La flexibilidad de Djokovic

El balcánico presenta en esta virtud un elemento diferencial respecto al resto de jugadores

Novak Djokovic se clasificó para las semifinales de Wimbledon tras derrotar a Tomas Berdych (7-6 6-4 6-3) en la Court 1 del All England Tennis Club. El balcánico, que ha peleado al menos por entrar en la final de los últimos 13 Grand Slam, mostró sobre el césped de Londres un abanico de recursos para terminar con la insistencia de su oponente checo.

El hombre referencia de la disciplina presenta muchas virtudes. Es uno de los competidores más rápidos que uno puede encontrar en el circuito masculino. Presenta una agudeza táctica destacable para descerrajar partidos erosionando debilidades de manera permanente. Atesora una excelente técnica tanto para la defensa -lectura privilegiada desde el resto- como para el ataque -una de las transiciones más portentosas del frente-, una resistencia física realmente madurada -lejos queda ese jugador tendente a la retirada, que boqueaba en busca de aire, asfixiado por alergias-.

Pero si hay que rebuscar en su manual de virtudes hasta encontrar un punto que lo diferencie del resto de jugadores, debemos apuntar a la flexibilidad. El serbio tiene una capacidad impresionante para estirar su cuerpo sobre cualquier tipo de superficie.

Esto le permite impactar esferas desde cualquier altura, por baja que sea, y casi con cualquier ángulo, por cerrada que sea la trayectoria. La zona de confort del balcánico, ese margen lateral desde donde poder golpear con ciertas garantías, es el más ancho del circuito masculino. Una virtud que en hierba, con el vuelo raso de las bolas y la búsqueda continua de los ángulos, está explotando desde la reacción a ojos de todos. Devuelve siempre una pelota más. Golpes ganadores no lo son ante el serbio. Y eso termina pagando dividendos.

La secuencia siguiente es un ejemplo perfecto. Tomas Berdych es uno de los jugadores con impactos más limpios del tenis masculino actual. Desde el servicio lleva la iniciativa en el intercambio. Llega a golpear un revés paralelo buenísimo. Muy bien dirigido, prácticamente a un palmo de la línea, y con gran potencia.

La acción coge a Novak en el centro de pista. Ni siquiera eso. Cuando la esfera toma tierra, Djokovic no se encuentra ni a la altura del cuadro del deuce. Es decir, está a más de cuatro metros de la trayectoria de la bola. Tiene décimas de segundo para cubrir ese tremendo margen. No sólo eso, debe bajar el cuerpo. Y además, golpear a la bola. Y, un paso más complicado, imprimirle una dirección que le permita volver con garantías al intercambio.

Djokovic abre el tren inferior de manera radical, exigiendo a su tobillo derecho una torsión extrema para mantener el pie bien fijado y no perder el equilibrio. Su rodilla izquierda arrastra por el césped y el serbio acuna la bola apenas a 20 centímetros del suelo. Pone en juego una bola cruzada cortada de derecha. Muy profunda. Y se levanta como un resorte. Antes de que la esfera toque el suelo, Novak ya está de pie y con el centro de pista controlado. Es un muelle. En dos segundos ha convertido un ganador de Berdych en un error no forzado.

Soportar eso como rival, durante cinco sets, debe de cocer la cabeza al más testarudo.

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