El difícil momento de decir adiós al tenis

Repasamos, aprovechando el adiós de Bartoli, algunas retiradas memorables en la historia del tenis

Pocas semanas después de ganar Wimbledon, Marion Bartoli ha decidido poner fin a su carrera tenística dejando el circuito en el que parecía su mejor momento deportivo. Situaciones de profesionales que deciden poner fin a sus carreras hay tantas como tenistas. Tan solo Steffi Graf y Pete Sampras, dos ex número 1, decidieron (más bien supieron) dejar el tenis desde lo más alto. Este es un resumen de historias de tenistas que tuvieron que decir adiós a su deporte bajo diferentes circunstancias.

El 13 de agosto de 1999 Steffi Graf anunciaba en una rueda de prensa su retirada del tenis profesional. Con 30 años recién cumplidos la tenista alemana ponía fin a una carrera tenística inconmensurable, con 22 Grand Slam en su poder y tras ganar dos meses antes su sexto Roland Garros en una final inolvidable ante Martina Hingis, y tras perder pocos días después la final de Wimbledon ante Lindsay Davenport.

"No me arrepiento de nada de lo que he hecho y tal vez mi triunfo más grande ha sido poder decidir el momento de mi retirada tras haber ganado la lucha contra las lesiones", decía la tenista de Bühl seis semanas después de que Boris Becker, otro tenista alemán de pedigrí ganador de seis Grand Slam, hubiera anunciado también su retirada tras obtener durante sus tres últimos años en las pistas muy poca gloria deportiva.

Becker, que ganó su último Grand Slam en 1996 en Australia, alargó su trayectoria profesional tres años desde esta victoria en Melbourne antes de decir adiós. Al igual que el caso de Graf, en el circuito masculino el mejor ejemplo de tenista que abandonó el profesionalismo en lo más alto es el de Pete Sampras. En 2002, con 31 años, se imponía en la final del Open USA a Andre Agassi, logrando su decimocuarto Grand Slam. Pocos meses después anunciaba su retirada tras pasar sus últimos años en las pistas con muchos problemas físicos.

No debe de ser fácil elegir el momento en el que debes abandonar un deporte que has practicado desde niño y que supone casi tu única forma de vida, y más aún cuando estás en lo más alto. Lo lógico es pensar que si llegas a la treintena y sigues ganando finales de Grand Slam estás en plena forma y, por qué no, pueden llegar nuevas victorias. Pero no es lo normal. Lo más habitual es que los grandes ases de la raqueta prolonguen sus carreras deportivas durante tres o cuatro años tras haber conquistado su último torneo grande, como el mencionado Becker.

Es el caso también de Ivan Lendl (ningún Grand Slam en sus últimas cuatro temporadas en activo, se retiró con 34 años), Jim Courier (retirado con 29 años seis temporadas después de su última gran victoria), Stefan Edberg (retirado con 30 años tras cuatro sin ganar un Grand Slam), John McEnroe (retirado con 33 años tras ocho sin un grande), o Mats Willander (retirado con 32 años tras seis sin un Grand Slam).

En los casos de Steffi Graf o Pete Sampras nadie sabrá nunca si hubieran podido ganar más torneos de Grand Slam de haber continuado más tiempo en activo. Quizá sí, pero analizando la historia del tenis parece poco probable. Nadie mejor que el propio tenista para darse cuenta de que las nuevas generaciones que vienen por detrás o los problemas físicos que uno padece como consecuencia de tantos y tantos años en la brecha, hacen que colgar la raqueta sea el mejor consejo para que tus aficionados se lleven como recuerdo verte en lo más alto antes de la retirada.

Casos aparte

Está claro que retirarse del tenis no es una decisión sencilla. De hecho, muchos tenistas han tenido segundas etapas en las pistas tras haber dejado de jugar en el circuito profesional durante unos meses, o en alguna ocasión, varios años. Son muchos los casos que se han dado a lo largo de la historia, y casi siempre, con escaso resultado deportivo para sus protagonistas. Clijsters, Capriati o Seles han sido las únicas tenistas capaces de ganar un Grand Slam tras haber tenido un parón en sus carreras profesionales.

Jimmy Connors disputó su última final de Grand Slam en 1984 en Wimbledon. Pocos días después cumpliría 32 años, pero siguió compitiendo hasta 1989, para volver de nuevo a las pistas en 1991, con casi 40 años, y alcanzar ese año las semifinales del Open USA. En 1992 siguió compitiendo pero con escaso éxito.

Martina Navratilova es un caso similar. Su última final de Grand Slam (individual) fue en 1994 en Wimbledon ante Conchita Martínez. Tenía 37 años y debido a las lesiones poco más pudo jugar. No fue una retirada voluntaria, sino más bien forzada por los problemas físicos. Aunque siguió jugando torneos en la modalidad de dobles, volvió a las pistas en 2004, donde recibió una invitación en Roland Garros y Wimbledon. Con 47 años, se convirtió en Londres en la tenista con más años capaz de ganar un partido en el cuadro individual.

Otra Martina, pero Hingis, se retiró del tenis con apenas 22 años en 2002. El agotamiento mental pudo con la extraordinaria tenista suiza que había conseguido ganar 5 Grand Slams, el primero en Australia con solo 16 años en 1997. Pero la suiza volvería a las pistas en 2006. Sólo tenía 25 años, y aunque logró algún torneo de relevancia como en Roma o Tokio, en los Grand Slam fue incapaz de superar los cuartos de final.

El caso de Monica Seles se sale de cualquier análisis para entender los motivos que puede llevar a un tenista a adoptar la decisión de la retirada. Con 19 años y 8 Grand Slams en sus vitrinas, un perturbado la acuchilló en un descanso durante un partido que disputaba en Hamburgo en 1993. Las secuelas físicas y mentales hicieron mella en la tenista serbia, que volvió a las pistas más de dos años después. En 1996 ganó su último torneo grande en Australia, y fue capaz en esta segunda etapa de jugar otras tres finales de Grand Slam, pero el incidente en Alemania terminó con una carrera que parecía destinada a superar el palmarés de tenistas como Navratilova o Chris Evert.

Las belgas Justine Henin y Kim Clijsters también han tenido fases de retirada y vuelta. Henin lo dejó en mayo de 2008, a punto de cumplir 26 años, siendo la número 1 del mundo. Casi dos años después anunció su vuelta a las pistas y llegó a alcanzar la final del Open de Australia en 2010. Sus problemas en el codo le obligaron a tener que volver a renunciar al tenis. Y Clijsters también dejó las pistas por problemas físicos en mayo de 2007. Un año después fue madre y en 2009 anunció su vuelta. Dos Open USA y un Open de Australia fue su mejor botín en esta segunda fase, quizá mejor que la primera, hasta que en 2012 volvió a renunciar al tenis.

La niña prodigio del tenis estadounidense, Jennifer Capriati, se convirtió en Roland Garros 1990 en la jugadora más joven capaz de llegar a las semifinales (14 años y 2 meses) del torneo parisino. Campeona olímpica en 1992 derrotando en la final a Steffi Graf, Capriati no supo asumir mentalmente la posición que ocupaba y tuvo que dejar el tenis profesional cuando apenas tenía 18 años. Con la madurez que dan los años, volvió a las pistas en 1999 y fue capaz de ganar tres Grand Slam, hasta que en 2004 los problemas físicos la obligaron a retirarse.

Por último, la retirada más inclasificable es la de Bjorn Borg. Al igual que Graf o Sampras se retiró cuando estaba en la cima del tenis. Pero a diferencia de la alemana y el estadounidense no lo hizo por su edad, ya que solo tenía 25 años, sino por el mismo agotamiento mental que llevó a Hingis a colgar la raqueta. Había ganado 11 Grand Slam, dominando durante unos años los torneos de Roland Garros y Wimbledon. En 1984 disputó un partido en Stuttgart ante Henri Leconte y en los años 90 intentó volver al circuito, pero más por afán recaudatorio que por demostrar al mundo que el mítico sueco de la cinta de pelo estaba de vuelta.

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