Ferrer y el sueño en Roland Garros

El alicantino, adalid de regularidad, se planta en los cuartos de final por sexto Grand Slam consecutivo

Es un David Ferrer que camina entre sombras. Fuera de debates que viran en torno a favoritismos en tonos serbio y balear, con ciertas concesiones en clave helvética. Lejos de los focos, cerrando la quiniela desde el vuelo bajo, el levantino protagoniza una demolición sobre el sudafricano Anderson (6-3 6-1 6-1) para entrar en los cuartos de final de París. Número 4 del mundo, semifinalista en 2012, aún no sabe lo que es poner las suelas en la catedral de la tierra batida. Lejos de bajar la mirada, una constante: aprovechar todo y cuanto esté en su mano.

Un coloso de la especialidad, sobre el firme desde el que levanta parte de su amplia leyenda, en cierto modo desterrado al segundo plano. Quien ríe el último, ríe mejor puede pensar el de Jávea. La Philippe Chatrier, que ya ha guardado bajo sus alas a más de una decena de competidores galos, sigue sin rendir pleitesía a uno de los mayores especialistas de la superficie.

Poco o nada parece importarle a Ferrer, tradicionalmente ajeno a polémicas o malos pasos. Concentración en la tarea. Mente fijada en el punto a punto. Así va haciendo su camino en la capital de Francia. Así, con una gruesa corteza envolviendo su figura, nadie ha sido capaz de arrebatarle siquiera un set durante los cuatro primeros días. Y así, a expensas de llevar la musculatura al extremo en plazas más grandes, se sitúa el español a dos pasos de una barrera aún intacta: jugar, a sus 31 años, su primera final de Grand Slam.

Se encuentra más cerca del final que del comienzo, y apenas se le intuye un rasguño en la armadura, acude con decisión en busca del objetivo. Encarado al gigante Anderson, tremenda temporada la suya, contempla París un Ferrer pedregoso. Un auténtico autómata de la intensidad competitiva. Da la sensación de que el alicantino podría resistir a un horizonte de siete mangas si París así lo estableciera. Eso no es un tenista, es un ser sin sentimientos con la mirada fija en la gualda esfera. Nada parece acontecer a su alrededor.

Es un baile entre sus ojos y la pelota. Así, desde la concentración máxima termina desfigurando a un oponente con hechuras para generar más daños. En un partido que le pide especial brillo al resto, una lluvia de morteros que vuelan por encima de los 200km/h tienen la culpa, hasta en seis ocasiones asalta el cañón que brota del brazo del sudafricano.

Un torbellino de energía que se introduce entre los últimos ocho supervivientes como el que traga un vaso de agua tras salir a la carrera. Apologeta de la regularidad deportiva, sigue David peleando contra una carrera de mil sinsabores. Entre ellos, una tortura en París donde su única semifinal en 2012 apenas le vio sumar cinco juegos. Es el peldaño al que se encamina el levantino. Romper los grilletes de los grandes nombres, una asignatura pendiente pero necesaria para dar el último paso.

Ahí, a puertas de la gloria es donde la experiencia viene marcando las diferencias. Donde el precedente puede sentar cabezas y terminar agujereando sueños y voluntades. Y el levantino viene cargando la bolsa de todo esto como pocos jugadores en los últimos tiempos. Tres años completos, doce Slams al hilo, cruzando el ecuador del torneo. Agudizando la tendencia, ya son seis los eventos del gran calado que reciben a Ferrer en el antepenúltimo partido. También, tres de los últimos cuatro, le tuvieron que entregar galones de semifinalista.

Superado el centenar de triunfos en Grand Slam bajo las piernas, sólo Nadal presume de mayor volumen de victorias en la historia del tenis español, avanza decidido Ferrer a una de las oportunidades de su vida. "El tenis no me debe nada. El tenis es uno de los deportes más justos que existen. Me ha proporcionado momentos increíbles" se repite el alicantino al ser cuestionado por los episodios gloriosos que se le escaparon entre las manos en el pasado.

Sólo así se puede etiquetar la ruta que tiene por delante. Poderosos nombres (Del Potro, Murray) no figuran en el plantel parisino, la teórica mayor amenaza de su sector (Berdych) fue engullida en el primer asalto, y los dos grandes candidatos al título (Djokovic, Nadal) dirigen sus destinos por la parte opuesta del cuadro. En el horizonte de semifinales, a pelear con el vencedor del duelo que enfrenta a Robredo y Almagro, habrá un representante español.

Es un Ferrer cumpliendo con el papel supuesto. Llegando a la altura que su calibre le marca con tanta suficiencia que prácticamente se da por sentado. Sin concesiones, reduciendo la duda a la mínima expresión, se va acercando al verdadero Rubicón. ¿Podrá mantener la intensidad el alicantino hasta el final del torneo? ¿Sería capaz de plantar cara a un Federer jamás abordado -y especialmente inspirado en este torneo- en unas hipotéticas semifinales? Queda tiempo para comprobarlo.

"Por el momento estoy pensando en los cuartos de final" apuntó el pragmático alicantino. "Voy paso a paso. No quiero soñar demasiado. Por supuesto que alcanzar la final aquí estaría bien. Pero no diría que no dormiría por las noches pensando en ello".

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