Las gradas vacías del Mutua Madrid Open

El torneo de Madrid sigue teniendo en su afluencia de público uno de los grandes puntos débiles

Las gradas del Mutua Madrid Open siguen presentando un aspecto ciertamente desolador conforme el torneo se encamina a las rondas finales del torneo. Una realidad que se observa año tras año en una grada que se encuentra lejos de las grandes aficiones del circuito.

Una respuesta fácil, y hasta cómoda, la podríamos acuñar tirando el dardo hacia la afición de Madrid. Durante los primeros días de competición, una sesión de entrenamiento de un tenista top ATP genera una expectación sideralmente superior que un partido de competición WTA. Se ha dado el caso de estar jugando una tenista top10 y haber en la grada un número parejo de aficionados al de ‘oficiales’ (recogepelotas, jueces de línea, juez de silla,…) en pista. Y el sector de la grada más ocupado siéndolo para seguir la práctica del top ATP en pista contigua desde los asientos que permiten visión de ese court. Esto es algo que debe de pasar en multitud de eventos, pero sigue siendo significativo.

Es cierto que el aficionado medio de Madrid, sin entrar en afirmaciones absolutas pero reconociendo que el sentir de la premisa es bastante amplio, acude al torneo a ver tenistas –grandes tenistas- en lugar de tenis. Eso es algo que no se va a descubrir ahora. Pero también es cierto que la organización, con una peculiar disposición de horarios, es una piedra que está contribuyendo a agudizar la cuestión. Durante la semana mucho colorido ha sido portado por grupos de niños traídos desde los colegios, para adecentar en cierta medida el estado de las gradas.

Tampoco está ayudando la disposición de los partidos en el torneo. Sin ir más lejos, el encuentro que enfrentaba a Anabel Medina ante Serena Williams en los cuartos de final del torneo. Es decir, la última representante española en el cuadro femenino ante la primera jugadora del mundo. ¿Qué partido va a generar más expectación entre la grada madrileña que una compatriota ante la mejor tenista del momento? Parece complicado encontrar respuesta.

No obstante, el partido es colocado en el primer turno de la jornada, contribuyendo a una entrada con amplios vacíos entre las gradas. La imagen de las tribunas era realmente paupérrima. ¿Hubiera sido más seguido el partido en otra franja horaria? La primera hora suele ser uno de los momentos más bajos del día. Al menos ubicar el partido inmediatamente antes o después del encuentro de Nadal -ubicado para el tercer turno- pudiera ser una idea.

Mención aparte merece la disposición general de los encuentros. Las grandes estrellas andan copando las sesiones de día, coincidiendo entre semana con jornadas de trabajo de amplios sectores de público. El mismo jueves que presenció la eliminación de Roger Federer tuvo en la misma sesión la presencia de Rafael Nadal, dejando para la jornada nocturna un encuentro de Murray. Quizá se intente incentivar la mayor afluencia de público en franjas horarios con menor expectativa de aficionados, pero los resultados están siendo un tanto discutibles, con entradas discretas en gran parte de los partidos.

Por no hablar de las planificaciones en pista. El estadio central está acogiendo de manera sistemática hasta seis partidos por jornada. El evento es mixto y tiene mayor carga que otros eventos, pero la cita dispone de tres estadios para evitar estas aglomeraciones. No obstante, más allá del número de encuentros disputados en el mismo escenario llama la atención los horarios establecidos para tales encuentros. Fundamentalmente en aquellos correspondientes a las sesiones nocturnas. La organización del Mutua Madrid Open ha decidido establecer el inicio de tales partidos a partir de las ocho de la tarde.

No hace falta que se estiren mucho los partidos para introducirse en horarios intempestivos entre semana, mostrando poca sensibilidad por un aficionado que al día siguiente deba cumplir con sus obligaciones laborables. En concreto, la jornada ha terminado pasada la medianoche durante seis días consecutivos, teniendo como episodio más escamoso los octavos de final competidos entre Andy Murray y Gilles Simon, quienes cerraron la jornada del jueves a las 1:30 de la madrugada. Piensen dos veces del horario que estamos hablando.

A pesar de ello, lo peor podría estar por llegar. Por primera vez en esta edición la sesión nocturna incluye dos partidos masculinos en pista central. Este viernes puede ser algo a observar. Hablamos de encuentros a priori parejos (Wawrinka v Tsonga; Murray v Berdych) que nadie garantiza no se dilaten durante tres sets. Ya sólo quedan los mejores jugadores del torneo y se prevén pulsos competidos en cada bola. Hablamos de tierra batida, donde los puntos se mastican antes de ser tragados. Colocar esos dos duelos pasadas las 20 horas puede ser un desastre anunciado.

¿Qué sentido tiene situar al evento ante tal riesgo? ¿Quién sale ganando si la jornada termina a cerca de las dos de la madrugada?. ¿Los jugadores, que tienen partido nuevamente al siguiente día? Dudoso. ¿Los aficionados, obligados a aguantar hasta bien entrada la noche? Tampoco parece. ¿Los medios de comunicación, haciendo coberturas horarios intempestivos? ¿Quién, dentro del territorio nacional, va a estar pendiente de un evento que cierra a tales horas?

Entradas con un precio de tres cifras por sesión para las rondas finales no contribuyen tampoco a generar ambiente para los partidos más destacados.

Lo más importante es poner jornadas de tenis largas, superando las catorce horas el jueves, para garantizarse un trasiego de gente continuo por las zonas comerciales. Es un negocio y como tal está montado. Hablando con una persona que trabaja en todos los Masters 1000, desde los americanos de Indian Wells, Miami, Canadá o Cincinnati, hasta el asiático de Shanghai, pasando por todos los europeos como Montecarlo, Roma, París y Madrid, la impresión es directa. "De los nueve torneos, éste es el peor organizado de todos".

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