Rafter lidera la rebelión de la Davis

Los capitanes valoran en Roland Garros una competición bienal a disputar en sede fija a final de año

Es una reunión para cambiar más de 100 años de historia. Sucede en los aledaños del vestuario de Roland Garros, entre la fina lluvia de París que pospone, interrumpe y cancela los partidos del segundo Grand Slam de la temporada. Liderados por el australiano Patrick Rafter, los capitanes de Copa Davis se reúnen el martes en la catedral de la tierra para buscar soluciones que cubran las carencias presentadas actualmente por la competición y resuciten el interés de los mejores jugadores por disputarla.

Esto es lo que ocurre. El excampeón del Abierto de los Estados Unidos lleva la voz cantante en la mesa redonda celebrada con la mayoría de capitanes, entre los que están el español Àlex Corretja y el estadounidense Jim Courier. Mediante una presentación de Power Point se expone la modificación del formato propuesta: la competición pasaría a disputarse cada dos años en una sede fija que se alternaría en cada nueva edición. Habría, además, una fase de clasificación para que los países con un ránking más bajo pudiesen optar a formar parte del torneo que se disputaría a final de temporada durante 10 días.

La exposición termina con disparidad de opiniones. Hay capitanes que rápidamente muestran su desacuerdo. Otros que abordan la reforma desde un ángulo distinto. Y algunos que coinciden en la idea de que la mejor forma de revitalizar la competición es una Davis bienal en sede variable. No hay ninguna carta firmada ni enviada a ITF por parte de los capitanes, solo un revoltijo de ideas. La reunión convocada por Rafter no queda plasmada en ningún documento, aunque desde la Federación Internacional de Tenis son plenamente conscientes de la celebración de la misma.

"Sin querer fui testigo de la reunión de algunos capitanes de Copa Davis en Roland Garros y el formato que piden sería algo similar al de la Copa del Mundo de fútbol", escribe luego en su cuenta de twitter Javier Frana, exjugador argentino con un amplio bagaje en la competición por países. "Disputarían clasificaciones regionales y 16 países jugarían en 10 días a final de año la Copa Davis en sedes que rotarían por el mundo cada dos años. Según se leía en esa presentación, la condición de local en la Davis se mantendría para la fase de clasificación", matiza en referencia a la propuesta de Rafter.

El capitán australiano, cabeza visible de la rebelión, se encuentra ante una situación tan incómoda como repetida en 2013: deambulando por las profunidades del Grupo I de Asia y Oceanía, visita recónditos lugares del mapa guiando a sus jugadores. Así, por ejemplo, el equipo australiano viaja en febrero hasta Kaohsiung para enfrentar a China Taipei y en abril a Namangan para medir fuerzas con Uzbekistán. Es el calvario que cruza un país que ha sido 28 veces campeón de Copa Davis. Eso, entre otras cosas, es lo que trata de evitar Rafter con su propuesta. Se piensa en la presencia de los mejores, pero también en los intereses particulares de cada nación.

"Cuando me quejo no es por despreciar a la competición, es de la más bonitas que hay, pero por culpa de gente que no está preparada para asumir cambios se va a venir abajo", dice Nadal en 2011 tras viajar en un avión privado desde Nueva York a Córdoba para disputar dos partidos al mejor de cinco mangas en 48 horas y comandar a España en el pase a una nueva final. "Hay diferencias entre ATP e ITF porque la ATP se mueve e intenta hacer cosas para que haya beneficios para los jugadores y no solo económicos", explica el mallorquín, que se encuentra con un margen de tres días para adaptarse a la tierra batida tras perder la final en el cemento del US Open ante Djokovic. "La ITF no hace nada, está en una posición muy cómoda. Ellos no se plantean cambios, saben que la situación no está bien, pero les da igual. Algo se está haciendo mal cuando los mejores jugadores del mundo no están compitiendo en la Copa Davis".

Antes de la asamblea entre los capitanes, los mandatarios ya han escuchado las reiteradas quejas de los jugadores hacia el formato. También han comprobado las renuncias de los mejores tenistas del planeta a disputar la competición, anteponiendo los torneos del circuito ATP a la pugna por la Ensaladera. En lugar de buscar soluciones en los despachos, se aferran a la magia de la competición, bandera demasiado raída que ya empieza a mostrar muchos orificios.

"Imagínemos que el mundial de fútbol se celebrase cada año, los futbolistas no podrían. En el tenis ocurre igual", cuenta Ferrer en la revista TENISWORLD meses antes de afrontar la eliminatoria en la que España peleará por no perder la categoría ante Ucrania en la Caja Mágica de Madrid. "Hay un calendario muy ajustado y si además añades la Copa Davis es normal que los jugadores lleguen al final de temporada muy cansados. Con 25 años tal vez se pueden hacer barbaridades y locuras físicas, pero ahora no. La Davis que quiere la gente es con los mejores y si no están ellos no tiene el mismo valor. Lo más lógico sería cambiar el formato. Hay muchas opciones para mejorar, pero el formato es muy duro para los jugadores".

Nadal y Ferrer hablan desde la frialdad de los números: ninguno de los diez mejores jugadores de la clasificación, salvo Berdych y Tsonga, han disputado las cuatro últimas eliminatorias de Copa Davis. Federer, que en 2012 intentó lanzarse a la conquista de la Ensaladera aprovechando un cuadro asequible, ha anunciado que no estará en la eliminatoria por la permanencia ante Ecuador. Djokovic se lesionó en las semifinales contra Argentina en 2011 y no formó parte del equipo en los cuartos de final de 2012 ante la República Checa, aunque sí ha estado en las dos eliminatorias de 2013. Murray compite de forma intermitente, pese a que Gran Bretaña no está en el Grupo Mundial. En 2012, por ejemplo, prefirió optar por prepararse a conciencia para Wimbledon, los Juegos Olímpicos de Londres y el Abierto de los Estados Unidos, a la postre su único título de Grand Slam. Nadal y Ferrer no estuvieron en la primera ronda este mismo año contra Canadá en Vancouver. El mallorquín, que tampoco formó parte del equipo en 2012, se estaba recuperando de la lesión que le privó de los Juegos Olímpicos, el US Open y el Abierto de Australia entre otros torneos. El alicantino, guía de la Armada el curso pasado, pidió descanso para sanar sus mermadas piernas. Es la realidad de la Davis. Y en París, durante Roland Garros, se buscan soluciones.

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