Jimmy Connors, nuevo entrenador de Sharapova

¿Qué es lo que ha contratado la tenista rusa? Algunas de las claves del esquema del estadounidense

María Sharapova desveló la identidad de su nuevo entrenador: el estadounidense Jimmy Connors. La rusa puso punto final a su relación profesional con Thomas Hogstedt, a su lado desde finales de 2010, citando como motivo oficial de la ruptura la imposibilidad del sueco para seguir viajando a tiempo completo. En su propia página web anunció que en horas daría a conocer el nombre del sustituto. Y así lo hizo con un escueto anuncio. "Le conozco desde hace muchos años y trabajamos brevemente antes del Abierto de Australia en 2008". María ganó aquel torneo.

A imagen de las figuras de moda en el circuito masculino, Andy Murray e Ivan Lendl, la élite del Tour femenino da a luz a una colaboración entre una actual referente y una leyenda del deporte. Dos personas con enormes experiencias a compartir, con puro conocimiento de causa y sabiendo perfectamente a qué se enfrentarán ahí fuera. Como Andy, Maria se refugia en las manos de un ganador de ocho grandes que ya mira la disciplina con el olor añejo de tanto vivido.

Si María Sharapova pasa por ser una de las mujeres de mentalidad competitiva más intensa que hay en el circuito femenino, la adhesión de Jimmy Connors al grupo de trabajo puede llegar a situar cerca de la incandescencia ese fuego interior. Hablamos del jugador con mayor número de títulos en la historia del tenis. De un discurso espartano desde su posición de preparador. Una cosa está clara. No parece que el hombre con el expediente más dilatado de todos los tiempos vaya a amilanarse de los desafíos a encarar con la siberiana.

Connors, a diferencia de otras figuras de su época, ha permanecido ligado al deporte de manera casi permanente. Después de competir en circuito de veteranos, ha venido prestando servicio como experto en retransmisiones televisivas. A nivel de labores de entrenador, su trabajo más remarcable fueron los 19 meses que empleó junto a Andy Roddick entre 2006 y 2008. Surgen algunas preguntas en torno a una unión calificada de extraña por distintas voces. ¿Después de la polvareda levantada en el circuito por su biografía donde critica un supuesto aborto de Evert, era esperable este 'enlace' con una de las másximas figuras de la WTA? ¿Será suficiente bagaje el que presenta como entrenador? ¿Es comparable el trabajo en tenis femenino?

El contraste con Hogstedt, cuyos discursos en pista instando a María a tener paciencia y confiar en el simple derrumbe de la rival eran frecuentes, puede ser notable. La lectura que se extrae de los expuesto a continuación es meridiana: una de las jugadoras más firmes se aferra a un brío que sale a borbotones por los poros.

Connors es la intensidad pura pero ¿no es María una de las tenistas más feroces del Tour? ¿marca un valor añadido destacable en ese sentido Jimmy? ¿cuál es el elemento diferencial que puede aportar? Un hombre que en cierta manera revolucionó los patrones de juego siendo de los primeros en hacer norma del empleo del revés a dos manos, llega ahora para tratar de recomponer los detalles que separan a María de ser una gran jugadora en lugar de una tremenda campeona. Porque ése, el componente estratégico, se antoja como motivo principal de la unión. Y esos detalles tienen que conducir a una meta: batir a Serena Williams.

Tiempo atrás, allá por la primavera de 2011, cuando Murray se encontraba en un terreno perdido, sobre los terrales pero bajo los elegidos, acumulando finales de Grand Slam entregadas y frustraciones en pista, el estadounidense llegó a afirmar que sería capaz de hacer del escocés un gran campeón. Más allá de sus cavilaciones sobre el potencial de Andy, lo realmente interesante es que arrojó unas reflexiones que resumen su perspectiva respecto a la consecución del éxito en el deporte, y su repaso nos permite establecer un cuadro aproximado de la psicología a la que puede haber recurrido Sharapova.


"Si aprendí mucho hay una cosa que nunca cambió en mí. Si estoy comprometido, con mi reputación en juego, no hay lugar a distracciones. Es un negocio serio. Sea quien sea el que esté a mi lado. Quiero que gane más. Esa es la voluntad que pongo en cualquier cosa que hago" definía Jimmy en el Daily Mail sobre su concepción del compromiso.

Un modo de trabajo que imprimió en su relación de 19 meses con Andy Roddick, quien recobró parte del brillo perdido en el verano de 2006 ganando el título de Cincinnati y alcanzando la final del US Open apenas unas semanas después de emprender su nexo profesional con Connors.

El objetivo es la victoria. Simple. Narrativa pura y dura. Una línea recta donde Connors no entiende de renglones torcidos. Un talento importante es saber fijarse un punto de destino. Enfocar una meta. Y hacer todo cuanto esté en la mano por lograrlo. María tiene 26 años, lleva más de una década como profesional y no puede permitirse perder el tiempo. En ese sentido el proceder de Connors, que sabe de lo efímero del cenit deportivo, tiene buen acomodo. "Siempre he pensado que si quieres algo tienes que hacerlo ahora, porque una carrera puede terminar en un milisegundo. Yo no salgo ahí a buscar un trabajo temporal ni a captar un negocio, pero si me comprometo con alguien no me voy a interesar en los ranking, me voy a interesar en ganar".

La carrera de Sharapova encuentra en estos momentos un principal elemento obstructor. Y no es otra que la figura de Serena Williams. Indudablemente esta rivalidad, una oposición no superada por Sharapova en los últimos nueve años que ya suma trece derrotas consecutivas, debe de tener un peso capital en el universo Connors. Y la confianza mutua para encontrar la solución táctica, que se antoja principal motor del enlace, es otro patrón de su esquema. "Al jugador hay que decirle. ¿Confías en mí? Voy a hacer de ti un campeón. Todo es discutible, por supuesto, pero tienes que confiar en mi para darte un juego que te prepare para batir a cualquier jugador, en cualquier momento dado" afirmaba Jimmy marcando el área estratégica con certera ambición años atrás.

Convertir al jugador en un elemento de piedra, impenetrable al dolor. Erigir a un competidor capaz de voltear cualquier circunstancia y aprovechar toda brecha de rendimiento en el rival para torcer narrativa. Esa insumisión, bastante definitoria en el espíritu de Sharapova -aquí hay terreno ganado- es otro pilar en el ideal de Connors. "El jugador tiene que saber que estoy ahí para hacer de él un ganador. No importa lo duro que me hayan pateado el trasero en mis tiempos, el rival al otro lado de la red terminaría echándome una mirada y diciéndome. '¿No estás desfalleciendo, verdad Connors?' Si te doy una mínima opción, te avalanzarás sobre mí. Me gustaba ver que era considerado una especie de luchador callejero" recordaba con cierto orgullo

Y, por último, la consciencia de que ningún entrenador hace milagros. Encauza pero no ejecuta. Instruye pero no decide. Aconseja pero no determina. Connors quiere dientes apretados de principio a fin. Llevar la intensidad a límites supremos. Si hay que sudar, se sangra si es preciso. Ahí requiere una voluntad inquebrantable del jugador. Juez supremo de sus fuerzas. "Cualquiera puede ganar 6-2 6-2 6-2, pero los campeones son aquéllos que abrazan la pelea. El jugador debe decidir si está dispuesto a hacer sacrificios, a llevar la actitud correcta a la pista. No importa lo que el entrenador diga. Solamente una persona va a hacer de ti un campeón: tú mismo".

Siendo la número 2 del mundo necesita superarse a sí misma para trascender en el deporte. Un movimiento ambicioso donde sabe que no encontrará miradas cómplices. Si ella tiene cuatro grandes, Connors puede mostrarle ocho. Por cada semana que ella ha encabezado el ranking femenino, el estadounidense ha copado 12 veces el escalafón masculino. Si a María le carga el peso de la historia cada vez que enfrenta a la mujer referencia precisamente eso, historia pesada, es lo que va a tener en cada entrenamiento. Esto es lo que ha contratado Sharapova. Simplemente exigencia máxima.

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