Nadal: "Hay que sufrir para ganar"

El balear, acribillado a ganadores, mantuvo la frialdad para salvar un durísimo estreno

Cuando Daniel Brands colocó el partido a su favor con 6-4 6-6 (3-0) Roland Garros parecía situar a Rafael Nadal al borde de una épica teóricamente reservada para las fases finales del torneo. Aporreado sin remisión, completamente atormentado a base de morteros, el mallorquín se encontraba en mitad de un torrente de preguntas incapaz de dar respuesta.

Un partido marcado por la intermitencia dictada desde el otro lado de la cinta. A cada planteamiento encontraba una auténtica bomba por réplica. Un Nadal maniatado en París a través de un patrón de juego que le hizo clavar la rótula en choques destacados del pasado. Así cedió ante Soderling en 2009. Y con tal planteamiento salió Brands a la arena. A competir sin dejar pensar. "Creo que no tuve la oportunidad de jugar porque él estaba pegando cada pelota tan fuerte como pudo. Desde la primera bola" apuntó el balear.


Salir a no dejar rastro. A desorientar a un Nadal hasta el punto de anular cualquier mecanicismo. Dejar sin tiempo de reacción al mallorquín, incapaz de hilar una idea con la que desmontar el martillo teutón. Brands fue un río desbocado. Nadar a contracorriente, una tarea inhumana. "No hubo una pelota en la que sintiese que tenía tiempo para decir ‘bien, voy a preparar, voy a jugar el punto y voy a tirar una bola allí, una bola allí, una bola allí. No tuve esa posibilidad en todo el partido" concedió Nadal.

Nadal, que por primera vez en nueve visitas a París abrió su participación entregando la manga inaugural del torneo, se encontró con un oponente inspirado por la precisión. Un impacto atronador, una violencia para romper la esfera a quemarropa. Alto riesgo, pero si la bola encuentra pista, el plan no resiste réplica. "Él salió a pista con esta táctica. El problema no está en la táctica. El problema está en la ejecución, y él lo hizo muy bien. Ése era el auténtico problema. Tienes que pelear y tienes que sufrir para ganar, y eso es exactamente por lo que pasé".

Ante semejante tormento, mantener la frialdad mental se antoja un factor decisivo para encontrar la luz. No desesperar y seguir remando, un requerimento arduo. "Estaba intentando encontrar soluciones en cada momento. Sentí que no estaba frustrado, que no estaba ahí sin pensar qué estaba haciendo" analizó el mallorquín. "Creo que tuve mi cabeza bajo control en todo momento, peleando por el siguiente punto en todo momento. Tienes que tener la suficiente humildad para reconocer que tu oponente en ese momento particular está jugando mejor que tú y que tienes que esperar para la situación que permita cambiar y encontrar una solución".


El abismo se apareció bajo los pies del mallorquín cuando el alemán, en el mejor partido de su carrera según comentó tras el partido, fue capaz de construir un 3-0 al comienzo del tiebreak que clausuró el segundo acto. Hubiera sido un escenario novedoso. En los 53 precedentes que componen su historial en París jamás ha entregado Rafael los dos primeros parciales. Hubiera requerido una remontada de proporciones colosales. Por la magnitud del escenario, apenas el primer partido del torneo sagrado. Y por la confianza del oponente, imperial desde el servicio y con un abanico de golpes ganadores hasta aquel momento. "Con dos sets a cero no diría que no hubiera tenido oportunidades, porque creo que siempre las hay y hubiera seguido luchando, pero hubiera tenido mucha presión durante el partido".

Afortunadamente para el balear, el cielo se abrió en los instantes decisivos. "Encontré mi oportunidad en el tiebreak. Un error suyo con 3-2 con su revés me dio aire. Con 5-4 hice dos tiros fantásticos. Dos ganadores paralelos. Uno con mi derecha y un resto con mi revés. En el momento justo los encontré. Creo que ahí estuvo el partido" argumentó un Nadal que logró quebrar a su adversario al comienzo de la tercera y la cuarta manga para cortar de raíz cualquier tentativa de alboroto y cerrar (4-6 7-6 6-4 6-3) uno de los estrenos más movidos que se le recuerdan en la capital gala.

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