Valioso tenis femenino en Wimbledon

Flipkens, Radwanska, Lisicki y Bartoli aportan riqueza, con tenis muy diferentes, historias peculiares y emoción neonata

Ya pasó la media noche así que ya se puede decir que hoy se disputarán las semifinales femeninas de Wimbledon: Sabine Lisicki vs Agnieszka Radwanska y Marion Bartoli vs Kirsten Flipkens. Potencia vs toque, coraje vs clase. Estoy más que contento con los nombres protagonistas; sé que muchos no coincidirán conmigo. Eso sí, hay algo en lo que coincidiremos todos y es en que las semifinalistas sorprenden, bueno... al menos tres, pues sí se contaba con Aga finalista hace un año y #4 de la WTA. Eso no me lo negarán. E incluso, quizás, podría decir que dos, pues Bartoli ya ha jugado otras semifinales y las ganó, siendo finalista en 2007. E incluso generosamente, sorprende sólo una, dado que Lisicki es desde siempre uno de los perfiles más peligrosos sobre hierba y este no será tampoco su debut en la penúltima ronda de Wimbledon. No; no piensen mal. Si tres de las cuatro protagonistas ya han estado en similar escenario no será la cosa para tanto. Flipkens, no voy a exagerar, sí que me sorprende, sí. No obstante, siempre tuvo un juego ideal para el césped y ya ganó un Wimbledon, pero junior (permítanme la aclaración).

Esto no va a ser una previa de las semifinales femeninas. Eso es demasiado aburrido, en exceso común, y desde luego pocos habrán ido a parar a Punto de Break para leer eso. Probablemente los que me estén leyendo, ya hayan visto a nuestras protagonistas y habrán seguido el discurrir de este Wimbledon. No se lo repetiré. Les propongo algo más divertido. Algo distinto. Voy a tratarles de convencer de que vean las semifinales femeninas de mañana... digo hoy. Escribir de madrugada siempre complica estas cosas.

La campanada del martes fue la victoria de Kirsten Flipkens ante Petra Kvitova. Flipper no tiene tras de sí una historia común. A un inicio de camino dorado, proclamándose #1 junior en el 2003, ganando los títulos de Wimbledon y US Open, contando con el pleno apoyo de la VTV (Federación Flamenca de Tenis) que vendía el haber encontrado la tercera reina del tenis belga (junto a Clijsters y Henin), le siguió un largo camino por el desierto, entre extrañas lesiones sin fin y depresiones a consecuencia del cambio brusco que había sufrido. Que te preparen para digerir el éxito y te topes con el simple, silencioso y oscuro fracaso, hace temblar cualquier carácter, más aún el de una niña con ‘demasiados’ sueños, ‘demasiadas’ comparaciones y ‘demasiadas’ lesiones.

Flipkens era una tenista del montón. Las temporadas transcurrían y sin pena ni gloria aceptaba que su futuro dorado era un baño de bronce y poco más. Preocupantes coágulos en la sangre fueran su perdición y salvación. Tuvo que alejarse de las pistas durante seis meses, cuando volvió era la #262 del ranking, pero había logrado darse cuenta de algo al ver cerca la muerte, aún tenía sueños por cumplir y se moría de ganar por ser de nuevo tenista, con todas las letras. Había ciertos problemas... la federación le quitó las ayudas y los patrocinadores también. “Ya no creemos en ti, eres mayor y has fracasado”, tenía grabado en su mente Kirsten. “Con los dedos de una mano cuento los que no ha dejado de apoyarme”, recordaba entre lágrimas tras ganar a Kvitova. “A estas alturas poca gente creía ya en mí, pero sabía que tenía que luchar y que les podía demostrar a todos que estaban equivocados conmigo. Había cambiado”. Sola, sin poder costear un entrenador, en números rojos, se lanzó a la aventura. Se perdió la previa de Wimbledon, su buen torneo previo en el WTA de Rosmalen (en semis desde la previa, dejando en el camino a Stosur o Vinci) no fue suficiente, y el ranking no le alcanzó. Estaba fuera de su torneo predilecto. Que sí, que sí, parece mentira pero que esto ocurría en 2012. Hace sólo doce meses.

Lo que sentía ya era demasiado fuerte como para frenarlo por no disputar Wimbledon, tuvo que jugar y quitarse el gusanillo. Se fue a un ITF paralelo a Wimbledon, que ganó perdiendo sólo un juego en la final. Siguió escalando entre torneos sin recogepelotas, llegó el US Open. Pasó la previa y cayó en 2ªR ante Vika; pero además, disputó el último dobles junto a su hermana Kim Clijsters. Dudó si jugar el WTA de Quebec o no, después. Lo hizo. Ganó su primer título WTA. Después los éxitos continuaron. Un año después, llega a Wimbledon. Y lo hace como #20 del circuito. Saldrá en el top15. Como poco. Es el triunfo de la perseverancia, el triunfo de un corazón, el triunfo que la vida siempre devuelve a los valientes.

Esta desconocida campeona, que al menos lo es tanto como Serena o Sharapova, que hacía llorar a Clijsters en casa antes de ayer, se enfrentará en un muy emotivo encuentro a Marion Bartoli. ‘Flipper’ apodan a la belga, que en inglés hace referencia a esas palanquitas del Painball que impulsan la bola. La suya ha sido una carrera tan loca como lo es una partida del dichoso juego, pero la de Bartoli no se queda atrás. A la loca francesa se enfrentará. Y digo loca con cariño, porque lo de Bartoli es para analizarlo con detenimiento. Si no han visto mucho a Marion, probablemente les entre un odio profundo a sus aspavientos, sus gestos y sus manías; pero con el tiempo se le coge un cariño curioso.

Seles y Mary Joe Fernandez confesaban que de las actuales tenistas, la francesa es su preferida. Tenis a dos manos. Aporta una silueta muy diferente, un estilo de trazos por completo distintos a los imperantes en el circuito. Desde pequeña apegada por completo a su padre, se acostumbró a que para ser una tenista profesional tenía que dedicar casi tanto tiempo a jugar al tenis como al ajedrez. Ideas de su padre... pero ahora Bartoli tiene una clarividencia al practicar este deporte y una habilidad táctica que ya quisieran muchas (y muchos). Al fin volando por libre esta temporada, se ha unido y separado de su padre en al menos una docena de veces desde que arrancó la gira oceánica. Wimbledon 2007 es su mejor torneo, hasta ahora. Entonces, a una racha sobra hierba espectacular, le añadió el broche de remontar en una semifinal increíble a Justine Henin, para terminar perdiendo nerviosa ante Venus Williams en la final. Consiguió levantar de sus asientos a la Centre Court de Wimbledon, apabullando a Henin; y querrá repetir hazaña, llegando aún más lejos. Tras este torneo volverá al top10 (salvo triunfo final de Flipkens y derrota suya en SF), y se colocará de nuevo como referencia. Lleva varios WTA Championships a sus espaldas, no es una recién llegada, pero nunca tuvo el protagonismo merecido. Apenas celebró su pase a semis, permanecía centrada; sabe que no es su golpe definitivo. También siente que es su momento.

La otra semifinal la disputarán Agnieszka Radwanska y Sabine Lisicki. Ambas polacas, la primera es estrella reconocida de su país, la segunda emigró por motivos familiares siendo una niña a Alemania, nación a la que representa por el mundo. Ambas dos ya han pisado el terreno que mañana (hoy...) volverán a disfrutar. Una lucha de estilos apasionante. El ‘bum-bum’ contra el ‘tic-tac’. El derroche de fuerza de Sabine ante el ingenio deslumbrante de Agnieszka. La de Cracovia hace un año (por si ganar Miami no hubiera sido suficiente) se colocó en el panorama. Regular, imaginativa, incansable, Aga no ha decepcionado pero sí ha dejado de ilusionar. Sólida en el #4 de la WTA, no podía toser a Serena, Maria ni Victoria; por eso también siente que un año después puede dar un paso más en Wimbledon. Es la gran favorita. Es su oportunidad de convertirse en campeona de Grand Slam, de acercarse nuevamente al trío dominante de la WTA y alejarse del resto de top10 que cada día olían más cerca su honorable cuarto puesto, tan ansiado por motivos de cabezas de serie.

La polaca es la alternativa sagaz a los palos. Es la niña que con una técnica discutible conseguía ganar a su compañeras en clase de tenis, y eso que jugaban bajo techo en aquel frío pabellón propiedad de su abuelo, donde un pobre club de tenis saciaba la pasión de cuatro raros. Las pistas rápidas e indoor, potenciaban los golpes secos y planos, sin embargo, Aga permanecía firme tratando de construir el punto de otra forma. Tan bizarro era su estilo que los veteranos le pedían que jugara ante ellos. Agotados ante las dejadas y los efectos, se sorprendían de que aquella niña encontrara la manera de pararles sus golpes y de inventar alternativas. Nunca cambió. Podrá tener más lesiones, podrá acabar antes su carrera, podrá resultar extraña, pero es que eso es Radwanska. Eso es lo que tiene para mostrar. Y que esa fluidez en la red, esa muñeca prodigiosa, ese dominio de los efectos y esa clarividencia para los tiempos, sumadas a su talento mental, obtengan la recompensa de lograr un Wimbledon es algo que nadie podría discutir.

Lisicki quiere discutirlo, no obstante. La germana de sonrisa perenne y mirada penetrante, es la más clásica golpeadora de cuantas hay en la WTA. Esto es el toma y daca sin fin, sin respuesta y sin discusión. Brutalidad desde la derecha, fuego desde el revés y vehemencia con el servicio. La brecha mental es la que ha apartado a Lisicki, que lleva desde 2009 destronando a la campeona vigente de Roland Garros en Wimbledon, de formar parte del top10. Con tan gran capacidad para ganar a cualquiera como para perder con cualquier otro, a Sabine Wimbledon le sienta bien. Le gustan las especiales tradiciones de este torneo, y le tiene un cariño especial a la Centre Court que le ha visto ya lograr muchas machadas sin terminar de cerrar ninguna. Con tenis de sobra para ganar Wimbledon, con un curriculum excelente para ser reina de la hierba y con un historial de victorias que da peso a su candidatura, es la verdugo de Serena y no cayó en la siguiente ronda. Desconocemos si su perro ‘Happy’ estará tan contento como su dueña tras el Wimbledon para enmarcar que se está apuntando, pero de lo que no tenemos dudas es de que si cuenta con una oportunidad para pasar a la historia de este deporte, es la que se le está presentando en Wimbledon 2013.

Cuatro tenistas muy diferentes, tanto en su tenis, como en historia y carácter. Cuatro caras en las que brillan los ojos ante unos focos inusuales que no estaban mientras se preparaban para este momento durante largas sesiones de entrenamientos. Cuatro grandes trabajadoras, que mañana cuentan con una oportunidad como pocas veces se les ha presentado. Es fácil recurrir al “¿éstas quiénes son?”, “el nivel es patético” o “¡dónde están las buenas!”, pero nada más lejos de la realidad. Ganar cinco partidos consecutivos en Wimbledon no es tarea sencilla. Una ilusión increíble recorrerá los sueños esta noche de las cuatro semifinalistas. Las cuatro se ven como campeonas, por eso han llegado hasta aquí. En el Wimbledon más raro de cuantos se recuerdan, la campeona femenina pasará a la historia. Háganme caso, disfruten los partidos de mañana. Serena, Sharapova o Azarenka tendrán más tirón, pero ninguna podrá dotar de tanto valor a los partidos de mañana como lo harán las cuatro protagonistas de las que venimos hablando. No se pierdan la emoción que prestarán, el tenis femenino también encadila. Si le dejan...

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