David Ferrer se reencuentra con la victoria en Oeiras

El tenista alicantino ha ganado en el torneo portugués su primer partido desde Miami

David Ferrer ha vuelto a celebrar una victoria, sensación que no disfrutaba desde el pasado 30 de marzo, cuando batió en las semifinales del Masters 1000 de Miami al alemán Tommy Haas. En el día de hoy, ha ganado en la segunda ronda del ATP 250 de Oeiras al francés Edouard Roger-Vasselin en tres sets para acceder a los cuartos de final del evento luso. El mes de abril es pasado. Es tiempo de olvidar los malos momentos y centrarse en cuajar una buena gira europea sobre tierra batida.

Primer día de mayo. David Ferrer, jugador que más victorias consiguió en 2012 en todo el circuito, acaba de estrenar su casillero de victorias en la gira primaveral de arcilla. Difícil de creer en un principio, teniendo en cuenta que en abril se disputan torneos como los de Montecarlo o Barcelona, pero lo cierto es que la noticia es un totalmente cierta. Hace poco más de treinta días el tenista español sufría una derrota muy dolorosa en la final de Miami ante Andy Murray. En la central de Crandon Park, el alicantino estuvo a un solo punto de ganar el título, pero acabó sucumbiendo en el desempate del tercer set.

La derrota trajo consigo varias consecuencias. En primer lugar, el partido fue muy duro, tanto en el plano físico como en el mental. La excesiva lentitud de las pistas floridanas provocó que cada punto que se ponía en juego fuese una batalla encarnizada por ver quién era el tenista más resistente. Cuando el partido se tenía que decidir, Murray protagonizó un largo intercambio, con una agresividad criminal que acabó rompiendo las piernas de David Ferrer. Los calambres aparecieron en el muslo del alicantino, que no pudo recuperarse a tiempo para disputar el Masters 1000 de Montecarlo, torneo que abría la gira europea de arcilla y del que fue finalista en 2011.

De todas formas, la obligada renuncia del pupilo de Javier Piles tampoco era un drama. De hecho, no era una noticia demasiado negativa, ya que por una parte el torneo del Principado es el único Masters 1000 no obligatorio para los jugadores y por otro porque en la temporada pasada cayó a primeras de cambio ante el brasileño Thomaz Bellucci, por lo que no se enfrentaba a pérdida de puntos alguna. La otra ventaja era que podía preparar con antelación una de las citas que suele marcar en rojo en el calendario: el Trofeo Conde de Godó.

Barcelona es especial. Desde hace años el torneo de categoría ATP 500 es uno de los objetivos prioritarios para el número cuatro del mundo. Finalista hasta en cuatro ocasiones, siempre se había inclinado en el partido por el título ante Rafael Nadal, el mejor jugador en tierra batida de la historia y su particular némesis en polvo de ladrillo. Además, en este curso, por primera vez en su carrera, Ferrer se presentaba en la Ciudad Condal como preclasificado número uno, al disfrutar de mejor clasificación en el ranking mundial que el tenista balear.

Sin embargo, y contra todo pronóstico, el descalabro del jugador de Jávea fue mayúsculo. Su derrota ante el ruso Dmitry Tursunov en el partido de debut fue un golpe muy duro. Tenía que abandonar prematuramente uno de sus torneos preferidos, sabiendo que ya con 31 años recién cumplidos las oportunidades de triunfar en Barcelona iban reduciéndose temporada a temporada. De todos modos, su equipo de trabajo estimó que no había tiempo para lamentaciones. Ferrer necesitaba rodaje, no podía llegar a la altura de La Caja Mágica de Madrid sin victorias en su zurrón, por lo que jugar un torneo la semana anterior se presentaba como algo obligado.

El ATP 250 de Oeiras fue el escogido por David. Solicitó una Wild Card que por supuesto le fue concedida de inmediato. Una vez en el cuadro, al estar exento de la primera ronda debido a su alto ranking, el partido de debut se presentó como un test muy complicado. El francés Edouard Roger-Vasselin como rival y tres duros sets han sido una buena piedra de toque para el alicantino. La victoria ha vuelto. A partir de ahora, debe ir a más en cada partido. El objetivo debe ser llegar bien a Roland Garrós y afianzar la cuarta plaza del ranking ATP. Madrid y Roma serán dos pruebas de fuego para ver si el nivel de Ferrer es el mismo que el que exhibió la pasada temporada.

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