Historias del día 8 en el US Open

Repasamos otras de las narrativas destacadas durante la octava jornada de competición

Repasamos algunas de las imágenes más bellas de la octava jornada en el US Open, acompañando a algunos de los principales protagonistas sobre el cemento de Nueva York. El último major del curso, entre cielos encapotados y leves interrupciones de lluvia, comienza la segunda semana con intensidad.

Una navegación entre sombras, la ciega confianza en una propuesta, el adiós de una irrupción, el regreso de una antigua dama, la captura de un tren en marcha ,... Diversos retazos de una primera jornada neoyorquina que pasamos a resumir.

Ferrer, un metrónomo - En el Día del Trabajo, el obrero más rudo centrado en la tarea. David, que llegaba a Nueva York con sensaciones cruzadas después de que un descanso para sanar su tobillo drenara el ritmo de sus piernas, se planta en la ronda de los ocho mejores. Es la normalización del triunfo, el sentimiento de pertenencia a un estrato superior. Sin caminar a su mejor nivel, la insistencia del alicantino le lleva de nuevo a pisar a las rondas calientes. Ya son ocho Grand Slam consecutivos los que le acunan, al menos, entre sus cuartofinalistas. Eso son dos temporadas sin dar un mal paso prematuro en los escenarios nobles. Dos temporadas que coinciden con el caminar sobre la treintena en el caso del levantino. Llegando a un punto de madurez notable en los últimos cursos de su vida profesional. Con la espalda marcada a latigazos, con el alma arañada de quedar cerca una y mil veces pero levantarse de nuevo. Resulta paradójico que un hombre rinda mejor cuantos más palos acumula entre las ruedas. Es el caso de Ferrer. Ante Tipsarevic, en un encuentro que reeditaba el pulso más dramático de 2012, nueva apelación a la casta deportiva. Casi cuatro horas en las piernas para someter al serbio(7-6 3-6 7-5 7-6) y volver a tener la opción de entrar entre los últimos cuatro hombres con pulso en Flushing Meadows. No es el mejor Ferrer, pero opta a repetir su mejor resultado. Es lo mejor de Ferrer.

La aventura de Vinci – Es la tranquilidad bajo el paraguas de lo versátil. La calma que otorga el disponer múltiples planes para resolver unas cuestiones dadas. La capacidad de elegir serena el alma. No hay dependencia a un plan B, sino todo un abecedario con el que construir una retórica convincente. Así, tras ceder ante Safarova el único set entregado en el torneo, levanta el encuentro perdonando apenas tres juegos. Del mismo modo, tras recibir una tormenta de ganadores fruto del ímpetu inicial de la joven Giorgi (una ventaja de 0-4 alzaría Camila) reconstruye el partido hilando doce de los últimos catorce juegos (6-4 6-2 derribará a su compatriota). Así, en definitiva, sin caer presa de ataques de pánico, construye su caminar en La Gran Manzana. Es una apologeta de la paciencia y la cabeza fría. El coser punto a punto la propuesta a través de una maraña de redirecciones y efectos. La artesana de Taranto, un prodigio de reflejos agudos y muñecas elásticas, coloca sus zapatillas en los cuartos de final de Nueva York por segunda temporada consecutiva. Un ‘premio’ en el horizonte. Cuando salga a competir el miércoles, buscará el partido más grande de su trayectoria individual: su primera semifinal de Grand Slam. También, a sus 30 años y tras 13 temporada de profesionalismo, la llegada a una meta: el ingreso en el top10. Es, que a nadie se le olvide, número 1 del mundo en dobles. Élite en ambas modalidades. Versátil hasta en eso.

El destape de Giorgi – Es un torrente desatado. Un planteamiento cercano a lo suicida buscando un hueco entre lo desconocido. Una mujer cuya convicción de rompe y rasga ya ha causado estragos en Wimbledon, firmando segunda semana en 2012, encuentra acomodo en Nueva York. Pegadora impenitente, asume el alto riesgo inherente a su estilo para seguir navegando. Directamente, parte la pelota. No mira hacia atrás. Revienta las esferas con una contundencia admirable. Su partido ante Wozniacki, desgarrando uno de los parapetos más firmes del frente femenino, merece la ovación. Desde la fase previa hasta los octavos de final, seis victorias para lanzar un ranking. Un esfuerzo que valdrá un salto superior a las 50 posiciones en el escalafón WTA. Dos semanas para garantizar un hueco entre las primeras 80 raquetas del mundo. Eso es, claro, una invitación a entrar a tiempo completo en la dinámica del circuito WTA.

El resurgir de Pennetta – Es el retorno a un terreno explorado. Dejada atrás una lesión de muñeca que determinó visita al quirófano, Flavia ha vuelto en Nueva York con vigor renovado. Su camino hasta la antepenúltima ronda del Grand Slam americano no está exenta de peligros. Razonablemente, la de Brindisi ha desbrozado el sendero más espinoso de todas las cuartofinalista. Errani (número 1 nacional), Kuznetsova (antigua campeona de US Open), Halep (mujer de moda en el circuito),… Tres encuentros escarpados solventados sin la entrega de un solo parcial. Por cuarta vez en su carrera la tenista de Brindisi entra en la ronda de las ocho mejores en Nueva York. Mostrando una determinación por pulir dos de los grandes grises más marcados en su historial deportivo: la agresividad y una mentalidad dispuesta para el partido apretado. Así, con relación a la primera, se agujerea parapetos como los propuestos por las rivales italiana, rusa y rumana mencionadas. De igual modo, respecto de la segunda premisa, recupera una situación límite ante Halep (un parón por lluvia de cuatro horas detiene el empuje de la rumana con bola de set a favor para forzar un tercer parcial, permite a Pennetta salvar ese abismo antes de gobernar un sólido tiebreak, hasta terminar prevaleciendo 6-2 7-6). De parecer profesionalmente defenestrada, hundida en el ranking fuera de las primeras 150 raquetas, a encarar el pulso más importante de su vida profesional individual. La primera italiana capaz de alcanzar el top10, buscará ante su compatriota Vinci sus primeras semifinales grandes. Un ejemplo de superación.

El oportunismo de Hantuchova – Un talento es detectar una oportunidad, centrar tu atención en el objetivo y hacer todo cuanto esté en tu mano por conseguirlo. Lo hecho por Daniela en Nueva York, en cuartos de final tras inclinar a Riske (6-3 5-7 6-2) es la subida a un tren en marcha. Hantuchova no había ganado un partido en los últimos cinco Grand Slam. De repente, aprovechando un cuadro que se derrite como un azucarillo, se encuentra a un paso de las semifinales del US Open. Cuando la eslovaca observa la plantilla al comienzo de la quincena observa en el horizonte perfiles amenazantes: Stosur (antigua campeona del US Open), Petrova (uno de los servicios más duros del frente femenino), Kvitova (campeona de Grand Slam). No obstante, todos esos nombres van cediendo cual castillo de naipes. En lugar de todo eso, en vez de hilar perfiles de tal calibre, Daniela encuentra una ventana llena de aire fresco. Perfiles jóvenes sobre los que imponer experiencia y saber estar en grandes escenarios. María Sánchez, Victoria Duval, Julia Glushko y Alison Riske componen su sendero hasta la antepenúltima ronda del evento neoyorquino. Entre ellas, apenas suman tres victorias en el cuadro final de un Grand Slam antes de emprender la marcha en Flushing Meadows. Eso es una invitación para pensar en grande. Ahí se siente maestra entre aprendices la eslovaca. Aunque necesita salvar cuatro bolas de partido ante la qualifier israelí, termina haciendo valer su rodaje en escenarios de tensión. De manera imprevista, a los 30 años, se encuentra a un peldaño del partido de su vida.

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