Masters 1000 de Montreal: la oportunidad

La parte baja del cuadro, eliminados los cuatro principales favoritos, ofrece una opción de oro a las alternativas

El Masters 1000 de Montreal ofrece unos resultados inesperados. En el tercer evento más longevo de la disciplina, algo más antiguo que el propio deporte: las sorpresas. La parte baja del cuadro convertida en un auténtico campo de minas. Un escenario completamente descarnado que ha visto penar a los principales cabezas de serie antes de la ronda de cuartos de final.

En los albores de la semana allí emergía majestuoso Andy Murray, reciente campeón de Wimbledon, dispuesto a retomar sus labores con galones renovados. También saludaba David Ferrer, robusto tras un descanso de cuatro semanas, estrenando su condición de número 3 por primera vez en su carrera. Cernía sombra el amenazante Del Potro, exultante tras el título de Washington, buscando emular la final alcanzada cuatro años atrás. Cerraba el póker de autoridades el checo Berdych, talento impredecible, notable esta temporada en eventos de la categoría.

Sin embargo, una purga inaudita asola todo el frente. Como un fuego cruzado que se lleva por delante la primera línea de combate los grandes nombres ven doblada la rodilla de manera prematura en Canadá. El primer gran coloso de cemento, que recibe a los curiosos sobre un firme raudo y algunas rachas de viento, termina por convertirse en emboscada para el recuerdo. Un torneo dominado sin error por el llamado big4 durante los últimos 9 años asegura, al menos, un finalista dispuesto a romper esa hegemonía. Esa pelea, la que enfrenta a corazones ilusionados en Montreal, deja una parte baja del cuadro ajena a cualquier pronóstico.

Vasek Pospisil: Un espíritu de piedra bajo un rostro infantil. Una capacidad de desgaste puesta a prueba una vez más. Un hombre que el fin de semana coronaba el Challenger de Vancouver, disputando tres partidos en dos días, debió cruzar tres husos horarios para llegar a Montreal con apenas dos horas de sueño. Lejos de acusar el cansancio, saca el torneo de su vida. Su actuación en Montreal dispara un dardo a medio plazo. Pospisil, que muestra la frialdad suficiente para sobrevivir a tiebreaks decisivos ante perfiles de experiencia superior, despierta ilusiones en Montreal y genera tensión en el horizonte. Ese tipo capaz de sentar a Isner, Stepanek y, por ahora, Berdych de manera sucesiva, tiene una cita en Belgrado el próximo mes de septiembre. Allí deberá jugar la semifinal de Copa Davis ante la Serbia de Djokovic. Allí buscará Canadá el acceso a la lucha directa por la Ensaladera por primera vez en su historia. Y Vasek es artífice directo de ello. Raonic es la cara visible del tenis canadiense, pero el retorno de Canadá a Grupo Mundial por vez primera en ocho años fue construido por un Pospisil desatado en el playoff de Israel. Casi once horas en pista en apenas dos días supusieron tres triunfos claves para Canadá. Ahora, semanas antes de volver a la prueba de fuego de la competición por equipos, Vasek vuelve a emerger. Su figura, si es capaz de prestar servicio como firme número 2, será clave en la emboscada que sobre arcilla les espera en el Arena de Belgrado. Hasta entonces, tiempo para crecer. Ya es top60. Si accede a semifinales en su Canadá natal será top40,... Pasos agigantados en una semana memorable. ¿Le llevará en volandas la grada?

Oportunidad encarada: convencimiento profesional

Nikolay Davydenko: Presenta el ruso una circunstancia llamativa. Demasiado cargado el cuerpo para rendir semana a semana. Demasiado vigor deportivo en el cuerpo para explotar en cualquier semana. Lo demostró en Doha a principios de año, fresco tras la pretemporada, donde tumbó a Ferrer y tuvo el título en las yemas de los dedos. El ruso no va a encaramar los rankings. Carece ya de la regularidad necesaria para retomar sus labores de top5 antaño encarnadas. Ya no tiene las piernas para cubrir todo el frente cual figurilla de futbolín a una velocidad de vértigo durante horas. Incluso en su apogeo fue un hombre que rendía mejor en el medio fondo de los tres parciales que en el derroche inherente a las cinco mangas. En complicado que en eventos de este calibre, que tienden a exigir dos-tres buenas victorias con todos los grandes jugadores presentes, pueda volver a rondas finales. Pero en Montreal, por efectos colaterales, ha encontrado una ventana de oportunidad privilegiada. Una pista rápida que prima su estilo de altas revoluciones y un cuadro que se desmenuza lentamente. Victorias sobre Simon, Andújar y Bogomolov le sitúan ante una ocasión inimaginable. Por expediente, ningún otro rival camino de la final cuenta con el poso del ruso en eventos de tal calibre. ¿Será la experiencia suficiente para alcanzar el último peldaño?

Oportunidad encarada: último gran resultado

Ernests Gulbis: Es un hombre desatado en pistas duras. La presente temporada, la misma en que ha hecho propósito de enmienda con el objetivo de entrar entre los 20 mejores del mundo, ofrece a un letón que gestiona como pocos las leyes del cemento. Un primoroso balance de 21-3 en pistas duras lo acredita. Es decir, un tipo que peca de inconsistencia viene sumando siete triunfos por cada derrota. Es un carácter indolente dispuesto a concentrar esfuerzos en una dirección. El báltico, ex 21 del mundo, que cuenta en su historial con dos títulos ATP, unos cuartos de final de Grand Slam, triunfos sobre Murray, Federer y Djokovic al margen de haberle arrebatado sets a Nadal sobre tres superficies diferentes, presenta una candidatura a tener en cuenta sobre el cemento de Montreal. Su victoria ante el escocés Murray, reciente campeón de Wimbledon, vuelve a demostrar que no entiende de jerarquías. Indiferente al calibre del rival que encuentre al otro lado de los nudos. Ese factor, rodeado ahora por jugadores de segundo término, momentáneamente ha desaparecido. Buscar en Canadá su primera final de Masters 1000 daría mucho color al objetivo de entrar en top20 a un hombre que abrió el curso fuera de los 130 primeros. Acompañado por un tremendo servicio y poderoso fuego en ambas alas, un swing de derecha que levanta ampollas en los puristas y cierta mano para cortar el ritmo con imprevisibles dejadas, el letón busca su hueco en Canadá.

Oportunidad encarada: cerco al top20

Milos Raonic: Un espaldarazo necesario para el canadiense. Ningún lugar como el propio hogar para sanar las heridas. Atraviesa el canadiense una temporada de sabor agridulce, sin terminar de dar el paso necesario para irrumpir en la élite de la disciplina. Rodea su figura cierta sensación de estancamiento profesional. Su ruptura con Galo Blanco, muñidor de su eclosión deportiva, ha coincidido con cierta intermitencia de resultados. Con Ivan Ljubicic como compañero de fatigas busca encontrar la tecla para retomar el rumbo. En Montreal parece estar amarrando uno de los puntos dulces del curso. Un caminar donde ha logrado la mejor victoria de la temporada. Apartar a un incandescente Del Potro, reciente campeón en Washington, de la lucha por el título supone poner bajo sus manos el primer triunfo top10 de la temporada. Aunque haya venido de la mano de una acción cuestionable. Pone, también, a un partido de distancia la posibilidad de alcanzar la primera semifinal de Masters 1000 de su carrera. Con un Gulbis, ganado cada precedente, como última barrera para poder hacer suyo ese mérito, el cañonero de origen balcánico tiene una oportunidad de oro para dar un golpe de timón psicológico a su temporada.

Oportunidad encarada: viraje psicológico

¿Quién es tu favorito para alcanzar la final del Masters 1000 de Montreal?

Comentarios recientes