Magia de Radwanska en Stanford

La tenista de Cracovia desarboló a voluntad a su oponente estadounidense

Agnieszka Radwanska protagonizó uno de los golpes de la semana, una expresión que puede tomar estatus de frase hecha por lo recurrente, en el torneo de Stanford. En su mejor partido sobre el cemento de California (6-3 6-2 vs Jamie Hampton), incapaz de sentir la pelota en días anteriores llegando incluso a practicar ya caída la noche tras sus encuentros, la polaca volvió a mostrar un nivel de auténtica élite para sellar su pase a la final.

Inactiva desde que clavase la rodilla en la semifinal de Wimbledon, carente de tacto competitivo en los compases iniciales de la semana, la número 4 del mundo ha ido tomando temperatura conforme avanzaba el torneo. En un despliegue extraordinario ante la local Jamie Hampton, la polaca dibujó un partido aséptico con apenas 7 errores no forzados en su cuenta particular.

Agnieszka mostró una solidez inabordable en el fondo y una mano privilegiada, suficiente para sacar de quicio a una oponente en ocasiones optando por tiros de excesivo riesgo para salvar el muro que encaraba (disparaba sobre la treintena de imprecisiones no forzadas) y en otras demasiado indecisa ante la impenetrabilidad tejida por Radwanska.

Fue una cura de realidad, de esos partidos en los que Hampton aprenderá que por lo mucho caminado aún queda una brecha notable para llegar a la élite. Conviviendo esta semanas por vez primera con las mieles del top30, estrenando cabeza de serie en un evento WTA y los privilegios que ello conlleva (bye en primera ronda), Jamie recibió una valiosa lección.

Radwanska fue un rodillo de principio a fin. Con 6-3 5-2 (15-30) y el encuentro prácticamente anudado, Agnieszka no desfallece en un solo punto. Exige e inventa como si la pelea se acabase de desatar. Al servicio de Radwanska le sigue un intercambio intenso desde el fondo. Tiende a ser Hampton quien parece llevar la manija. No busca en exceso las líneas. No imprime una potencia notable a la esfera. Simplemente se esfuerza por mantener a Agnieszka en carrera. De lado a lado.

Ahí se siente cómoda la polaca, que devuelve una y otra vez la pelota con infalible consistencia. Una derecha con un arco muy templado de Hampton toma tierra cerca del vértice. Es el tiro más angulado del rally. Responde Radwanska, algo forzada, con una derecha cruzada que casi toca el blanco lateral.

Hampton, hasta entonces siempre impactando en estático, se ve por primera vez en la posición que lleva Agnieszka todo el intercambio: golpeando en carrera. Y tiembla. Su derecha toca la cinta, dejando una pelota corta que es miel para la polaca. En décimas de segundo, el sistema Radwanska activa el abanico de opciones y opta por una dejada. Certera. Precisa. Inalcanzable. Hampton claudica.

Cualquier atisbo de duda es una ventana abierta para la polaca. Cualquier imprecisión es una sentencia firmada por Agnieszka. Y así, durante todo el partido. Exige contundencia y precisión constante al rival para dar su brazo a torcer. Demasiada empresa todavía en Stanford para Hampton.

Agnieszka Radwanska buscará en Stanford su tercer título de la temporada ante la eslovaca Dominika Cibulkova (a quien infigliese un doble 6-0 en su última final de 2013 celebrada en Sidney).

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