opción de amarrar cien saques al hilo sobre pista dura. Si la grandeza de un deportista se mide por la capacidad de superación, ésta es una buena prueba.

Mantenimiento del trono | Novak compite atado a una responsabilidad: proteger un sueño en la ciudad que nunca duerme. El número 1 del mundo puede dejar de serlo. Por primera vez desde que recuperase el trono de manos de Roger Federer el pasado mes de octubre, el de Belgrado acude a un torneo con la posibilidad de ceder la posición referencia en el circuito. Un hombre que parecía intocable al frente de las listas meses atrás, corretea con un patrón de caducidad martilleando en la conciencia. Rafael Nadal, líder holgado en la clasificación de la temporada, es el hombre que puede ocupar ese puesto al salir de Flushing Meadows. No obstante, las riendas de dicho movimiento dependen de las manos de Djokovic. Alcanzando la final neoyorquina, algo que viene logrando sin error desde la campaña 2010, habrá cerrado el candado en el escalafón masculino durante su estancia en La Gran Manzana. El serbio, que se encuentra al borde de alcanzar el centenar de semanas como hombre referencia, algo sólo logrado por ocho hombres desde la instauración de las listas oficiales, y a tan sólo cinco semanas de superar la permanencia de Nadal en tal posición, necesita una victoria ante Wawrinka para asegurar su pervivencia en tales esferas. Evitar el síndrome de Ícaro y continuar volando.

Hueco para un segundo debut | En una época de abrumador dominio en las grandes citas por parte de un ramillete de oro, apenas ha venido quedando espacio para rostros distintos a los del big4 en las finales de Grand Slam. De los últimos 34 títulos de Grand Slam tan sólo en una ocasión, Juan Martín del Potro en 2009, ha sido capaz de incluir su nombre en la lista de campeones al margen de los Federer, Nadal, Djokovic y Murray. Se antoja improbable ver un nuevo perfil como campeón en este US Open, pero queda más abierta la opción de un primer finalista de Grand Slam. La temporada 2013 ya contempló a David Ferrer estrenarse en tales lides sobre la arcilla de Roland Garros. Que Richard Gasquet o Stanislas Wawrinka accedieran al último peldaño en Flushing Meadows subiría a dos la cuota de debutantes en finales de Grand Slam durante la temporada. Algo que no se ve, y precisamente en los mimos escenarios que podrían darse en 2013, desde 2009 con el ausente Söderling (Roland Garros) y Del Potro (US Open).

El mayor premio jamás observado | Rafael Nadal surca el cemento de Nueva York en busca de una recompensa monumental. Esta temporada, otorgando al campeón del torneo una suma de 2.6 millones de dólares, el US Open entrega el premio más cuantioso a nivel económico que jamás repartió un torneo. En el caso del mallorquín la cifra puede ascender a niveles mareantes. Haberse convertido en el único jugador en activo capaz de gobernar el doblete compuesto por los torneos de Montreal y Cincinnati, colosos de la gira preliminar sobre pista dura, le convirtió en campeón de las US Open Series 2013. Amarrar tal honor le atribuye la posibilidad de añadir un millón de dólares en su bolsa de ganancias en caso de conquistar el título de Grand Slam en Nueva York. Por tanto, estaríamos hablando de que el premio de un hipotético Rafael campeón en Flushing Meadows ascendería a 3.6 millones de dólares. El cheque más voluminoso jamás visto en el deporte de la raqueta. El balear se encuentra a un partido de poder correr con semejante estímulo en juego.

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