El tenis, un escaparate para reivindicaciones o denuncias

Las protestas por la aprobación del matrimonio homosexual tuvieron protagonismo en la final de Roland Garros

La final de Roland Garros no lo sólo valió para coronar a Rafa Nadal como campeón de Roland Garros por octava vez. También sirvió de escaparate para protestar por la aprobación del matrimonio gay en Francia. El sexo y las diversas manifestaciones de las orientaciones sexuales también han tenido un hueco en la historia del tenis.

Francia tiene fama de ser en los últimos siglos uno de los países europeos más vinculados a principios incuestionables como la libertad, la igualdad y el respeto a los derechos humanos. Sin embargo, atraviesa en los últimos meses tiempos convulsos socialmente. El motivo no es otro que la reciente aprobación del matrimonio homosexual que le convierte en el decimocuarto estado del mundo en permitir bodas del mismo sexo y en el duodécimo en equiparar la adopción de niños en matrimonios del mismo sexo y heterosexuales.

Un activista protestó en la final de Roland Garros contra el matrimonio homosexual.

La final de Roland Garros, uno de los mayores escaparates internacionales de Francia, ha sido testigo de esa enorme tensión social que se vive. Durante la disputa del segundo set, una pareja sacó una pancarta mientras se hacía notar en las gradas donde se podía leer "Ayuda, Francia pisotea los derechos de los niños". No fue el único incidente. Momentos después, un joven semidesnudo intentaba saltar a la pista con una bengala y un lema en su torso en el que señalaba en inglés "Kids Rights" (Derechos de los niños).

Pese a que la cosa no pasó a mayores y la intervención de la seguridad del torneo galo fue eficaz, lo cierto es que el tenis no es la primera vez que se ve envuelto en temas polémicos de gran crispación social como los relativos al sexo o a las diversas manifestaciones sexuales.

El tenis ha servido de manifestación de una idea social.

Ya escribimos en este mismo blog tiempo atrás el caso de Richard Rasking. Un tenista estadounidense que obtenía discretos resultados en el circuito amateur masculino y que un buen día en la frontera de los cuarenta años decidió dar un giro radical a su vida y someterse a una operación de cambio de sexo y aparecer en los torneos bajo el nombre de Renée Richards. Una transformación que le sirvió para llegar a ser la número 20 del mundo y jugar la final del US Open en 1977 en la disciplina de dobles, torneo que curiosamente un año antes no le había dejado participar. Claro que antes hubo de ganar la batalla legal ante el Tribunal Supremo de Nueva York, quién dictó finalmente una sentencia favorable a Richards en un hito para la comunidad transexual.

Sin duda, una de las tenistas que más polémicas ha despertado en estos temas siempre sensibles para unos y otros, es Martina Navratilova, quien en 1981 reconoció abiertamente su homosexualidad. Algo que según ella le llegó a costar en un principio unos diez millones de dólares por el rechazo de muchas marcas comerciales a tenerla como imagen, pero que finalmente y con el tiempo le sirvió para encabezar otras campañas publicitarias y a favor del colectivo homosexual. Precisamente, Navratilova mantiene una cruzada diálectica con Margaret Court, reconocida partidaria del matrimonio heterosexual y en contra de las bodas homosexuales (lo que ha provocado muchas críticas y opiniones acerca de si es conveniente mantener el nombre suyo en una de las pistas del Open de Australia).

Caso similar al de Billie Jean King, quien pese a estar casada formalmente con Lawrence King, mantuvo un idilio secreto con su secretaria, Marilyn Barnett, hasta que en 1981 esta última sacó a la luz la relación por una disputa de bienes. King, al igual que Navratilova es una gran defensora de los derechos de los colectivos homosexuales y transexuales, hasta el punto de haber tenido de manos de Barack Obama la medalla presidencial de la Libertad.

Cierto es que tenis y orientación sexual suelen ser temas que no suelen ir unidos y que han sido pocas las tenistas y menos los tenistas que han reconocido abiertamente su homosexualidad (sí lo hizo Amelie Mauresmo tras derrotar a Martina Hingis en la final de Australia 99 y ser acusada por la suiza de ser “un medio hombre”).

Sin embargo, y como hemos visto recientemente en Roland Garros, a veces una pista de tenis es el mejor de los escaparates para mostrar una determinada postura. Ya sea por parte de aficionados o de jugadores. O incluso de streakers. Y si no ahí está el caso de Mark Roberts, posiblemente el streaker más famoso del mundo, que ya en la final de 2003 de Roland Garros interrumpió el duelo para mostrar las bondades de un casino en la que fue sólo una más de las 519 intervenciones que hizo en diversos espectáculos públicos hasta su retirada. Por supuesto, también Wimbledon.

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