Karlovic: del hospital a las pistas

El croata, al que una meningitis le hizo olvidar su propio nombre, rememora los momentos díficiles atravesados

Ivo Karlovic protagonizó uno de los episodios tristes de la temporada cuando en el mes de abril fue hospitalizado en Miami debido a una meningitis. El balcánico se sintió indispuesto en su residencia de Florida y, tras estudiar los galenos una inflamación cerebral, habrían diagnosticado el padecimiento de la mencionada enfermedad. Una afección viral que ha tenido al croata, de 34 años, apartado de las canchas durante casi tres meses.

Sobre la hierba de Newport, superficie en la que ha alcanzado tres de sus siete finales individuales, el talento de Zagreb ha regresado al circuito profesional con fuerzas renovadas y reconociendo que el mal trago pasado ha cambiado por completo su concepción del deporte.

"Los doctores no sabían con exactitud si me recuperaría al cien por cien" comentaba ante la prensa el croata definiendo la incertidumbre soportada. "Estuve inconsciente durante un largo tiempo. No era capaz de recordar mi nombre ni el año en que estábamos".

Postrado en cama, un corpachón de más de dos metros reducido a un ser inmóvil. "Me encontraba con mucho dolor. Mi brazo derecho y mi cara estaban adormecidos. Los dolores de cabeza duraron casi 10 días. Recordé mi nombre tras cuatro días y el entumecimiento desapareció al quinto día".

Con más de una década de profesionalismo en las piernas y el cenit deportivo tras de sí, lastrado por enfermedad y con el ranking derruido como en años, uno de los hombres más veteranos del top200 podía haber tirado la toalla y dar por cerrada una etapa de su vida. Pese a unas circunstancias hicieron del trayecto un pausado camino lleno de dudas, no perdió la ilusión por regresar. "La parte más dura fue el trabajo físico, y el hecho de no saber si sucedería de nuevo porque todavía tenía un virus en mi cabeza" reconoció con sinceridad Ivo.

Era, como se encarga de subrayar una y otra vez en su discurso, un camino de pocas certezas y dudas todas. De pequeños pasos caminados y la conciencia de poder no estar dirigiéndose a meta alguna. "Entré en las pistas de entrenamiento un mes después del alta médica. Cinco minutos una semana y después a diario. Realmente no sabía si podría regresar a la competición".

Un episodio duro, superado, cuyo final renueva el interior del jugador. Valorando lo que se daba por supuesto y, de repente, fue arrebatado. Quizá no quede lo más brillante, pero algo queda y eso es mucho. Es una experiencia que relativiza los entornos. Es, en definitiva, motivo suficiente para salir ahí fuera y simplemente disfrutar de lo ganado. "Ahora me siento bien porque no tengo ninguna presión. Es como un bonus. Cada que me encuentro en un partido, la atmósfera que lo rodea es un vaor añadido. Me gusta mucho más ahora. Ya no tengo ningún miedo. El objetivo es simplemente estar sano y poder jugar. De modo que es divertido".

En Newport, un gigante que busca volver a sonreír. Su vuelta a las canchas no ha podido ser más positiva. Ivo, que por un tiempo conservó el record del servicio más potente de todos los tiempos (251km/h), persigue ahora un golpe más poderoso. Dejar atrás el mal recuerdo de la enfermedad y poder decidir por sí mismo los pasos finales de su trayectoria profesional.

En el evento de Rhode Island ha ganado ya dos encuentros y medirá fuerzas ante John Isner, local y principal favorito en liza, por un puesto en semifinales del último ATP de hierba del año. Puede ser un diluvio de saques directos, Pero, sobre todo, la imagen de un memorable regreso.

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