Tsonga hace soñar a Francia

El tenista de Le Mans luchará por ser el primer finalista francés de Roland Garros en veinticinco años tras batir a Roger Federer en cuartos de final

Jo-Wilfried Tsonga mantiene vivo el sueño francés. Sin campeones en el país galo desde 1983, el jugador de Le Mans es la esperanza que le queda a su nación para poder levantar la Copa de los Mosqueteros tras treinta años de sequía. El pupilo de Roger Rasheed ha jugado un partido muy sólido en el día de hoy para batir a Roger Federer, campeón en 2009, que poco pudo hacer ante un tenista que en ningún momento renunció a atacar la bola con fiereza para plantarse en las semifinales emulando a Gael Monfils, último compatriota en conseguir llegar a la penúltima ronda de Roland Garros.

Hoy era el día. Y a sus 28 años, Jo-Wilfried Tsonga estaba preparado. En algún rincón de su cabeza sobrevolaban aún los recuerdos del partido que perdió ante Novak Djokovic en cuartos de final del pasado curso. Hace 365 días, el galo desaprovechó dos bolas de encuentro en el cuarto set para dejar en la cuneta al número uno del mundo. Dejó pasar la ocasión y el serbio acabaría ganando el partido y enfrentándose a Roger Federer por un puesto en la final. El suizo era, precisamente, el rival del francés en este martes día 4 junio de 2013.

El cuadro del genio de Basilea no había sido demasiado exigente, pero no parecía estar exhibiendo su mejor nivel antes de su enfrentamiento con Tsonga. Y de hecho no lo llegó a exhibir. Los problemas que tuvo en su duelo ante Simon el pasado domingo se acrecentaron sobremanera ante el tenista de Le Mans. Ante un jugador como el que batió en cuarta ronda pudo volver al encuentro y remontar, pero el oponente que se le presentaba en el día de hoy a Federer era el de todo un top-ten, con un perfil ofensivo bastante claro y con el hambre necesaria para aceptar el reto y llevar a cabo su patrón de juego a la perfección para conseguir el triunfo.

Jo-Wilfried Tsonga, jugador de ataque, valiente, y en ocasiones algo alocado cuando debe irse hacia la media pista, jugó en la Philippe Chatrier con la tranquilidad del que sabe que está haciendo las cosas bien, como si fuese consciente de su superioridad según iban pasando los juegos. Aguantó el arreón inicial de un Federer que por quinto encuentro consecutivo empezó enchufadísimo, creándole problemas al francés en sus desplazamientos con golpes de slice que desajustaban su posición en el fondo de pista y le impedían atacar parado, esperó su oportunidad, y supo obtener ventaja cuando los errores del suizo sumaron más que los aciertos.

En todo momento demostró el francés que tenía el control sobre la situación. Federer se ahogaba poco a poco entre un mar de desatinos, y solo con destellos de la clase y el talento que le caracterizan pudo romper el servicio del jugador local para evitar así un resultado más abultado en el último parcial. Tsonga, que se permitió el lujo de cerrar el encuentro al resto, reconocía en la entrevista posterior al duelo que el público le había hecho creer que podía ganar partidos como estos. En la misma pista en la que hace solo un año se encontraba desolado, el galo ha encontrado la paz. Una gran victoria en la Philippe Chatrier, ante todo un campeón de Roland Garros, es un magnífico resultado para él, y lo mejor de todo, es que no parece que se vaya a conformar.

El sorteo, tan caprichoso como el destino, colocó a Rafael Nadal y Novak Djokovic en la parte alta del cuadro, por lo que el tenista local les evita hasta la gran final del domingo. En la semifinal del próximo viernes le espera David Ferrer, el único jugador junto al galo que no sabe lo que es ceder un set en esta edición de Roland Garros. El alicantino, que ya estuvo en el penúltimo cruce en 2012, se deshizo con facilidad hace unos minutos de un fatigado Tommy Robredo, que a pesar de la derrota ha cuajado un torneo memorable. Se avista una final abierta entre dos jugadores que están fuera del top4, pero que siempre se han mantenido a la expectativa de tener una oportunidad si los grandes fallaban. Parece que por fin la van a tener sobre la arcilla de París.

David Ferrer es todo un especialista en tierra batida, un jugador que querrá dominar los intercambios desde el fondo de pista y mantener la bola en juego el máximo tiempo posible. Le beneficia un partido largo y duro, tanto por su condición física como por las características de un Tsonga que prefiere no especular, que disfruta atacando y cerrando las jugadas en la red. Sin un favoritismo claro, pero con presión para ambos, establecer un pronóstico parece bastante arriesgado. Tsonga tendrá el calor del público, y el español la certeza de que va a ser complicado que en otra semifinal tenga enfrente a un jugador situado fuera de los cuatro mejores del ranking ATP.

El francés, busca hacer historia. Algunos pensaban que sería Gasquet, otros apostaron por Monfils, pero Tsonga ha sorprendido a todos y a pesar de no ser un jugador nacido para el polvo de ladrillo va a luchar por entrar en la final de Roland Garros. Ya ha igualado a Pioline, Grosjean y Monfils los tres últimos semifinalistas franceses en el Slam parisino. En su mano, está emular a Leconte, que llegó al partido por el título en el ya lejano 1988. Si consigue salir vencedor el domingo, romperá una sequía de treinta años desde que Yannick Noah -también de raza negra- triunfase sobre Mats Wilander en 1983. Aún queda mucho camino por recorrer, y resta lo más difícil, pero los franceses ya se permiten soñar gracias a Jo-Wilfried Tsonga.

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