Nicolás Almagro ante su gran semana en Barcelona

El tenista murciano se encuentra ante el reto de volver a enamorar al público del Godó

La tierra batida es el territorio de Nicolás Almagro. A sus 27 años, el número doce del mundo afronta una temporada clave en su carrera deportiva. Instalando en las inmediaciones del top-ten, tras estar a solo dos puntos de las semifinales del Open de Australia, no ha conseguido recuperar el nivel exhibido en Melbourne Park, y a estas alturas del curso no cuenta con ningún título ATP en sus vitrinas. Sin embargo, no es momento para lamentarse porque esta semana se presenta una gran oportunidad en el Trofeo Conde de Godó. En Barcelona, donde ha sido semifinalista en dos ocasiones, debe luchar por el título.

Día de Sant Jordi. Barcelona es una fiesta. Entre libros y rosas. Día primaveral, perfecto para que el público disfrute con el tenis y con los jugadores presentes en todo un ATP 500. Entre ellos se encuentra Nicolás Almagro, que saltará a escena hoy por primera vez para jugar su partido de dobles junto a Nenad Zimonjic, reciente ganador del Masters 1000 de Montecarlo. Nico es, desde hace unos años, y por derecho propio, uno de los favoritos a la victoria final en el Barcelona Open Banc Sabadell. Este año, en la que será su décima participación en el evento, parte como cuarto cabeza de serie.

El idilio de Almagro con la Ciudad Condal viene de largo y se inició hace ya siete años. En la temporada 2006, el tenista murciano se destapó como un gran jugador de tierra batida. Empieza el curso fuera de los cien mejores, pero las semifinales alcanzadas en Acapulco le hacen meterse de lleno en el top-100. Una semana antes del inicio del entonces Open Seat Godó, logra en Valencia su primera corona ATP. Lo hace demostrando garra, carácter y un tenis potente y descarado que desarbola a jugadores como Juan Carlos Ferrero o Marat Safin. La violencia de su saque y su derecha terminan por sorprender a todos.

Con esas credenciales se presentó en esa edición Almagro. Sin hacer mucho ruido fue avanzando rondas. Primero cayeron Pavel y Monfils, jugadores aguerridos sobre arcilla. En octavos de final el reto superado fue mayor, ya que Nicolás se deshizo de Guillermo Coria, todo un top-ten. En cuartos de final, volvió a ganarle la partida a Juan Carlos Ferrero, uno de los hombres que forman parte a día de hoy de su equipo de trabajo haciendo las veces de entrenador de forma ocasional. En semifinales acabó su participación, no sin antes dar guerra a un Rafael Nadal que ganaría al día siguiente su segundo título en Barcelona. Una de las grandes ciudades de Europa se enamoró del revés de este murciano que entonces contaba con solo veinte años de edad.

La progresión del ahora pupilo de Samuel López fue creciendo temporada a temporada. Siempre que llegaba el mes de abril, Almagro siempre estaba entre las quinielas de los posibles ganadores en Barcelona. Obviamente, Nadal era el favorito indiscutible y acabaría levantando el trofeo año a año, pero se contaba con que el murciano llegase a los cruces finales en las diferentes ediciones, sobre todo debido a su gran rendimiento en la arcilla latinoamericana, pero desgraciadamente nunca fue así, y en la mayoría de ediciones acababa cayendo antes de lo esperado.

En 2008 se le presentó una bonita oportunidad de cruzarse en semifinales con Rafael Nadal, su verdugo dos años antes, pero cayó en cuartos de final ante Denis Gremelmayr, una derrota que dolió mucho ya que el jugador alemán era un tenista bastante desconocido y nadie esperaba que el murciase perdiese ante un rival menor. Los resultados en Barcelona no mejoraron hasta 2011. En ese curso, Almagro se encontraba a solo dos partidos de entrar por primera vez en su carrera en el top-ten. Andújar y Davydenko cayeron, y Nico pasó a formar parte de un selecto club al que solo pertenecen los diez mejores jugadores del mundo. En cuartos, ya sin presión, ganó a un voluntarioso Ferrero, que volvía al circuito por enésima vez tras haber estado lastrado por problemas físicos, y en semifinales quizá pecó de conformismo ante un Ferrer obsesionado con añadir en sus vitrinas el Trofeo Conde de Godó.

El pasado curso cayó ante Raonic en el segundo partido, lastrado por unos problemas físicos, pero este año ya no hay excusas. A estas alturas de temporada, la cosecha no es buena. Solo una final ATP, en la tierra de Houston, y un balance de 18-8 en victorias-derrotas que solo mejora los brillantes cuartos de final alcanzados en el Open de Australia. Barcelona parece un buen lugar para redimirse. Para hacerse con el título es muy probable que deba derrotar a su némesis, David Ferrer en semifinales, y luego a Nadal en la final. Nico ya ha demostrado que por tenis puede vencerles, ahora le falta creérselo, que su mente deje de estrellarse una y otra vez contra el mismo muro. Pero no hay que precipitarse. Lo primero es el debut. Mañana se estrena ante Ivan Dodig. Puede ser el inicio de la gran semana de Almagro.

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