Nishikori retuerce la historia en Roland Garros

El de Shimane, octavofinalista sobre la arcilla de París, es el primer japonés en alcanzar tal ronda en 75 años

Kei Nishikori logró dar un bocado a la historia en Roland Garros. Clasificado para los octavos de final del cuadro individual en la capital de Francia, llegó donde ningún japones fue capaz de hacerlo en las últimas siete décadas. Cuando resten dieciséis almas bajo el cielo de París, la del asiático será una de ellas. Fugaz pero con criterio. Joven pero curtido. Saciado pero con hambre para seguir bregando. El japonés, quien ya batiera al suizo Federer en la presente gira de arcilla, vuelve a dar que hablar en el grande parisino.

Hombre de perfil bajo, a menudo obviado en debates sobre figuras emergentes a la sombra de tipos más carismáticos o de perfil más locuaz, el asiático sigue acumulando resultados de renombre en eventos de primera línea. El talento de Shimane, maravilloso revés y una auténtica centella en la pista, ha horadado su camino hasta los octavos de final del grande parisino, donde podría buscar una plaza entre los ocho mejores ante Rafael Nadal, el hombre que acumula siete cetros galos bajo el brazo.

Hijo de un país sin tradición tenística, donde el foco mediático se centra en otras disciplinas dejando al deporte de la raqueta en terreno aún yermo, conforma su silueta la luz de la que carece. Una nación donde la historia en este deporte representa una marca a batir casi cada semana, en cada torneo. Todo eso va siendo terreno conquistado por el talento de Shimane, un producto asiático moldeado desde temprana edad bajo la égida de Nick Bollettieri en Florida.

Allí llegó bajo la etiqueta de Project 45, un horizonte de ambición marcado por el legendario preparador con la voluntad de convertir a Kei en el tenista mejor clasificado en la historia de Japón. Marcado quedaba el 46º puesto ocupado por Shuzo Matsuoka en la temporada 1992. Apenas seis semanas sobrevivió su compatriota en el top50. No sólo superó esa cota Nishikori, sino que lleva año y medio sin bajarse de las 25 primeras posiciones del circuito.

Un auténtico ídolo de masas en el mercado nipón, Kei va desarrollando un perfil de elevado respeto en su tierra de origen, estimulando la práctica entre las generaciones jóvenes, dando lugar a un espíritu de pertenencia entre sus compatriotas. “Es increíble la atención que recibo. En Tokio y en las otras ciudades grandes siempre hay gente que viene a decirme algo, a hacerse una foto conmigo. El béisbol y el fútbol son los deportes más respetados en Japón, pero espero poder hacer más popular al tenis. De hecho, ya está ganando popularidad. Los niños están comenzando a jugar, quizá sea por mi culpa” concedía meses atrás cuestionado por su influencia en Japón.

Nishikori, embutido en diseños de la firma Uniqlo, la misma compañía que envuelve al número 1 del mundo, representa un poderoso foco de interés en el mercado asiático, un frente de explotación preferente en la disciplina y auténtico vivero de ingresos para el deporte. El caso de Nishikori es excepcional. Ni se ha criado entre las fronteras de su país ni representa el modelo japonés, aletargado por la falta de profesionalismo y una intensa ausencia de experiencia internacional. Pero da pasos que van dejando huellas en su país de origen.

Su clasificación para los octavos de final de Roland Garros, cruzando el horizonte del grande parisino, le convierte en el primer japonés capaz de colocar sus zapatillas en una ronda tan avanzada del cuadro individual masculino desde 1938. Nakano Fumiteru logró tal hazaña antes incluso de que el mundo conociera la II Guerra Mundial. Eso es historia en blanco y negro. Eso son 75 años en la máquina del tiempo. Eso, cuestionado por el mérito en rueda de prensa, es historia ignorada por el risueño competidor de Shimane. “Lo siento. No había escuchado nunca su nombre. No soy bueno con la historia” respondía resignado ante los medios un tenista enfocado en su propio sendero.

Camina Nishikori por la cuerda del pionero, desbrozando terreno virgen con frecuencia elevada. Encontrando a cada paso barreras rara vez derrumbadas o retos con polvo acumulado en los libros. Un japonés bregando en las altas esferas del circuito profesional, seguido por una marabunta de medios nacionales ilusionados por el fenómeno pulido a miles de kilómetros de distancia del lejano oriente.

“Prácticamente en cada torneo escucho estas cosas. Si lo hago bien, haré historia de esta manera… Ellos hablarán de ti en 30 o 40 años… Pero para mí es normal haber llegado hasta aquí. Soy el decimotercer cabeza de serie, de modo que se presupone que debo pasar este par de rondas. Estoy contento por estar entre los 16 mejores de Roland Garros por primera vez, así que ojalá pueda seguir haciéndolo bien”.

Una marca a medio plazo puede comenzar a cimentarse en París. El mejor jugador en la historia de Japón, rompiendo marcas establecidas hace décadas, con un horizonte al alcance de la vista: el noveno puesto alcanzado por Paradorn Srichaphan que le ubicó como asiático que más alto voló en la disciplina. A sus 23 años, tiene margen para romper los límites y capacidad para amarrar la historia.

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