Alexander Dolgopolov: El artista irregular

El ucraniano Alexander Dolgopolov desaprovechó una ventaja muy clara antes de caer ante Juan Martín Del Potro en Montecarlo

Alexander Dolgopolov, el mejor jugador de Ucrania, es un tipo irregular. Anárquico hasta la saciedad, en el día de hoy le hemos visto mostrando su mejor faceta y también la peor. Arrinconando al mismísimo Juan Martín Del Potro desde el fondo de pista, estuvo a apenas a juego y medio de la victoria, pero finalmente su irregularidad le acabó traicionando y fue el argentino el que pasó a los octavos de final del tercer Masters 1000 del año.

La bola de Dolgopolov se va más allá del pasillo de dobles y el ucraniano sonríe irónicamente. Dos minutos antes se encontraba con una ventaja de 6-1, 4-3 y 30-0 en el servicio, y desde ese momento ha perdido cuatro puntos consecutivos. Todo ha cambiado. Entre medias, ‘The Dog’, que es como llaman a la mejor raqueta de su país, no ha conseguido poner en juego ningún primer servicio. Su irregularidad se pone de manifiesto desde el primer golpe. Ha despertado a todo un campeón como Del Potro. El tandilense, casi en la lona, no esperaba este regalo, que no obstante, no tardará en aprovechar.

Alexander es una rara avis en el circuito. Su padre, del mismo nombre, fue entrenador de Andrei Medvedev durante varias temporadas y el pequeño rubito viajó durante su niñez por el entorno que rodeaba a un tenista profesional. Desde su más tierna infancia, se vio en él algo que le diferencia de los demás. Con un carácter muy extrovertido y una forma de jugar bastante peculiar, Dolgopolov decidió dar el salto al profesionalismo, donde iba a pagar muy cara su irregularidad.

Durante años el oriundo de Kiev estuvo vagando por torneos menores, pero en 2010 le pudimos ver irrumpir por fin entre los cien mejores. ¿Quién era ese tenista de aspecto femenino que empezaba a aparecer por los torneos ATP? Pues ese era Dolgopolov. Con 21 años, y ataviado a menudo por una diadema, o en otras ocasiones con una melena que envidiarían los Roddick, Ljubicic y demás tenistas que sufren alopecia, se presentaba en pista el jugador soviético, que sorprendió, primero en el Challenger Tour y luego en los mejores eventos del mundo.

En primer lugar destacó su servicio. Era muy irregular, ya que en muchos partidos no superaba ni el 40% de primeros servicios, pero al sacar con los pies juntos le dotaba a su saque de una imprevisibilidad que hacía muy difícil al oponente ver la trayectoria del golpe. Su derecha también empezaba a causar sensación. Era liftada hasta la extenuación parecía un látigo. Hasta jugando muy plano le daba ese efecto endiablado tan característico que le convertía en su mejor tiro. El revés acompañaba, siendo el cruzado su mayor arma, pero solía ser un arma menor.

Hasta su llegada al circuito el recurso de la dejada estaba muriendo poco a poco. Solo un Djokovic en sus inicios, quizá más por desesperación que por gusto, o algunos veteranos como Melzer solían hacer dejadas a menudo. Sin embargo, Dolgopolov era rodo un maestro maestro ejecutando ese golpe que dejaba la bola muerta en el campo del rival. De hecho, a menudo se convertiría en un arma de doble filo, pero es de los pocos tenistas que son capaces de ejecutar con precisión ese golpe estando en el fondo de pista, con la dificultad de cálculo que supone.

En el día de hoy, vimos toda su gama de golpes. Durante varios minutos, tuvo a Juan Martín Del Potro maniatado en el fondo de la pista, sin saber qué hacer. Tiene tantos recuersos el ucraniano, que en ocasiones parece que todos sus tiros quieren tener su pizca de protagonismo. Eso le hace caer en la irregularidad, lo que normalmente le acaba condenando. A Dolgopolov el tenis le divierte y aunque quiere mejorar y entrar en el top-ten, no parece que la vida le vaya en ello. Se lo pasa bien, aunque pierda. Seguirá luchando por tener su gran momento, pero lamentablemente, no lo tendrá en esta edición del torneo de Montecarlo.

Comentarios recientes