Ana Ivanovic vuelve muy en serio

Dijo que su objetivo en 2013 era volver al top10, y con gran nivel sobre tierra se acerca enérgicamente a ello

Hace meses que caracteriza a la WTA una regularidad inusitada otrora. A esa regularidad contribuye la nueva visión más profesional que nunca de Serena Williams, la recuperación definitiva de Maria Sharapova y la aparición confirmada de Victoria Azarenka; que se añaden a la calidad subsistente de Agnieszka Radwanska, las apariciones enérgicas de Na Li, la frecuente fortaleza de Angelique Kerber y el acérrimo coraje de Sara Errani. Toda esa regularidad que está permitiendo distanciarse al top3 de la WTA como no se veía hace más de un lustro y al top8 con diferencias abismales, está llevando a que el nivel de juego de Ana Ivanovic no se plasme con tanta claridad como lo podría haber hecho en el pasado. Sin embargo, su nivel actual bien merece varios artículos.

Ana Ivanovic tiene una historia peculiar. Brilló y se apagó, lució y se oscureció, la serbia terminó el 2007 y arrancó el 2008 con un color especial. Así lo prueba su final del Open de Australia de 2008 y el magnífico título de Roland Garros alcanzado en ese mismo año. Sin embargo, desde entonces, se hundió estrepitosamente. Por su belleza, su logro en Paris y el #1, Ivanovic se convirtió pronto en un mito del tenis femenino. Un mito al que se le cuestionaba tras cada partido, un mito al que alcanzado el #1 y ganado un Grand Slam ya cualquier resultado le supondría restar o empatar, nunca sumar.

Le preguntamos hace un par de meses, en una entrevista exclusiva con Punto de Break, a Ana que por qué cree que le ocurrió eso, “fue una combinación de distintos factores. Quizás todo el éxito que logré, como alcanzar el número 1 del mundo, llegó demasiado pronto y no estaba preparada para ello. A esto habría que añadir que he tenido que soportar muchas pequeñas dificultades físicas, lo que afectó mucho a mi confianza. Entonces sentía que iba de un disgusto a otro, sin que la mala racha llegara nunca a su fin”, nos respondió. Y concluyó reflexiva que “ahora con tiempo, mirando hacia atrás, quizás tendría que haberme tomado un pequeño parón, y haber vuelto a empezar de nuevo. Lo intenté a través de muchos métodos diferentes de entrenamiento y demás, todo para encontrar mi mejor forma, esa que me llevó a ser número 1. Al final, eso me saturó de entrenamientos y creó una presión sobre mí misma que me causó mucho estrés y no ayudó".

En aquella misma entrevista Ana nos confesó que el objetivo para el 2013 era ser top10 y aspirar, en lo posible, a colocarse entre las 8 mejores tenistas de la temporada para así acceder al WTA Championships de 2013 en Estambul. Sin duda, las últimas semanas son dignas de una top8; no así el resto de su temporada. La tierra batida está siendo una gran aliada para la tenista serbia; en ella una temporada que parecía más gris que nunca, comenzó a colorearse con una eliminatoria de Copa Federación brillante en lo que a ella respecta (ganando a Kerber y Barthel, en su propia casa), unos cuartos de final espectaculares en Stuttgart (donde tuvo contra la cuerdas a Maria Sharapova) y ahora unas semifinales en Madrid (dejando por el camino con grandes partidos a jugadoras como Mattek-Sands, Laura Robson o Angy Kerber).

Va a subir en la race. Aún queda lejos ese objetivo de estar entre el big8, pero se acerca de forma más que interesante. Todavía colocarse entre las 8 primeras del mundo estará a aproximadamente 500 puntos, pero visto el nivel de Ivanovic las últimas semanas, nadie puede descartar a la de Belgrado para ser una sorpresa positiva en Roma y Roland Garros.

Me he sentido muy bien en pista, muy cómoda con mi juego y muy tranquila de cabeza. Lo cierto es que llevada sin tener estas sensaciones sobre tierra batida desde el año 2008”, confirmó en Stuttgart ante la sorpresa de los periodistas allí desplazados. Que Ivanovic hable de recuperar las sensaciones que le llevaron a la cima de la clasificación a reemplazar como campeona de Roland Garros a Justine Henin, son palabras mayores.

Sin duda, esto genera ilusiones y expectativas. De hecho, llegué a Madrid para seguir in situ el Mutua Madrid Open, y uno de los nombres que tenía en mente para observar con detenimiento y curiosidad era el de Ivanovic. El primer entrenamiento que pude presenciar me dejó literalmente sin palabras. Había podido ver otros cuantos antes, pero el de Ana fue de largo el más intenso y exigente. Primero con su preparador físico, Branko Penic, después junto a Wozniacki peloteando, para después seguir hasta cumplir casi 3 horas en pista de duro entreno. Nadie en toda la semana ha entrado tal cantidad de horas en pista en ningún momento. Su confianza en Nigel Sears, su coach desde Wimbledon 2011, va en aumento; y el crecimiento en los aspectos mentales, no cesa las últimas semanas.

Muy centrada, pudo resolver un partido trampa, de aquellos que los desconocidos del tenis no aprecian, pero que los que lo seguimos habitualmente valoramos. Ante una Mattek-Sands acertadísima, con el Stadium 3 de la Caja Mágica a reventar, Ana pudo resolver un encuentro que hace unas pocas semanas se la habría escapado con seguridad. Luego fue Scheepers, a la que arrolló. Más tarde la remontada dramática ante Robson, con más corazón que tenis. Y por último, una victoria radiante ante Angelique Kerber, que venía jugando un gran tenis (especialmente en su partido previo ante Kuznetsova).

Esta positiva semana en Madrid, que se añade a la de Stuttgart (tanto en Fed Cup como en el WTA Premier), es clave porque prolonga la buena línea de Ana. La siguiente cita es Roma. Allí, así es el tenis, volverá a ponerse a prueba su gran estado de forma; pero creo que cabe ser optimista. Relajada y confiada, le falta dar el paso ante las grandes (como ante Sharapova, su verdugo las dos últimas semanas), de las que no tiene tanta distancia en juego como en confianza y puntos. A las grandes tenistas sólo se les gana con valentía, coraje, trabajo y constancia. Perder ante las mejores es una buena noticia para Ana, aunque en Madrid desde luego su semifinal fue francamente decepcionante. Estos nervios de las aspirantes y esta seguridad de las top3, en los Grand Slams se diluyen y tornan en nervios para las ‘favoritas’ y esperanzas para las aspirantes. Por tanto, que nadie pierda de vista a Ivanovic en París; ya se lo aviso, por segunda vez en apenas un par de semanas.

Al borde de las cabezas de serie de Madrid, Ivanovic se ha quedado cerca de casi salir del top20, pero mañana saldrá de nuevo en el #13 y mucho más cerca del top10 que antes. Si su nombre se suma a la disputa por coronar la gira de arcilla, la competición tornará aún más emocionante; con el grado justo entre favoritas y grandes aspirantes. Tras más de cuatro años meritorios pero simples, en los que no se colocó entre las cuartofinalistas de ningún Grand Slam (sus últimos QF fueron en Roland Garros 2008, torneo que ganó, hasta que alcanzó la antepenúltima ronda en el US Open de 2012), parece que al fin se puede volver a soñar (un poquito) con Ana Ivanovic.

por @Pep_Guti en @PuntoDBreak

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