Nadal: "Mi último partido, contra Federer"

Si tuviera que elegir un rival para su último partido, optaría por el helvético

Rafael Nadal se encuentra en Montecarlo ultimando la preparación para competir en el primer Masters 1000 sobre arcilla de la temporada 2013. Antes de lanzarse al albero monegasco, el mallorquín atendió a la agencia DPA para hacer balance de lo vivido en los últimos meses y apuntar a otras inquietudes que rodean su vida más allá del tenis.

Aprovechando el cautiverio deportivo al que se vio arrojado por la rotura parcial del tendón rotuliano y la hoffitis sufrida en su rodilla izquierda, el manacorí distrajo la cabeza con diferentes aficiones, como el golf y el póker. "Fueron las únicas dos cosas en las que pude competir estos meses realmente, el golf y el póker. Soy una persona competitiva, me gusta el deporte, y en todo este tiempo no pude practicar deporte de movimientos".

Necesidad de actividad, sentirse vivo, son requisitos que precisa el actual número 5 del mundo cuando se ve alejado del ritmo de competición. "Yo soy una persona muy activa. Odio tirarme en el sofá a ver televisión", comentó a DPA.

Pese a haber disfrutado de la permanencia en el hogar como hacía años que su profesión le impedía, el manacorí siente que la experiencia no fue del todo plena. Al fin y al cabo, el cuerpo entre algodones pero la mente permanecía en competición. "He sido feliz, no todo lo feliz que podría ser el día que deje de jugar algún día, por la simple razón de que pese a que estaba rodeado por la gente que quiero y me quiere, la cabeza siempre estaba en volver a jugar al tenis y volver a competir", indicó Nadal.

Esa atención mental hacia la competición le impedía llegar a un estado de calma total. "Uno no puede estar relajado del todo, porque lo que uno quiere es jugar a tenis, y no puede". Distraer la mente con distintas aficiones, un bálsamo para el balear. "He aprendido a jugar al póker. No entendía el juego, y ahora que lo entiendo veo que es divertido, competitivo. Hay que tener autocontrol, medir los momentos en los que uno puede atacar y defender" argumentaba Rafa.

Ningún tenista en activo que no lleve su nombre sabe los que es ganar en Montecarlo. Firma 44 triunfos en sus 45 partidos disputados sobre el evento de arcilla que baña el mediterráneo. Busca convertirse en el primer jugador que gana nueve veces el mismo torneo en la Era Abierta. Pese a todo ello, el balear, que llega llega con el impulso de ganar Indian Wells y 14 victorias al hilo no se considera el principal candidato a ganar en Roquebrune. "Sé que es difícil de entender, pero no se puede ganar siempre. En la vida y el deporte nada es para siempre".


Otra actividad de escape la encuentra en el golf. Una pasión que a menudo encuentra espacio en su agenda, a pesar de que el mallorquín considera inviable alcanzar el profesionalismo una vez termina su trayectoria como tenista. "No, no me siento tan bueno. Si alguien de 18 años viene y me dice que quiere ser tenista profesional, le diré que lo intente, pero que no lo va a lograr. A los 27, 31, 32 ó 33, cuando termine mi carrera, no voy a tener la oportunidad de ser un golfista profesional. Mejoraré mi handicap, pero para ser profesional tienes que empezar de niño" argumentó a DPA el español.

Respecto a la actividad puramente tenística, volvió a expresar cierto escepticismo respecto a la articulación que le envió a la baja deportiva más dilatada de su carrera. A pesar de haber notado mejoras en competición durante el periplo americano, llegando a jugar sin excesivo dolor en sus propias palabras, se mostró cauto respecto a la llegada de un horizonte de condiciones plenas. "El único miedo que tengo es saber cuándo voy a sentir que la rodilla está completamente fuerte al cien por cien".

Unas dudas insertadas más en la confianza personal que en el propio juego. Un camino de fortalecimiento mental construido a partir de un tembloroso arranque en Viña del Mar. "En el primer torneo llegas y ves que no estás cómo estabas... (Sientes) miedo, decepción, inseguridad. Todas esas cosas", indicó. Cambiar el chip mental, por tanto, indispensable. "Tengo que pensar en positivo, no puedo pensar que en siete meses se me ha olvidado de jugar al tenis", comentó antes de debutar el miércoles en Montecarlo.

Finalmente, cuestionado sobre cuál sería el oponente perfecto para el último partido de su vida, el balear apunta certero a la historia. "Me gustaría jugar con tantos, tantos grandes campeones que hubo a lo largo de la historia... Pero por todo lo que he vivivido contra él, yo jugaría con Federer".

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