Federer, el sueño de Carreño

El español, que superó una hernia discal en 2012, enfrenta hoy al ganador de 17 grandes en su estreno en Grand Slam

La sincera confensión refleja la dimensión del desafío: "No sé si podré dormir la noche antes". Una mano se abre paso por el interior de Pablo Carreño y le retuerce las entrañas cuando escucha que su debut en Grand Slam será ante Roger Federer. Un regalo inolvidable.

Horas antes, sin embargo, el español pelea bajo la lluvia de París por rubricar su pase al cuadro final de Roland Garros. Son dos imágenes del mismo torneo unidas por el objetivo de la misma cámara. Es un viaje desde el infierno al cielo en el mismo día: de la frialdad de la pista número 7 al calor de la Philippe Chatrier. De ser observado por medio centenar de ojos a llegar a millones de personas repartidas por todo el universo. De competir ante Vincent Millot, 238 del mundo, a hacerlo frente a Roger Federer, uno de los mejores raquetas de la historia. Una experiencia única en manos de un luchador de granito. Un sueño.

A los 21 años, el gijonés ya es protagonista de una historia de superación y constancia. Carreño alcanza el escalón número 133 de la clasificación con 19 años. La proyección mostrada le concede la bendición de los técnicos, que ven en su figura un puente entre la generación de oro que está cerca de apagarse y la hornada de tenistas nacionales que no aseguran un relevo suficiente para cubrir el enorme vacío que dejarán Nadal, Ferrer y el resto de jugadores de La Armada. Una hernia discal le obliga a parar para operarse, cortando su progresión y enviándole a la lona durante la mayor parte de 2012.

"Era una operación muy difícil, con riesgos. Te lo planteas todo en ese momento", explica Carreño, que comenzó 2013 siendo el 684 del mundo y ya es el 166 en el ránking, 74 en la RACE, la clasificación que mide los logros anuales. Esa ascensión se explica desde los resultados: siete torneos Futures conquistados (42 triunfos y 1 derrota), primera victoria en el circuito ATP (Casablanca frente a Andújar, que defendía el título), semifinales en Oeiras (derrotando a Benneteau, Goffin y Fognini, hombres con muchos más galones que él, y arrancando un set a Wawrinka, campeón del torneo portugués y finalista en el Masters 1000 de Madrid) y ahora componente de un cuadro final de Grand Slam por primera vez en su carrera.

Carreño, que empezó jugando a tenis con chicas de la mano de su hermana Lucía, escucha los consejos de Javier Duarte, el mismo hombre que comandó la carrera de Àlex Corretja y capitaneó a la selección española hacia la conquista de la primera Copa Davis en Barcelona. Dudu ha sido uno de los grandes responsables de la tonificación mental del joven, lo que le ha llevado a creerse capaz de tumbar a jugadores superiores a él en todos los ámbitos del juego. Hoy, frente a Federer, tendrán un reto sin parangón hasta el momento para el que el gijonés se ha estado preparando durante estos dos días. Ayer, antes de dormir, Pablo lanza un mensaje en una red social que le envuelve en la coraza del guerrero, listo para la batalla: "Creo que no se puede pedir más para debutar en Roland Garros. Pista central contra Roger Federer. ¡Vamos!".

"No digo que vaya a volver a ser número uno de repente, pero no escondo que es mi ambición", avisa el suizo, rival de Carreño en la primera ronda de Roland Garros. Federer, que por primera vez en 13 años llega a París sin un título en la maleta, busca desde hoy su grande número 18. Compite en un Grand Slam por 54ª vez consecutiva, a dos del récord absoluto del sudafricano Ferreira (56). Si alcanza los octavos de final se convertirá en el jugador con más victorias (57 por las 56 de Guillermo Vilas) en el torneo parisino. A los 31 años, sin embargo, al helvético le sobra apetito para tener la voluntad de querer pelear por recuperar el número uno del mundo.

Sin prestigiosos resultados en 2013, Federer sonrió tras comprobar cómo el sorteo del pasado viernes le había colocado en el mismo sector que Ferrer, evitando a Nadal hasta una hipotética final. Castigado por el azar durante los últimos meses (afrontó un cuadro lleno de trampas en el Abierto de Australia y pese a ello logró alcanzar las semifinales), Federer goza en París de dos plácidas primeras rondas ante jugadores de la fase previa y un camino asequible hasta las semifinales. En Carreño, no obstante, encontrará uno de los rivales más difíciles de todos los que han superado las tres rondas de calificación del torneo: 56 partidos ganados suma el español en la actual temporada entre cuadros finales, fases previas y torneos Challengers y Futures.

"Y lo que puede marcar la diferencia entre un jugador mayor y uno más joven es la motivación", explica Federer antes de medir fuerzas contra un jugador diez años menor que él, miembro de otra nueva generación de hambrientos tenistas, la cuarta a la que hace frente el helvético. "Estoy satisfecho con el nivel de tenis que tengo a mi edad. Me parece que está muy bien. Diría que actualmente estoy muy fuerte. Mi cuerpo se ha acostumbrado a producir el esfuerzo exigido, lo que hace las cosas mucho más fáciles de lo que eran al principio".

En París, un duelo entre dos trenes con sentidos opuestos. Uno que superada la treintenta busca de nuevo el número uno del mundo y otro que rebasada la veintena intenta terminar el curso cerca de los cien mejores. Contrastes para levantar el telón de Roland Garros.

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