Marion Bartoli anuncia su retirada

La francesa, de 28 años, deja el tenis dos torneos después de coronar Wimbledon

Marion Bartoli, de manera completamente inesperada, anunció su retirada del tenis. Ella, la misma mujer que 38 días atrás tocaba el cielo ganando Wimbledon, el sueño de su vida, se despide entre lágrimas del deporte que todo le ha dado y por el que todo ha entregado. "No puedo más" espeta ante la prensa tras entregarse ante la rumana Simona Halep (3-6 6-4 6-1) en su primer partido en Cincinnati, apenas su segundo torneo tras ganar Wimbledon.

Como el cirujano pinta en la piel las zonas a reparar, Marion se indica las cicatrices. El tendón de Aquiles. Un hombro. Una cadera. La espalda. Ante los presentes, los jirones que hacen de su cuerpo una estructura maltrecha. Los desencadenantes de una decisión imponente: dejar con 28 el deporte profesional tras haber alcanzado la gloria. "Nunca es sencillo, y obviamente nunca es momento de decirlo. Pero ése fue el último partido de mi carrera. Lo siento".

Marion Bartoli, campeona de Wimbledon, explica su decisión de abandonar el tenis profesional

"Es momento de retirarse. Siento que debo marcharme" explicó la gala, séptima raqueta del mundo. "Mi cuerpo no puede más. He atravesado muchas lesiones desde el principio del año" explicó. "He estado en el circuito durante mucho tiempo" comenta la única tenista que no se ha bajado una semana del top20 en los últimos seis años y profesional durante los últimos trece. "Di cuanto tenía para ganar Wimbledon. Siento que allí dejé toda la energía que guardaba en mi interio" rememora. "Hice mi sueño realidad, y eso quedará por siempre. Pero mi cuerpo ya no resiste más" se lamenta. "Hoy me dolía todo tras 45 minutos de partido. He estado haciendo esto durante mucho tiempo. Tomo la decisión debido a mi cuerpo. Simplemente no puedo más".

Entre lágrimas, con el rostro enrojecido, la gala relata sus razones al agarrar el freno de mano. Queda atrás una carrera de trece años de profesionalismo, ocho coronas a su nombre, el séptimo peldaño WTA como techo y la culminación con el cetro de Wimbledon el mes pasado. Tras ello, Marion expresó preferir marcharse en la cumbre a sufrir compitiendo por debajo de su nivel óptimo. En su opinión, sería algo injusto para con su equipo.

Habla la flamante campeona de Wimbledon con un lastre en la sombra. En todo 2013 solamente fue capaz de llevar su cuerpo una vez más allá de cuartos de final. Precisamente allí, en Londres. Sobre la hierba, su superficie fetiche, hizo bueno ese estilo de doble empuñadura inspirado en Mónica Seles desde su niñez. Desde que ocupó un asiento en la final de Roland Garros 1992 y vio cómo la tenista de origen yugoslavo, siempre abrazando el grip a diez dedos, tumbaba a Graf en un pulso dramático. El futuro ante sus ojos. Sin contemplaciones, con la agresividad por bandera, aprovechó el expolio de un cuadro yermo de candidatas (cayó Azarenka, también Sharapova, igualmente Serena e incluso Radwanska) para coger el tren de su vida.

Se marcha una de las independientes. Una tenista forjada en casa durante su juventud, alejada de academias o modernos sistemas de preparación. Anudada, en una relación intensa, de su padre: el doctor Walter. Un hombre que abandonó su carrera médica cuando descubrió que el talento de su hija albergaba trazas de campeona. Una profesional construida en instalaciones modestas, bajo la atenta mirada de su progenitor. En lugares sin calefacción donde el invierno convertía las pistas en terreno helado, obligando a su padre a esparcir arena para evitar resbalones y no suspender las prácticas.

Marion Bartoli, en Cincinnati, rompe a llorar al anunciar su retirada

Trabajando arrinconada, sin espacio en el fondo, empujada hacia la línea. Marion no podía retroceder pues plantaría la espalda en la pared. Siempre mirada al frente. De ahí su comportamiento ultraofensivo en los partidos. Ese nervio recorriendo sus entrañas expresado en una especie de trance de aspavientos y gesticulaciones sin freno.

Precisamente su padre fue la primera persona en conocer la decisión. "Le llamé después del partido y le dije: 'Sabes qué, papá, creo que fue mi último partido'. Me respondió: 'De alguna manera lo sentía. Lo sabía de algún modo. Puedo verlo en tus ojos y en tu cuerpo. Veo todo el trabajo que has hecho para hacerlo realidad. Estoy muy orgulloso de ti. Te apoyaré en todo lo que hagas' ".

Apenas ocho semanas después de gobernar su primer Slam sin ceder un set, Marion se despide y se desdice. Allí, en Londres, con la vorágine de la gloria, expresa un discurso con ambiciones a medio plazo. Se muestra convencida de poder ganar más grandes. "Estoy preparada para el desafío. Uno esta realmente bien para mí. Incluso si no vuelvo a ganar otro, todavía estaré realmente orgullosa de ello. Pero por supuesto, voy a dar lo mejor de mí para lograr más. Ahora que tengo uno, definitivamente pienso que puedo lograr más".

A doce días de abrir el US Open, apenas tres partidos después, giro de 180 grados. Anuncia su adiós. Lesionada en el abdminal, abandona Toronto. Caminando entre dolores, le desaparece en las manos un encuentro controlado en Cincinnati. Convertida en estrella, expuesta a una atención nunca vista, Bartoli baja la persiana.

Antes del torneo, una declaraciones que ahora cobran otro color. Donde se puede percibir una Bartoli consciente de haber tocado techo. "Siento que si tuviera que retirarme mañana porque algo me sucediera, sería capaz de decir que he hecho todo lo que quería hacer. Y ésa es la mejor sensación que se puede tener". "Mis sueños están fuera del tenis. Es distinto. Cuando me retire, será tener una bonita familia, tener un buen marido. Pero en lo relativo al tenis, he logrado mi sueño".

Aunque sus 28 años, en una era que cuenta con la número 1 más veterana de siempre y carreras cada vez más largas, dejan abierta la opción del retorno ella parece no dudar. Y es certera en su adiós. "Hay muchísimas cosas para hacer en la vida más allá del tenis. Seguro que encontraré algo. Simplemente necesito algo de tiempo. Todo el mundo recordará mi título en Wimbledon. Nadie lo hará de mi último partido". Habiendo clavado la pica, dejando su sello en la historia, Marion desaparece del mapa.

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