La increíble racha de Wawrinka

El suizo, que jugará ante Nadal la final del Masters 1000 de Madrid, encadena una racha de nueve victorias consecutivas.

Stanislas Wawrinka está en el mejor momento de su carrera. Lo dicen los resultados, con su racha de nueve victorias consecutivas, que empezó en el torneo ATP 250 de Oeiras, y ha continuado esta semana en el Masters 1000 de Madrid. También su progresión se manifiesta en el aspecto mental, donde está consiguiendo resolver situaciones complicados en las que antes flaqueaba con facilidad. Su reciente asociación con Magnus Norman, que ya consiguió que su antiguo pupilo Soderling explotara, está dando muchos frutos.

El mejor tenista suizo del 2013 no es Roger Federer. A escasas semanas de cumplirse la mitad de temporada, el jugador nacido en Suiza con más puntos en la Carrera de Campeones de la ATP no es el genio de Basilea, es Stanislas Wawrinka. Con los puntos que ha adquirido el de Lausana en la capital española, el actual #15 del ranking mundial se encuentra en la sexta posición de la clasificación que mide los mejores tenistas del año, superando por 365 puntos al número dos del mundo.

El talento de Stan nunca ha sido negado por nadie que entienda un mínimo de tenis. Durante años se le ha considerado un jugador peligroso, un outsider capaz de incomodar a cualquier jugador en un buen día, pero que en el momento de la verdad siempre acaba arrugándose, justo cuando el triunfo estaba cerca. A pesar de ser finalista en el Masters Series de Roma, campeón olímpico en dobles, u ocupar de forma esporádica el top-ten, se le consideraba un hombre con un potencial desperciado debido a su fragilidad mental.

El inicio de esta temporada, como casi todos los años, parecía constatar el hecho que venía acaeciendo respecto al rendimiento de Wawrinka. Muy bien antes los buenos cuando el partido no se encontraba en momentos calientes, pero bajada de rendimiento en cuanto había que pelear a cara de perro. El punto álgido de lo comentado, llegó en el Open de Australia. Octavos de final, a una sola victoria de los ocho mejores, y enfrente el gran Novak Djokovic.

En la Rod Laver Arena, con miles de personas observando, el número uno y tricampeón del evento, se encontró con una situación crítica. Wawrinka salió en tromba y ganó once de los primeros catorce juegos del encuentro. Sacó hasta en dos ocasiones para ganar el parcial, pero falló. Aún así, forzó el quinto y definitivo acto, y el partido se decidió en la distancia. Con los nervios a flor de piel, con el pase a la antepenúltima ronda en apenas dos puntos, el suizo volvió a esconderse. Djokovic no dejó escapar la oportunidad y se llevó el partido por 12-10 en el quinto set.

Apenas dos semanas después, junto a Marco Chiudinelli, perdió el partido más largo de la historia de la Copa Davis, tras más de siete horas de lucha ante los checos Lukas Rosol y Tomas Berdych. El infortunio volvía a cebarse con Wawrinka, que de nuevo caía en un encuentro que se decidía en apenas dos lances. Sin embargo, su nivel en los siguientes torneos fue muy bueno. Llegó a la final en la arcilla de Buenos Aires, ganando a Nicolás Almagro en semifinales y cediendo solo en el partido por el título ante David Ferrer, el cuarto mejor jugador del mundo.

En Indian Wells la historia volvía a repetirse. Enfrente Roger Federer, aquejado de problemas de la espalda, que ganaba a Stanislas en un larguísimo partido a pesar de que el de Lausana jugó mejor durante gran partido del encuentro. Con la temporada de tierra batida parecía que nada iba a cambiar, pero la contratación de Magnus Norman como entrenador a tiempo parcial cambió el rumbo de la carrera del suizo. El ex tenista sueco, que llegó a ser número dos del mundo en el año 2000, empezó su colaboración con Wawrinka en el Masters 1000 de Montecarlo, donde ya se vieron grandes progresos.

Sobre el polvo de ladrillo monegasco, logró tres victorias, pero sobre todo una de gran valor. Montañés e Istomin cayeron con facilidad en dos sets, al igual que lo hizo en la ronda de octavos el escocés Andy Murray, en esos momentos el #2 del mundo. La forma en la que le derrotó, permitiéndolo ganar solo tres juegos, sorprendió a muchos, ya que en ningún momento dudó de su triunfo aunque el rival era de enjundia. En Oeiras llegó el primer gran triunfo, vengándose de David Ferrer en la final del evento portugués y en La Caja Mágica la racha ha seguido, hasta el punto de acumular nueve victorias consecutivas desde que Tsonga le derrotase en los cuartos de final de Montecarlo. El francés sucumbió ayer en la Manolo Santana, y en el día de hoy fue Tomas Berdych, finalista en el pasado año, el que cayó ante Wawrinka. Rafael Nadal es su siguiente escollo, para casi cualquiera jugador una muralla insalvable. ¿Lo será también para el nuevo Wawrinka?

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