Ivo Karlovic: un regreso mágico en Bogotá

El croata, superada una enfermedad que le hizo olvidar su propio nombre, gana en el segundo torneo tras su retorno

Ivo Karlovic logró el título de Bogota, quinto de su carrera, tras derrotar al local Alejandro Falla (7-6 6-4) para terminar de construir una de las más bellas historias de la temporada. Una narrativa de superación personal llevada al deporte. Meses atrás era un hombre enfermo, afectado por una meningitis que lo llevó a perder la memoria hasta el punto de olvidar su propio nombre y permanecer aislado de la competición durante cerca de tres meses. En julio, apenas en el segundo torneo tras su regreso, Ivo vuelve a sentirse campeón. Algo que no lograba desde hacía 5 temporadas.

El pasado mes de abril, un día cualquiera de una primavera cualquiera, Ivo se sintió indispuesto en su casa de Miami. Intensos dolores de cabeza y cierto entumecimiento en las extremidades levantaron la voz de alerta. Tras recibir un tratamiento médico intravenoso los síntomas parecieron remitir. Apenas horas más tarde volvió a empeorar, llegando incluso a perder el conocimiento y siendo ingresado en un hospital de Florida.

Se rumoreó en primer término con la posibilidad de que hubiera sufrido un derrame cerebral, pero los estudios de los galenos pronto determinaron el diagnóstico preciso. Una picadura de mosquito había degenerado en una meningitis.

Postrado en cama, un hombre cuya vertical supera dos metros quedó limitado a un cuerpo casi inerte, privado de casi cualquier movimiento. "Me encontraba con mucho dolor. Mi brazo derecho y mi cara estaban adormecidos” relataba en su día el balcánico al describir su reciente yo. “Los dolores de cabeza duraron casi 10 días. Recordé mi nombre tras cuatro días y el entumecimiento desapareció al quinto día".

Mirando al techo de un hospital las horas deben de ser largas. Karlovic no tiene mucho tiempo por delante en el mundo del deporte profesional. A sus 34 años es uno de los tenistas más veteranos del top200 y los mensajes de los galenos no hacían sino incrementar las dudas. ¿Acaso era una carrera sin final aparente? "Los doctores no sabían con exactitud si me recuperaría al cien por cien" comentaba a la prensa el croata sobre la incertidumbre.

Qué pequeño debe de sentirse un hombre acostumbrado a la fama hasta perder la noción de su propia identidad. Karlovic pasó a ser un anónimo desde su propia perspectiva, incapaz de identificar su propia identidad. "Estuve inconsciente durante un largo tiempo. No era capaz de recordar mi nombre ni el año en que estábamos".

Recorriéndose medio mundo como profesional desde el año 2000 y con la conciencia de que los mejores días de su carrera yacen tras de sí, un tipo veterano, atosigado por una enfermedad extraña y con un ranking dilatado hasta las tres cifras que podía hacer aún más duro el regreso, el croata contaba con un panorama donde haber echado la persiana se antojaba un camino casi lógico. O al menos, cómodo.

Pero decidió volver a probarse en la actividad que le ha dado la vida desde su juventud. Poco a poco. Superando pequeñas metas cada día, incrementando con suavidad la duración de las sesiones. Recorría, como repite una y otra vez al rememorar el episodio, un caminar lleno de preguntas y casi ninguna respuesta. Muchas dudas. Pocas certezas. "Entré en las pistas de entrenamiento un mes después del alta médica. Cinco minutos una semana y después a diario. Realmente no sabía si podría regresar a la competición".

Como escenario de regreso se puso Newport, el torneo de césped norteamericano. La superficie que le ha dado tres de las hasta entonces siete finales disputadas. Acudió sin grandes metas y terminó llegando a cuartos de final. “La verdad es que no esperaba mucho. Lo único que quería era no lesionarme, o no perder 6-0 y 6-0, sabes. Pero después gané mi primer partido. Y luego gané mi segundo match. Y también en doble. No lo podía creer. Una sensación indescriptible” reconocía recientemente en ESPN al valorar el camino andado.

Y es que, visto el mundo desde los ojos del enfermo, de la persona presa por su propio cuerpo, todo queda relativizado. Se aprecia cualquier minucia mundana que en la vida cotidiana no requiere mayor esfuerzo. O al menos no se valora como se debiera. Tomar un vaso de agua sin ayuda de nadie debe de parecer un mundo. Cruzar una calle sin más recursos que los propios puede tornar en heroicidad desde el punto de vista del desvalido.

Esa experiencia ha soltado a Karlovic. "Ahora me siento bien porque no tengo ninguna presión. Es como un bonus. Cada que me encuentro en un partido, la atmósfera que lo rodea es un valor añadido. Me gusta mucho más ahora. Ya no tengo ningún miedo. El objetivo es simplemente estar sano y poder jugar. De modo que es divertido" reconocía al definir el nuevo marco psicológico que lo acompaña en competición.

Y en Bogotá, el segundo torneo tras su regreso ha comprobado que era cierto. Que Karlovic no tiene ningún miedo. Que con estar sano le basta para ser feliz y disfrutar con lo que más le gusta. Allí, encaramado al torneo con mayor altitud del circuito el gigante se hizo infinito. Donde sobran metros sobre el nivel del mar y falta el aire el croata respira a bocanadas. ATP toma medidas especiales despresurizando las pelotas a partir de 1.200 metros para mitigar la velocidad de unas pelotas que salen disparadas en tales condiciones atmosféricas. Bogotá supera los 2.500. Bajo dichas circunstancias el colosal servicio de Ivo, habitualmente blindado, se convierte en un elemento absolutamente inabordable. Ha ganado el torneo conservando sus 61 juegos al servicio y encarando apenas 4 bolas de rotura en toda la semana. Es decir, siquiera una incomodidad cada 15 juegos.

Karlovic sale campeón ATP por primera vez en 5 años. Por primera vez desde ese curso 2008 donde tocó su techo deportivo siendo el decimocuarto jugador del mundo. También, este triunfo al aire libre le coloca en ese grupo de jugadores que han coronado eventos en todas las superficies. Pero sobre todo le devuelve la sensación de sentirse jugador de pleno derecho. Un hombre que recuperará más de 60 posiciones hasta entrar en el top90 casi un año después.

Pero sobre todo Ivo Karlovic vuelve a ser Ivo Karlovic. Si llegó a olvidar su nombre a buen seguro que esta semana lo habrá recordado a base de pura repetición. De los aficionados pidiéndole autógrafos. De los periodistas inquiriéndole a preguntas. Y, fundamentalmente, del discurso de campeón que lo ha presentado en Colombia como el único superviviente al término de la semana.

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