¿Es el tenis más aburrido que hace 15 o 20 años?

El desigual reparto de títulos importantes y la ralentización de las superficies ponen en jaque el pensar en que hay un circuito interesa

El tremendo dominio que ejerce el actual Top 5 sobre el resto de tenistas y la homogeneización de las pistas, cada vez más lentas, nos obligan a preguntarnos si el tenis es cada vez más aburrido y si va por el buen camino.

Se habla y se comenta mucho de la coincidencia en un mismo espacio de tiempo de tres megaestrellas de la raqueta coleccionadoras de todos los récords habidos y por haber. Son pocos los registros que le faltan por completar a Roger Federer, menos aún los números en tierra que debe batir Rafa Nadal respecto a otras leyendas. Incluso, Novak Djokovic en estos últimos años ha iniciado una carrera en busca de los títulos mayores que no se sabe muy bien cuándo acabará. Por si fuera poco, existe un cuarto hombre llamado Andy Murray que tiene la virtud de ganar cuando estos tres anteriores nombres no lo hacen.

El actual Top 5 no permite sorpresas.

Sin embargo, lo que para muchos es considerado como toda una suerte que se hayan juntado tenistas de tanto nivel en una misma época, para otros no lo es tanto, principalmente porque la competitividad se vuelve menor, especialmente en las primeras rondas, donde las sorpresas apenas se producen reduciéndose el componente emoción en los primeros días, cosa que en décadas pasadas si ocurría con mucha mayor frecuencia. En este sentido, cabe preguntarse ¿es el tenis más aburrido que hace por ejemplo 15 o 20 años?

Y es que a pesar de que en un primer momento el debate puede parecer absurdo, hay ciertos elementos que llevan a pensar si verdaderamente el tenis evoluciona o involuciona en cuanto a emoción se refiere. Por un lado, las superficies cada vez son más parejas y lentas. Se han suprimido los especialistas, el juego de fondo de pista predomina sea cual sea el tipo de suelo en que se dispute un torneo y los partidos se alargan en muchos casos más de lo debido.

En Grand Slams, son fáciles de ver encuentros que sobrepasan las tres horas y medio o incluso, cuatro, por ya no hablar de “maratones” que se le elevan a las cinco horas, seis o incluso, siete, como ocurrió en el pasado duelo de dobles que disputaron la República Checa y Suiza en la Copa Davis.

Antes, existían los clásicos sacadores y voleadores, los “terrícolas” y hasta los especialistas en moqueta. Hoy apenas existen unos pocos tenistas atrevidos que se salgan de la línea de golpear a la bola a cada golpe más fuerte. En ese sentido, el juego físico ha ganado predominio sobre el talento y calidad.

Pero sobre todo, lo que más se ha resentido es quizás la competitividad. Los mejores lo son ya no en una o unas determinadas superficies, sino en todas y en casi todos los torneos. Si en 1998, por ejemplo, hasta ocho jugadores distintos alcanzaban las cuatro finales de Grand Slam de ese curso, y seis tenistas se repartían los nueve Super-9 (hoy Masters 1000) del año, hoy la cosa es radicalmente distinta. En las últimas cinco campañas, sólo han llegado a finales de torneos grandes nueve jugadores (casi los mismos que en todo el 2008), de los cuales sólo cinco ganaron “majors”, y de los últimos 30 Masters 1000, apenas hubo también cinco vencedores distintos. (Nadal, Federer, Murray, Djokovic y Ferrer).

Si en otras épocas, poder presenciar encuentros de primeras rondas era algo ameno y divertido en los que se podía esperar una derrota de algún gran favorito (Sampras que acabó número 1 1998 no pisó los cuartos de final en nueve torneos ese año , Ríos que fue segundo, en 8 estuvo ausente de los cuartos) hoy eso si sucede es a cuentagotas. Salvo David Ferrer, y en menor medida Andy Murray, el resto del Top 5 no permite sorpresas casi nunca.

Así, por ejemplo, desde 2011, Novak Djokovic sólo ha dejado de pisar los cuartos de final en dos ocasiones (París-Bercy 2012 y Miami 2013), Roger Federer en tres (Miami 2012, Canadá 2011 y Roma 2011) y Rafa Nadal en cuatro (Wimbledon 2012, Madrid 2012, Shanghái 2011 y Canadá 2011).

Es cierto que las semifinales y finales en la actualidad suelen resultar de alto voltaje y espectaculares por el talento de los que ahora mandan en las clasificación, pero las primeras rondas de los mejores jugadores apenas resultan trámites donde la emoción radica en saber el tiempo que estarán en pista o el número de juegos que cederán, especialmente en los torneos en pista rápida, ya que la hierba y la tierra todavía conservan cierta dosis de sorpresa, aunque tampoco mucha. De hecho, uno mira el orden de juego de cualquier primera o segunda ronda de un torneo donde entren en acción los favoritos y puede comprobar que en pistas secundarias puede gozar de partidos más abiertos y entretenidos que en la central.

La cosa todavía se agrava más en los Grand Slam donde el hecho de que haya 32 cabezas de serie y no 16 como antaño, permite a los 32 mejores esquivarse hasta la tercera ronda, fomentando aún más los partidos desiguales en estas jornadas iniciales. Sin duda, algo para reflexionar.

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