¿Puede Del Potro revivir el verano de 2009?

Por primera vez el argentino repite el itinerario estival que le condujo a la conquista más grande de su carrera

¿Puede o no puede Juan Martín del Potro revivir el verano de 2009? La próxima semana arrancan las US Open Series 2013, una amalgama de torneos celebrados en Norteamérica –fundamentalmente en territorio estadounidense- que tendrán como desembocadura natural en Nueva York el cuarto y último Grand Slam del año. Un tramo de temporada que cuatro años atrás contempló cómo Juan Martín del Potro se abría paso a manotazos entre la élite masculina. El de Tandil, por entonces un muchacho de apenas 20 años, se atrevió a cuestionar el orden establecido hasta terminar con la hegemonía establecida sin cuestión durante un lustro por Federer en la Gran Manzana. Fue, además, el primer hombre capaz de sentar de manera sucesiva al 1 y 2 del mundo en un Grand Slam.

El argentino será el primer gran nombre que trote sobre el cemento norteamericano. Nadal, acunando sensaciones en terreno conocido, se encuentra en Mallorca ultimando su preparación. Djokovic, tras unos días de vacaciones en Croacia, se deja ver por Mónaco entre sesiones de entrenamiento y actos institucionales. Ferrer, algodonado en un parón insólito, va retomando el ritmo de prácticas. Federer, con una gira de arcilla con más sombras que luces, anda indeciso sobre sus futuros pasos. Murray, tras la conquista de Wimbledon, lleva unos días curtiendo el cuerpo sobre cemento. Hay, sin embargo, un tipo de los de arriba que ya se remanga en dinámica de torneo. Del Potro será el único top10 que desde el lunes se sumerja en las demandas de competición en Norteamérica, habiendo diseñado el calendario de pistas duras más largo de todos los favoritos.

Reminiscencia en el cuaderno – La primera mirada a la hoja de ruta diseñada por el tandilense trae a la mente un inmediato recuerdo. Washington. Canadá. Cincinnati. Nueva York. ¿De qué nos suena ese itinerario? ¿Dónde hemos visto antes esa sucesión de escenarios? La imagen se proyecta como un flash que cruza ante los ojos. El calendario es idéntico al trazado en 2009. El mismo que le vio caminar final tras final, debiendo renunciar a Cincinnati, hasta conducirle en Nueva York al mayor logro de su carrera. Donde alcanzó su primera final de Masters 1000 y abrazó su primer Slam. Casualidad o no, nunca había vuelto a poner su figura en este mismo itinerario. En 2012 impedido por los Juegos Olímpicos. En 2011, optando por acudir al desaparecido evento de Los Ángeles y en 2010 ausente por lesión. Vuelve a retomar Juan Martín el sendero que lo condujo a la gloria. Caminará por terreno quemado

Muros al suelo – Uno de los grandes logros de un campeón herido es el reencuentro consigo mismo. Y en 2013 Juan Martín acumula varias miradas al espejo con reminiscencias de cuatro años antes. Esa autoridad un día insinuada, con conversaciones que llegaron a versar sobre la opción de estar hablando de un futurible número 1, se han ido viendo postergadas por diferentes problemas de naturaleza física. No obstante, en el presente curso Del Potro ha mostrado arrestos de añejo cuño, casi olvidados en el circuito. Impenetrables desde ese 2009 de ruptura que no pudo encontrar continuidad. Cómo olvidar su regreso a una final de Masters 1000, creciéndose en todo un torneo de Indian Wells hasta bregar mirando a los ojos de un Nadal abrasado por el sol. Difícil no reparar en su llegada al último partido de Florida, apartando a mano abierta a dos top5 de manera sucesiva –nada menos que Murray y Djokovic sobre cemento, referentes actuales en el mencionado suelo-. Para anotar su torneo de Wimbledon, volviendo a pisar en semifinales el terreno de los elegidos. Algo tampoco encarnado desde su destape neoyorquino.

Diferentes referentes – El frente a encarar por Juan Martín es radicalmente distinto al atravesado en 2009. En tal época comandaba el frente la rivalidad (Federer/Nadal) más poderosa de la última década, Djokovic aún caminaba entre luces y sombras, siendo Murray una alternativa de consideración menor. Antes de que Novak irrumpiera en su colosal 2011 para hacerle saltar por los aires, el argentino ya se encargó de separar los dientes de la cremallera en una quincena para el recuerdo. Hoy, sin embargo, comandan las naves dos apologetas del puro desgaste. Dos tipos que colocan la zona de confort en las vallas y exigen precisión y potencia sin descanso. De los que te exigen tres winners limpios para sumar un solo punto. Eso, a cinco mangas, requiere una frialdad de psiquiátrico. A Juan Martín le favorece el estilo de un Roger de actitud directa. Un Djokovic (3-9 de balance) y un Murray (2-5) apoltronados en el cemento de Nueva York se antojaría un muro casi más elevado que el superado en 2009. ¿Estaría preparado Juan Martín para desarbolar aquello? No es un cruce asegurado, solamente un castillo en el aire. Pero es la rivalidad que ha copado las últimas tres finales de majors en cemento. Escenario a tener en cuenta cuando menos. Juan Martín no ha sellado victorias en este tipo de eventos en pista dura más allá de octavos de final desde su coronación. Tampoco hay que olvidarlo.

La calma del recuerdo – Para acallar esto último, unas premisas. Cuando Juan Martín coloque las punteras en el rugoso asfalto norteamericano tendrá una dulce reminiscencia. La última vez que trotó por aquellas latitudes puso patas arriba la élite masculina. Como en los viejos tiempos, el tandilense llegó a sentirse autoritario ante los nombres más bravos del frente. En el Indian Wells Tennis Garden hizo sucumbir a Djokovic, el único hombre en la historia capaz de enlazar seis finales grandes en pista dura. Obligó a claudicar a Murray, el último campeón del Grand Slam neoyorquino. Y, tras semejante castigo corporal, todavía le quedaron fuerzas para situar sobre el precipicio a Nadal. Seguramente el mejor torneo disputado por el tandilense desde que ganase el US Open sea el último torneo disputado sobre pista dura. Eso estará en la cabeza de Del Potro cuando salga a correr en Washington. Mirando más adelante, con la vista puesta en Nueva York, otra reminiscencia esperanzadora. En el último Slam disputado, sobre el verde de Londres, apenas un set lo separó de la final. Similar autoridad en plaza noble mostró en 2009 al quedar a idéntica distancia de pisar el séptimo partido de Roland Garros. Casualidades o no, debieran actuar de viento favorable para el argentino.

Dilema articular - Como componente último de duda, el estado de la rodilla izquierda del argentino. Víctima de un esguince tras sucesivas caídas sobre el césped de Londres, originada en los octavos de final y puesta nuevamente en duda en la ronda de cuartos, el argentino pudo competir en una pelea abierta a cinco mangas con Djokovic en semifinales. Desde entonces hasta su reaparición habrá descontado más de un mes el calendario. Vienen tiempos de actividad importante sobre una superficie que demanda esfuerzos notables en las articulaciones. Una de las raíces que sustentan a un tallo argentino que roza los dos metros deberá estar a punto para el frenético ritmo en el tren inferior que impone el juego en cemento.

Consulta aquí el cuadro que encontrará Del Potro en el ATP 500 de Washington. Arranca la gira norteamericana de Juan Martín.

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