Marin Cilic, con el top-ten a tiro en París

El croata avanza con firmeza en el cuadro y se postula como el máximo candidato para ingresar de nuevo entre los diez mejores del ranking

Marin Cilic está muy cerca de volver al top-ten. Situado en la undécima posición del ranking ATP, la regularidad mostrado durante los últimos doce meses pueden colocarle de nuevo entre los diez mejores jugadores del mundo, posición que no ocupa desde abril de 2010. Tanto Petzschner como Kyrgios han sucumbido ante el tenista croata, que no ha dejado escapar un solo set en sus dos primeros partidos. Ganar con facilidad en los cruces iniciales y reservar fuerzas para la segunda semana se antoja clave para que el balcánico pueda ser más peligroso que nunca en Roland Garros.

Desde su irrupción en el circuito mucho se ha hablado de Marin Cilic. Campeón de Roland Garros junior en 2005, es el último campeón de Grand Slam en esa categoría que luego ha tenido cierto éxito como profesional, llegando a formar parte del top-ten. Entrenado por Bob Brett desde su adolescencia, el gigante croata ha tenido una progresión adecuada, desde los buenos torneos en sus inicios a nivel ATP en plazas prestigiosas como las de Gstaad o el Queen's Club, hasta la conquista de sus primeros títulos en New Haven o Chennai. Sin embargo, cuando parecía alcanzar el selecto club de los mejores tenistas del mundo, se estancó.

Las semifinales alcanzadas en el Open de Australia 2010 le situaron en el punto de mira de todo el panorama tenístico como la gran promesa del futuro. Con veintiún años y ya entre los top-ten, se pensaba que pronto se uniría a Murray o a Djokovic, que ya estaban dando guerra a Nadal y Federer y luchando por los mejores torneos. Sin embargo, a Cilic le pudo la presión. Tenis preciso, dotado de una derecha plana letal, un revés paralelo que es de los mejores del circuito y una preparación del golpe realmente corta. Saque mejorable para su altura -1,98 metros- pero con un segundo servicio liftado muy peligroso debido a ese excesivo arqueo de espalda en el propio gesto. Credenciales suficientes para ser tenido en cuenta, para luchar por grandes títulos.

Estuvo unas semanas en el top-ten y luego se diluyó como un azucarillo. Otro tenista como Tomas Berdych, que a temprana edad se encontró entre los mejores, pasó algo parecido entre el 2008 y 2009. En 2010, con veinticuatro años, alcanzó la final de Wimbledon y las semifinales de Roland Garros, volviendo a situarse entre los diez mejores, una situación de privilegio que a día de hoy no ha abandonado. Marin Cilic tiene a día de hoy 23 años, y desde hace tiempo se le ve una clara mejoría que le han colocado a las puertas del top-ten tres años y un mes después de su última aparición por esos lares.

Cilic inició la temporada 2012 en el mes de marzo tras superar una tendinitis en la rodilla que le obligó a parar por un tiempo más o menos prolongado -tres meses- por primera vez en su carrera. La vuelta al circuito se hizo dura, perdió algo de ranking, pero valió la pena porque ese hecho le hizo más fuerte mentalmente. Alcanzó los cuartos de final en el US Open y se llevó dos títulos ATP en superficies en las que aún no conocía la victoria: en el cesped de Queen's y en la tierra de Umag. A pesar de los buenos resultados y de la mejora de puestos en la clasificación mundial, a Marin aún no se le acababa de tomar en serio. Partidos como el que cuajó ante Murray en Flushing Meadows seguían demostrando que el croata no estaba para competir con los mejores, que en los momentos en los que tenía que dar un golpe sobre la mesa se achantaba. Falta de carácter. Carecer de algo esencial, algo que solo tienen los mejores.

Este nuevo curso, por tanto, es muy importante para el balcánico ya que quiere demostrar que puede enfrentarse a los mejores y ganarles. Su inicio de año no fue muy esperanzador, a pesar del título en el ATP 250 de Zagreb. En Cayo Vizcaíno, Murray le volvió a batir tras ofrecerle varias oportunidad a Cilic para mandar en el marcador. La temporada de tierra batida ha sido irregular y con pocas victorias, pero en Roland Garros va a por todas. La primera premisa para hacerlo bien en un Grand Slam, sobre todo si eres un outsider como es el caso de Marin, es no malgastar fuerzas en las primeras rondas. Y de momento el número once del ranking no va por mal camino.

Philipp Petzschner solo le pudo hacer seis juegos, y la gran promesa Kyrgios aguantó bien durante el primer set pero después no fue capaz de mantener el nivel de juego, y acabó ganando solo ocho juegos. En la siguiente ronda, espera el serbio Viktor Troicki o el español Daniel Gimeno Traver. Oponentes no demasiados complicadas para el tercer cruce. En octavos de final, podría aguardar la primera prueba de fuego, un top-ten que exija a Cilic lo mejor de sí mismo: Jo-Wilfried Tsonga. Aún no se han enfrentado sobre arcilla, pero el cara a cara es favorable para el croata por 2-1, habiendo ganado Marin el último duelo sobre la pista dura de Miami.

A las puertas del top-ten, Cilic espera salir de París como décimo jugador del ranking ATP. Stanislas Wawrinka debería pasar una ronda más que el croata para pasarle en la clasificación, y Nishikori llegar a cuartos y que el ex pupilo de Bob Brett no alcanzase la segunda semana. Porque esa es otra noticia importante. Por primera vez desde 2004, Marin no tiene entrenador. Estará unas semanas viajando solo, y luego tomará alguna decisión. Con el título de Queen's por defender, además de los octavos de final en Wimbledon, lograr un buen resultado en Roland Garros se antoja clave para afrontar el verano con mayor tranquilidad. Recuerden, si Berdych pudo superar su irregularidad y convertirse en un tenista top, ¿Por qué no puede hacerlo el croata?

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