¿Debería haber cuadros de 64 jugadores en los Grand Slam?

Las primeras jornadas de los cuadros de Grand Slams suelen ser en muchas ocasiones días de tenis realmente aburridos

¿Deberían reducirse los cuadros a 62 jugadores? Foto:google.es
¿Deberían reducirse los cuadros a 62 jugadores? Foto:google.es

Los cuadros de 128 jugadores en Grand Slams propician que sean muchos los jugadores que se paseen en las primeras rondas de este tipo de eventos, especialmente los favoritos. ¿Debería reducirse a 64 tenistas para ser más competitivos?

Que los Masters 1000 son a día de hoy mucho más atractivos (que no importantes) que los Grand Slams parece que no admite mucha duda entre los aficionados al tenis. Incluso, han sido muchos los tenistas que han dicho que ganar un Masters 1000 es más complicado que un Grand Slam. Cuadros más cortos, pero mucho más duros, público y tenistas al límite metidos al 100% ya desde la primera jornada, encuentros más reñidos y mucho más competidos forman parte de la oferta de los torneos de segundo nivel de la actual estructura tenística.

Los Grand Slams podrían disputarse con cuadros menores.

Frente a ellos, los Grand Slams. 128 tenistas, 32 de ellos cabezas de serie, inmersos en dos semanas de competición divididas en dos fases. Una primera que abarca las dos o tres primeras rondas y una segunda donde se decide el campeón que comienza generalmente a partir de los octavos de final. De la segunda nadie parece estar en desacuerdo. Los mejores frente a frente en duelos a cinco mangas en los mejores escenarios. Partidos a muerte donde decidir la gloría de un campeón que se recordará por y para siempre, audiencias altas, recaudaciones excelentes...todo es bueno.

Sin embargo, para llegar ahí existen una serie de problemas que conviene resaltar habida cuenta de no caer en posibles riesgos futuros. El más evidente, la tremenda desigualdad entre los primeros del ranking y jugadores ubicados más allá del puesto 45 o 50 de la clasificación. Una circunstancia que está provocando que los encuentros de los Federer, Nadal, Djokovic se conviertan en paseos militares donde la cuestión únicamente estriba en saber cuánto durará el duelo y qué cantidad de juegos logrará arrebatar el rival. Y es que salvo la excepción que representa Wimbledon y una superficie tan peculiar como la hierba, lo cierto es que los Grand Slams apenas dejan sorpresas en el Top 5 en las primeras rondas.

Esta edición del US Open, sin ir más lejos, ninguno de los integrantes del Top 8, salvo Del Potro, siquiera ha perdido una manga. Todos han ganado sus encuentros con pasmosa facilidad en su primera ronda y apenas han dejado un resquicio a la sopresa, ni siquiera Andy Murray, el hombre más acostumbrado a regalar algunos sets demás a los contrarios (sets que no partidos).

Ante esta disyuntiva, ¿qué conviene hacer? ¿Dejar las cosas como están o cambiar? Ambas posturas se pueden defender. Si las cosas siguen tal y como están se mantiene la esencia de los "grandes torneos", la tradición del tenis de antaño y además se premia a los tenistas más fuertes, más resistentes, aquellos que son capaces de soportar cinco sets durante siete encuentros a lo largo de quince días. Sin duda, si que hiciera modificación alguna en el sistema de competición de los Grand Slams, nada sería igual.

Pero frente a este postura, se puede pensar que las primeras semanas de los "majors" se han convertido en un tostón. Si los mejores se pasean en las pistas más importantes, la atención decrece en el aficionado medio e incluso alto, que espera impaciente la llegada de la segunda semana a la espera de ver realmente competitividad. Si encima, los encuentros igualados se juegan en pistas secundarias y en muchos casos sin cobertura televisiva, el problema se acrecienta.

Así pues, ¿soluciones? Con certeza ninguna, pero sí algunas propuestas: se puede acortar el cuadro pasando de 128 tenistas a 64 logrando de esta forma conseguir enfrentamientos más igualados desde el principio a imagen y semejanza de lo que ocurre en los Masters 1000. Se pueden reducir de cinco a tres sets los partidos de las dos primeras rondas a fin de permitir más sorpresas. Y también, y quizás, lo más lógico, se puede volver al sistema de 16 cabezas de serie, a fin de permitir choques entre un Top 20-25 con un favorito ya desde el principio.

Por supuesto, el negocio es el negocio y el dinero juega una parte importante. Quizás, por ello no interese acortar partidos al torneo ni meter un Djokovic-Berankis en una pista no central en lugar de un igualado Sousa-Dimitrov, un Istomin-Almagro o un Goffin-Dolgopolov. Pero lo que está claro es que las primeras de los Grand Slams empiezan a ser un "tostón" a considerar. Y quizás, y eso es otro debate, esa sea una de las razones por la que ver en España por televisión un Grand Slam sea tan difícil. Porque tal vez la cosa no interesa hasta que se pone seria.

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