El enorme enfado de Gulbis en Montecarlo

Ernests perdió los papeles de forma continuada en su adiós al torneo monegasco

Ernests Gulbis fue presa de un enfado monumental durante el partido de segunda ronda en el Masters 1000 de Montecarlo que le enfrentaba al argentino Juan Mónaco. Raquetas destrozadas, pelotas pateadas, conversaciones de evidente frustración consigo mismo, intercambio de pareceres con su oponente,... Un conjunto de desafortunadas actitudes que terminaron por socavar cualquier opción de mantenerse con vida en el evento monegasco.

Sobre la arcilla de Roquebrune, un ciclón temperamental. El mismo jugador que había logrado sellar 16 de sus últimos 17 partidos con victoria, el mismo que se ha marcado el top20 como objetivo de la temporada o el mismo que hizo propósito de enmienda sobre sus hábitos de trabajo buscando su mayor potencial deportivo volvió a encontrarse con uno de sus enemigos más antiguos: un volcánico carácter en pista. Un espíritu indomable.

Hasta en tres ocasiones fue llamado al orden el controvertido tenista letón por el juez de silla del encuentro: el marroquí Mohammed El Jennaty. La primera de todas ellas tuvo que ver con el arrebato sufrido al inicio del segundo set. Camino de entregar el octavo juego consecutivo en el partido, Gulbis procedió a destrozar su primera raqueta. Con ese estilo del que ha presumido en alguna ocasión: partiéndola sin necesitar más que un golpe.

A pesar del revolcón emocional atravesado, o quizá por estar acostumbrado a navegar en aguas bravas, el europeo consiguió domar la segunda manga y llevar el pulso a un parcial decisivo. Sin embargo, lejos de templar los ánimos y centrar sus esfuerzos en dar un último empujón en el partido, su interior volvió a hacerse más fuerte que su exterior, dando paso a nuevos episodios iracundos.

En el primer juego al saque del tercer set, tras dejar una volea de cómoda ejecución en la red, Ernests decidió patear la bola. La acción dejó estupefacto al recogepelotas que andaba a su lado presto para recoger la esfera, generó los silbidos de la grada y un debate interno del propio Gulbis maldiciendo su propio destino. Segundo aviso para el letón por violación de código de conducta.

La guinda del pastel no tardó en llegar. Apenas dos puntos después, Gulbis entregaría el servicio. Una rotura que terminaría por carcomer los nervios del báltico quien, pese a acumular un par de sanciones previas, no tuvo reparos en destrozar una segunda raqueta y dejarla tirada junto a la red. Esta vez, nada menos que contra la silla del juez árbitro. Una acción que le supuso una tercera penalización y la pérdida de un juego como sanción.

Acto seguido, Ernests recibió el abucheo general de la grada mientras se enfurruñaba en su banquillo, llegando a tirar con desprecio sus muñequeras. Incluso Mónaco llegó a dirigirle unas palabras llamando a la calma mientras el letón intercambiaba opiniones con el juez de silla. "¿Qué debo hacer para que me des el partido por perdido?" llegó a expresar.

Un día para olvidar en la carrera del letón.

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