US Open: Pennetta explota en Nueva York

La de Brindisi, superada una operación de muñeca y sin ceder un set, se planta en sus primeras semifinales de Slam

En Nueva York, una revolución. Pennetta, recuperada para la causa, tumba a Vinci (6-1 6-4), la 13 del mundo, para con 31 años acceder a su primera semifinal de Grand Slam. Es el grito al cielo de una mujer inconformista. La superación de un lastre físico hasta alcanzar la frescura. Pennetta, que parecía abocada a un descender sin frenos tras una operación de muñeca, se reencuentra deportivamente en el momento justo. Sobre la pista más grande del mundo, en uno de los escenarios de mayor resonancia del panorama deportivo, la italiana saca un orgullo de otro tiempo. En La Gran Manzana, ante los ojos de un Flushing Meadows que se despereza a la espera de las fases decisivas, un puñetazo encima de la mesa.

Porque antes de que Schiavone fuera campeona de Grand Slam o de que Vinci y Errani fueran caras italianas punteras en el individual y referencia en la modalidad de dobles, allí estuvo Pennetta. Flavia fue la primera mujer italiana capaz de romper las barreras del top10 en un país dominado actualmente de manera incontestable por las féminas. Vinci, que optaba a tal honor en caso de victoria, ve frenados sus esfuerzos por la pionera. Flavia, esa mujer de sonrisa fácil y juego fluido, que también mantiene la plusmarca de victorias hiladas (15) entre sus compatriotas, vuelve a pisar con fuerza.

Flavia Pennetta ejecuta una volea en Flushing Meadows

La pupila de Salva Navarro, que tiene la delicadeza suficiente para agradecer a Gabriel Urpi –el técnico con el que compartió media vida- sus servicios prestados en el pasado, vuelve a retumbar en las altas esferas del circuito femenino.

“Es increíble. Estoy muy contenta. De verdad que me cuesta creerlo”. Es Flavia Pennetta, calado en sudor el vestido, hilando sus sentimientos en una letanía de frases cortas. Feliz, radiante el gesto, brillan sus ojos al sol de Flushing Meadows. Le cuesta articular palabra para describir una obra repentina. Acaba de recoger, a sus 31 años, la llave para disputar el partido más grande de su trayectoria individual.

Es un resurgimiento deportivo sobrevenido. Pennetta, a la que una lesión de muñeca le llevó a posar el cuerpo en la mesa del quirófano, un factor que le seca el caminar entre agosto y febrero, dando paso a seis meses entre rehabilitaciones y esperas en la sombra, acude a Nueva York en condiciones de duda. Pennetta, que se planta en La Gran Manzana con el ranking más bajo en agosto de los últimos 6 años, sin balance positivo en la temporada (17 victorias por 17 derrotas conforman su caminar), firma el mejor resultado de su carrera deportiva. Unas semifinales de Grand Slam en circuito individual.

Observando los puntos anteriores se puede pensar en una apertura tremenda del cuadro. Un camino aclarado en beneficio de una deportista en aparente declive tras un severo contratiempo físico. Ella, que fue top10 se encuentra fuera de las 80 raquetas más destacadas del circuito. Ella, que vive de soltar la mano vuelve tras reparar una muñeca rota en mil pedazos. Los condicionantes para forjar una recuperación son escarpados. Pero nada de terreno removido.

La de Brindisi acumula diez presencias en el US Open

Esto es lo que supera Flavia en su camino al penúltimo peldaño: una escalera sin concesiones. Sara Errani, Svetlana Kuznetsova, Simona Halep y Roberta Vinci como frente de oposición. Es decir, una antigua campeona del torneo, la mujer de moda en el circuito y las dos primeras raquetas de Italia. Un transcurrir por el averno desde los primeros compases del torneo. Partidos de exigencia máxima, siempre ante campeonas WTA, que Flavia atraviesa sin ceder una manga. Cuatro cabezas de serie, autoridad desde el primer día, bajan la cabeza ante el poderío de la de Brindisi.

Es, también, la reconciliación de Flavia con el cemento neoyorquino. Donde en 2008, la emoción del estreno, pisaba por vez primera unos cuartos de final de Grand Slam en modalidad individual. Donde en 2009, alcanzando de nuevo el antepenúltimo peldaño, competía en un Slam por vez primera anudada a un ranking top10. Y donde en 2011, en una de las imágenes más dramáticas de su carrera, termina vomitando en pista ante Sharapova fruto del esfuerzo derramado en un pulso para el recuerdo. En ningún otro sitio como en Nueva York voló con tanta soltura la italiana.

Pennetta, que camina sobre la tercera década, encuentra acomodo en un torneo histórico. De los que acogen los nuevos tiempos de tenistas veteranas e historial generoso. El segundo Grand Slam de la Era Abierta –es decir de los últimos 45 años- que reúne a tres semifinalistas con la treintena en las piernas. El sumar de los años no es un impedimento en la era más profesional de la disciplina. Tampoco los peajes físicos de limitada gravedad. En una época donde el foco en la recuperación física gana enteros, donde los jugadores se rodean de equipos cada vez más frondosos, una lisiada no es una víctima a olvidar. El circuito, rodeados los tenistas de camaradas, es un pelotón militar. Y nunca se deja atrás a un soldado herido.

Flavia fue la primera tenista italiana capaz de abordar el top10 WTA

Es una insurrección a la jerarquía nacional impuesta. Anudada a un tenis agresivo, cuando el torneo aún se despereza, aprovecha para sorprender a la consistente Sara Errani. La incontestable número 1 de Italia, top5 y vigente semifinalista en Nueva York, claudica ante el empuje de la de Brindisi. En el partido que le da la llave al pulso más grande de su vida, ante Vinci, la segunda de a bordo del tenis azzurro, una nueva imposición de caudal ofensivo.

Uno de los golpes más bellos del tenis femenino surcando el aire a todo correr. Es el revés paralelo de Pennetta brillando sobre bajo el cielo de Nueva York. Una virtud táctica exprimiendo las bondades de una superficie rauda: la tremenda habilidad de Flavia para abrir la pista con el patrón cruzado y lanzar el láser con la variante paralela. Es un golpe que fluye, profundo, imposible una y otra vez para Vinci. Un buen servicio termina de lanzar a la de Brindisi. Marca el punto diferencial ante una Roberta, habitual maestra en la construcción variada, extrañamente ofuscada a nivel táctico. Pennetta, tan fría que por momentos parece pedir calma a su propio palco –cambio de papeles que deja perplejo al que observa- es un ciclón que no atiende a laberintos.

Llegada al penúltimo peldaño, haciendo saltar por los aires cualquier pronóstico, el techo queda más cerca que el propio suelo. Pennetta, que llegó a caer por debajo del top150 mediado el verano, ha asegurado en Flushing Meadows, al menos, sobrevolar entre las 40 primeras. Hay luz al final del túnel. Vuelve a sonreír la italiana del sur. La expresión '¡Forza Flavia!' vuelve a cobrar sentido en el circuito. Una grande giocatrice.

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